¡NO SEAS IGUAL QUE TU MAMÁ!.- Celia Alvarado

¡NO SEAS IGUAL QUE TU MAMÁ!

Celia Alvarado

Para mi y mis hermanos fue una gran alegría que papá regresara a casa, sólo que siempre estaba peleando con mamá y, lo que fue bonito por su regreso, se convirtió en temor, en miedo. El escuchar cómo peleaban era terrible, gritaban demasiado, se ofendían con tanta crueldad, con palabras muy fuertes, era insoportable la relación, la convivencia era casi imposible. Para mi madre era muy difícil perdonar todo lo que papá le había hecho.

Cuando el mayor de mis hermanos tenía tan solo año y medio y el otro de seis meses de edad, muy pequeños en realidad ¡unos bebes!, mi padre se fue de casa con la ilusión de cumplir el sueño americano, “Los Estados Unidos”, la solución a todos sus problemas. Este sueño le duró doce años, tiempo en el cual durante los dos primeros hubo comunicación y él envió de un poco de dinero. Después, sin explicación alguna, se perdió todo el contacto, mi madre sabía de él porque mi abuela lo visitaba cada que podía y hasta vivió muy buen tiempo con él y con la otra familia que formó en ese lugar: “Los Ángeles, California”. En dicha relación procreó tres hijos, que hasta la fecha no conozco ni sé cómo se llaman, cosa que he evitado por que uno de mis hermanos sí los conoce pero le saco la vuelta al tema. Esta historia la sé por que mi madre cada que tiene oportunidad me la platica, tanto que a la fecha he perdido el número de veces que la he escuchado.

Cuando esto sucede se vuelve predecible: ¡ya sé palabra por palabra! Al decírmelas, advierto en su voz y acento cierto rencor porque no ha podido olvidar el engaño y la traición de mi padre y hasta el abandono en que por muchos años la dejó, mucho menos perdona (cosa que no admite cuando se le pregunta). Es por esto que tengo la teoría de que la mayoría de las mujeres que tienen problemas en su matrimonio, o en cualquier otro tramo de su vida, que suelen decir “te perdono pero no olvido”, en realidad es ilógico e inconcebible !que les pasa! Si perdonas es por que olvidas y si no, es que no perdonaste, nunca lo hiciste. Por supuesto que mi madre desearía desaparecerme del mapa cuando se lo digo. ¡Cómo me gustaría hacerle entender que toda la vida ha vivido con ese fantasma, que jamás la dejará ser completamente feliz.

Lo que mamá nunca le perdonó a mi padre, es que por cumplir su “sueño americano” se fue por “sólo seis meses” y esos meses se convirtieron en 12 años Toda una vida viviendo del coraje, del rencor o del dolor que le provocó la persona que la protegería y cuidaría hasta que la muerte los separara y, lo peor, dos seres inocentes e indefensos que todo ese tiempo crecieron sin el amor de padre, viendo a su mamá lavando ropa ajena para sacarlos adelante…Y que un día, de buenas a primeras, regrese buscando mujer e hijos ¡como si no hubiera pasado nada!

Siempre he pensado que yo, Mayela, me he forjado un carácter fuerte y soy una mujer independiente porque mi muñeca de trapo me dice !no seas igual que tú mamá! No cometas los mismos errores… Nunca me he explicado por qué después de tanto tiempo que la dejó mi padre, lo volvió a recibir y se volvió una mujer dependiente de él, sin saber cómo dar un paso sola.

Este carácter fuerte e independiente que he tenido y, que espero nunca cambiarlo, ha tenido sus consecuencias. ¿Como cuáles? ¡Eres la única mujer y la que hace lo que le pega la gana, cosa que no hacen tus hermanos! Cuando se trató de entrar a la preparatoria la respuesta fue un rotundo “no”. ¿Por qué? Las mujeres son para su casa… ¿Quién le va ayudar a tú mamá? Por lo que lloré, grité hasta que conseguí que mi papá dijera “estudias una carrera corta o nada”. Al escuchar esto, ni tarde ni perezosa acepté, entré a estudiar la carrera de secretaría ejecutiva, no me agradaba tanto, pero por lo menos me lo habían permitido.

Esto fue por parte de mis padres. Y por parte de mis tías maternas, ya que los paternos son más light y no se meten, los comentarios eran “Mayela no quiere a su mamá, anda todo el día fuera de la casa, hasta me llegaron a decir que parecía un hombrecito porque como estudiaba, no sabía de las labores del hogar y propias de la mujer”.

Llegó el momento de graduarme y de realizar el servicio social, el cual lo realicé para el gobierno municipal de Guadalajara, Jalisco, mi ciudad natal y al paso de un mes, me buscaron para que trabajara en ese mismo lugar. Aparece otro problema provocado porque en casa yo era la única mujer, ¿cómo iba a trabajar? Armándome de valor acepté, motivo por el cual mi padre no me dirigió la palabra durante un poco más de un mes. Gracias a ese coraje y valor, ahora tengo una carrera Universitaria, la cual logre con el fruto del trabajo como secretaria. Así, el panorama y los comentarios son muy diferentes, pues de alguna manera soy quien que más aporta económicamente al hogar y ahora comentan que soy “el orgullo de la familia”.

De mis hermanos, a pesar del apoyo que les brindaron, ninguno quiso estudiar nada, sólo terminaron la primaría.

Ahora puedo decir que me siento muy bien con lo que logré, sin importarme comentarios o regaños y sé que no ha sido en vano, y tengo la confianza de seguir adelante y lograr más cosas en mi carrera profesional y como persona.

Espero que mi historia ayude un poco para no dejarnos vencer por adversidades. Si nos lo proponemos podemos llegar a lograr nuestras metas. Esta noche, al apagar la luz, abrazaré en mis sueños a mi acicate y confidente, mi muñeca de trapo, como lo hago siempre.

ANGELIQUE LE BOURSIER.- Ana Jiménez.

ANGELIQUE LE BOURSIER

Ana Jiménez

¿Quién chupaba mi sangre, mi fuerza y mi energía? ¿Qué dejaba en mí cada vez que aparecía?

Me seducía y me llevaba a su mundo, me conocía muy bien, no sentía temor caminar en sus espinas, me enamoraba, sabía cómo hacerlo, no me halagaba, humedecía mi ser con sólo respirar cerca de mi. Me atrapó una noche con sus negras alas robando mi respiración para siempre, sus gemidos, sus sonidos me ataban, me llevó a su cueva con olor dulce amargo y me perdía en sus paredes escurridizas y rugosas. Respiro aún su olor de mandarina, qué deliciosos gajos probé de su fruto y recuerdo un escalofrío en mi cerebro. Me dejó también dos orificios en mi cuello y esa sensación de angustia, pues había chupado toda mi energía.

Qué delicia es dejarse llevar en un encuentro, pensaba yo cada vez que recordaba esa noche oscura.

Un día ya muy tarde, salí por mi balcón deseaba verle cada noche, cerrando mis ojos esperaba que apareciera detrás de mi. No siempre sucedía, pero qué delicia hacer lo que queremos con nuestra vida, permitirnos disfrutar lo que nos gusta y dejar a un lado esa parte oscura que no te deja avanzar por las falsas creencias que adoptamos y no nos dejan ser quien queremos ser. ¡Me gusta la seducción pues la disfruto. Me encanta y la vivo! Y qué importa si me dicen loca, qué importa… Y aunque muy dentro de nosotros sabemos qué es lo que queremos lograr, él chupa sangre que habita dentro de nosotros, esa voz que no deja que seamos honestos y que en plena tormenta no permite que veamos la luz. Es solamente una sombra y esta conmigo: Angelique le Boursier.

Muchas lunas y un eclipse pasé con ella, hasta que un día no llegó, no sabía qué pasó, qué pudo suceder si no había algún motivo que le hiciera irse y no volver. ¿Qué es lo que sucedía? No sabía.

Pasaron siete días ¡y nada! Ninguna señal, yo angustiada me hacía preguntas asumiendo qué pudo suceder, tal vez celosa de mi o ¿que pasó? No lo sé.

Un día por fin decidí ir en busca de ella. ¿En dónde encontrarle? Angelique le Boursier era extraña, misteriosa. Recordé que alguna vez me dijo: a las 11:11 PM voy en busca de mis víctimas.

Caminé y caminé para que esta vez no dejara en otro encuentro su secreto de juventud. ¿Una víctima más? ¿Por qué una más? Regresé sin encontrarle, sentía mucha ansiedad, me rendí, me dormí.

Esa misma noche apareció en mi casa, vio la luz encendida, se asomó y entre los cristales Angelique le Boursier me vio y no dijo nada. Quizá pensó que alguien estaba conmigo, era una almohada que abracé para no dormir sola, yo dormía profundamente. Angelique se fue…

En la madrugada me despertó el sonido de mí teléfono, era Angelique, no me permitió ni tan siquiera decir hola, sólo me dijo:

Te vi muy guapa, te embellece estar acompañada, qué suerte la mía el verte con alguien, sólo te pinté con el viento y te toqué sin tocar, sintiendo por dentro el estómago revuelto y mi cabeza a punto de estallar. Al verte con alguien desistí y salí inmediatamente de ahí. No quería escuchar el sonido de tu risa o, sin querer, ver cómo te hacía suya. Además estaba por amanecer y me volvería ceniza. Te recuerdo, soy una vampiresa y, no podía ver la luz de ese amanecer. Esta vez… ¿me marcharé para siempre, o de una vez me convierto en polvo?

Sentí y resistí a mis colmillos que se afilaban, era tanto el deseo por estar contigo que mejor me fui, esta vez mis alas serían polvo si me dejaba llevar por ese sentimiento. Este es el final de mi historia, decidí alejarme antes de que despertaras y con la luz de la mañana dejé que mi sombra se marchara para siempre y que sus alas no sean polvo, ni ceniza su alma.

-Angelique –le dije— espera.

-Calla –me dijo– esta vez no digas nada. Y continuó:

Corrí, volé, me alejé y no dejo de pensar en qué es lo que quiero. ¿Por qué mi alma muestra sus heridas? ¿Qué tengo que aprender de todo esto? Me preguntaba una y otra vez.

Dejaré y soltaré, seguiré por este oscuro camino que he elegido. Vivir en tinieblas, eso es lo que yo decidí.

Es realidad esta energía, es muy grande, su olor no me dejaba tranquila -me decía una y una vez más. Es como tener memorias pasadas y ya te conocía y sin decirte nada, solo te habló mi corazón. Tomaré lo mejor de ti para permitirme ver que fue un encuentro esta vez.

Es así como me alejé y entendí que no todo lo que quiero es lo que tengo que tener, el ir sembrando y verte florecer, no necesariamente eres para mí aun poniendo la semilla.

Angelique, le dije: no estaba con alguien, era mi almohada, ¿por qué te dejas llevar por la ira, porque no tocaste mi alma? Yo esperaba con ansia tu aliento, ven por mí esta vez, no dejes que tu coraje destruya esto, no juzgues sin saber la verdad ¡pregunta! No asumas a una verdad que solo esta en tu cabeza, no siempre lo que uno cree es lo que es, ven Angelique ven por mi.

-En luna llena –me dijo– espérame dos días.

El deseo se agudizaba para mi y en luna llena, como me dijo, apareció Angelique le Boursier en mi habitación.

Colocó una silla y me sentó. Aún no se que fue lo que paralizó mi ser. Ese día me dijo: Esta vez no será así. Hoy tus labios rojos y tu aroma de mujer me guiaran, resolverán cuantas preguntas que no tenían respuestas, no me resistiré a tus encantos, sólo quiero ver las manchas de tu piel que son mi debilidad, déjame sentir tus manos heladas en mi cráneo, déjame sentir tus movimientos, ver tu risa, tus labios de mariposa y contemplar tus ojos color miel que es lo que endulza y calma mi sed.

Yo solo me dejé guiar. Me tomó entre sus brazos, me anestesió con una dosis de locura y me dejó agotada desde los pies a la cabeza. Vi los mismos colores que veo cuando estoy en la cima, ese rojo que aparece y desvanece a rosa, acaricié su espalda, toqué su vientre, me durmió y esta vez no desapareció y en la mañana me abrazó y me dijo:

No volveré a resistir, es mejor arrepentirse de lo que hago y no de lo que no hago. Los días que desaparecí, me quería alejar de ti, busqué una estaca de madera y quería morir, tenía muchos amigos pero a la vez ninguno. Sentí y creí que todos estaban en contra de mí y era sólo yo quien me estaba martirizando con palabras que me dañaban. Era yo quien me dañaba, nadie más podía haberme hecho mas daño que yo, los pensamientos me atormentaban y era yo, sólo yo quien envenenaba mi cerebro y no quería vivir. Buscaba señales en los en letreros y un día entré a un templo. Me dije, lo primero que piense eso es lo que voy a hacer esa será mi señal. El sacerdote me vio y me dijo: Bienvenido, esta es tú casa, hoy mueres y las puertas del cielo te esperan. Y entonces dije, esa es la señal, desde hoy morirá la persona que no quiero ser, tengo que encontrarle el regalo a esta sombra y es por eso que regresé por ti, soy otra me siento diferente ¿quieres vivir en tinieblas conmigo? Quiero crecer contigo, te voy a regalar el secreto de mi juventud y a mis creencias falsas que me paralizaron, no volveré a darles poder. Tenemos muchos años luz, vivámoslos a nuestra manera y ayudando a quienes aún no encuentran el regalo en su sombra.

AISHA, 15 AÑOS DESPUÉS.- Irasema Ramírez Infante

AISHA, 15 AÑOS DESPUÉS

Irasema Ramírez Infante

El borde de la locura no es más que una fina línea que divide lo real de la fantasía, pero ¿quién no desea vivir en ese instante de felicidad?, ¿quién no rompería este delgado límite, por tan solo vivir una vez más aquello que guardamos en nuestros corazones con tanto recelo de no perderlo nunca en el camino de la vida?

Han pasado ya 15 años desde mi último suspiro de lucidez, con el tiempo mis padres han dejado de venir y estoy a punto de darme de alta, pero ¿qué me depara el destino?, ¿en realidad ya soy lo suficientemente capaz, como para salir? En realidad, caminaré por un mundo que hace tanto que no veo, qué tristeza es saber que con el paso de los años, mis bosques encantados, mis lugares mágicos desaparecieron y ahora a los 33 años me presentarán el mundo cruel al que pertenezco. Me darán de alta esta misma tarde…

Camino por los pasillos amarillentos de la clínica, hacia la salida, todo pareciera ser un sueño, tantas paredes oscuras quedarán atrás ¡mis brazos son libres! Al llegar a la entrada, un olor impresionante quebró a mi nariz, haciéndome estornudar incontrolablemente, es muy vago el recuerdo de ese olor, así que volteé hacia la calle y era un camión bastante viejo, que echaba humo por todas partes, di un paso adelante y el viento tocó mi mejilla, vaya esa sensación de que mi pelo vuele con el aire, parecía recorrerme todo el cuerpo como cuando fui pequeña. Vi diferente la luz del sol, los edificios estaban muy descuidados, por la calle pasaban carros incesantes, uno tras de otro, estaba tan maravillada de sentirme libre, que pedí a mi madre –quien me había recogido en la clínica– que fuéramos a casa caminando. Ella me vio fijamente a los ojos, como dudando de que tan cuerda estuviera. Caminamos en silencio por la acera y entonces comenzó la plática:

-¿Cómo te sientes?

- Bien, sólo que quisiera saber la verdadera razón por la que estuve ahí por tantos años, me cuesta tanto recordar, yo recuerdo que me gustaban los días fríos como hoy, recuerdo lo que pensaba y lo que me dolía, incluso puedo recordar que quería morir, pero ¿qué pasó? ¿por qué me trajiste hasta este lugar donde no crecí como cualquier otra niña, qué es lo que hacía?

-¿Qué crees que sea mejor para ti?, recordar un dolor intenso y tormentoso, o simplemente no recordar nada, yo preferiría que no lo recordaras…

- Está bien.

Caminamos otro par de cuadras, y ahí estaba esa casa, sentí como se heló mi cuerpo, los recuerdos vinieron a mí y me entró un pánico impresionante, las manos me sudaban y seguramente me puse pálida. Mis pasos eran temerosos e imprecisos, aunque no reconocí algunas partes de la casa, sabía que era ahí donde había crecido parte de mi vida, la pintura estaba cuarteada y descuidada. Entonces fue cuando vi salir a una chica de la puerta, tan linda, su piel era pálida y opaca, sus labios tenían la forma perfecta, rojos, tan intensos que su sonrisa era la mas hermosa, no la reconocí hasta que me llamó hermana, qué interesante apenas ella tendría exactamente unos 16 años, ya casi no la reconocía, ¡no podía creerlo!, me recibió con recelo, aunque no parecía odiarme.

Me mostraron mi habitación estaba en el último piso de la casa y era una casa para mi sola, estaba completamente equipada como para que yo no tuviera que entrar en la casa de abajo. Estaba pintada de colores muy tenues y tenía muebles pequeños y rústicos, entonces me asomé por la ventana, estaba ahí una cara conocida, pero no la distinguía bien, me sonreía profundamente como si me hubiera esperado toda una vida. Bajé con la curiosidad de saber quién me veía desde la calle y cuando llegué a la puerta lo vi. Los años no habían escondido ese rostro, de mi mejor y único amigo, aquel que siempre me había cuidado y defendido, entonces me vio y rápidamente corrió hacia a mi, me tomó por la cintura y comenzó a sonreír y llorar diciendo el gusto le daba verme. En realidad yo sentía lo mismo pero no encontraba la forma de expresárselo con esa euforia que el me mostraba. Siempre fue mi amor imposible, el hombre más maravilloso de todos que, con todo lo distinta que era, siempre me había cuidado y acompañado a donde yo quisiera. Entonces, por fin le pregunté:

-¿Por qué nunca me visitaste?, eras lo único que me hacía sonreír en aquella época.

Su rostro se ensombreció y contesto muy quedito:

-Fui muchas veces, sólo que nunca me reconociste, decías que no conocías a nadie, que te dejaran en paz, y aparte tu madre me lo prohibió rotundamente. Me dijo que no era nada tuyo para irte a visitar, que me buscara a alguien normal, pero véme, he estudiado por ti y para ti, esperando pasen cada segundo de estos 15 año, para volverte a ver, y abrazarte con tantas fuerzas, decirte lo que nunca tuve el valor de decir, que te amo, para comprarte la flor mas hermosa del mundo y leerte los versos mas románticos. Mira te traje una carta.

AISHA: He esperado tantos años que ya no recuerdo, cuándo fue el último día que te vi, no recuerdo por qué te fuiste, pero en estos años he esperado tu regreso, día con día, segundo con segundo y escribiendo versos y mas versos para que nunca me falte algo con que conquistarte y hacerte volar a lo más alto que hayas conocido.

Déjame cuidarte cada día, déjame abrazarte cada instante de tu existencia, déjame besar esos labios carmesí que me vuelven loco. Déjame ser tan solo tu suspiro…
Atte. Tpdcdh

Al terminar de leerla, mi corazón palpitaba rápidamente y no podía detenerse. Decidí acercarme a él tanto, que mis manos sudaban, tenía miedo y los recuerdos comenzaron a pasar por mi mente, tenía miedo de que me hiciera algo, pero cuando mis labios rosaron los suyos, un cosquilleo en mi estómago se hizo intenso llenándome de una paz absoluta, deseaba que jamás acabar aquel abrazo, que no se despegara de mi, pero fue inútil, mi atolondrada madre llegó corriendo histérica de la sorpresa, diciéndome que no tenía permiso de salir con nadie. Lo mire y supe que por amor, él me visitaría cuantas veces fuese necesario.

Todos los días subía por un árbol gigantesco que había junto a mi casa, para entrar sigilosamente por mi ventana. Platicaba conmigo, me escuchaba cuanto le contaba, sobre todo lo que había pasado y a momentos el deseo nos inundaba y nos besábamos. El, ante todo, me respetaba a mi y a mis limites infinitamente, por nada del mundo deseaba que yo le tuviera miedo, pero con el paso de los días, sus manos se quedaban exactamente en el mismo lugar y yo me sentía con ganas de que me abrazara. Cierta vez tomé su mano y la puse en mi pecho, su cara de sorpresa fue enorme y se fue desvaneciendo a mis besos.

Cada mañana dejaba una rosa frente a mi puerta, yo me imaginaba cada día más cerca del altar jurando amor eterno, me trataba como a una princesa de cuento. Yo ya imaginaba mi largo vestido blanco, dibujando la forma de mi cuerpo, en la puerta del templo, aspirando ese olor húmedo, sintiendo ese frío que dan los techos altos, el olor a merengue del enorme pastel y el latir de mi corazón saltando de felicidad por tenerlo para siempre. Imaginaba la misa, he incluso añoraba estar embarazada de él. Pasaron los meses rápidamente y él me pidió que viviéramos juntos, ni siquiera lo pensé sólo fue un sí. El adoraba todo lo que yo hacía, acepté rápidamente, era como vivir el sueño de mi vida. Al poco tiempo, había quedado embarazada y nos casaríamos en un par de meses, todo estaba listo el vestido la fiesta, todo. Y simplemente un día el destino me lo arrebato. La vida es un juego interesante, descubrí que dos segundos son esenciales para la vida, dos segundos, el momento equivocado y el lugar equivocado, le hicieron caer ante una bala perdida, dejando su cuerpo totalmente inerte. Mi bebé, mi vida, mis sueños tan sólo desaparecieron como una cortina de humo.

Ahora soñaré y únicamente en mi imaginación tendré sus besos, sus caricias, su voz y mi vida entera. Gracias a eso, ahora estoy en la misma habitación donde empecé, sólo que ahora vivo de mis recuerdos.

EL GRAN SALTO.- Syd Angliat

EL GRAN SALTO

Syd Angliat

Me felicito y me reconozco.

Hoy aquí en la cima de la Torre Eiffel, después de una revolución en mi vida, puedo decir que me siento feliz y satisfecha, creo que cada una de las decisiones que he tomado me han hecho lo que soy hoy.

¿Quién lo iba a pensar después de ser esa chica sumisa e insegura, que por miedo no ponía límites, no decía que no y mucho menos se atrevía a pedir lo que deseaba? Hoy acabo de escalar uno de los íconos de París, mi sueño de antaño: el de visitar la Ciudad Luz y vagar por sus calles sin preocupación alguna, reconociendo en su gente a un ser humano igual a mi y maravillándome con las obras de arte del Louvre, se ha visto superado, pues no solo lo he recorrido París y Francia toda, catando sus famosos vinos y visitando desde sus chocolaterías hasta sus tiendas de marcas famosas, sino que aunado a ello he podido practicar la escalada en ese monumento que años atrás tenía sólo el deseo de visitar –aunque no me suba decía- a quien me viera.

Muy a mis adentros, con una multitud allá abajo vitoreándome, me felicito por mis logros y me hablo con orgullo, preguntándome ¿ahora qué sigue? Ya te tienes a ti misma y de pilón a tu pareja ideal, unos hijos maravillosos con quienes trabajas hombro a hombro por un mundo como el que desean.

Hace tiempo cuando no volteaba ni alzaba la mirada, ni siquiera era posible tener sueños, me veo en el pasado y agradezco a Dios, a mi familia y mis amigos, sobre todo a esos amigos que cuando me encontraba al borde de un precipicio infranqueable (según yo) me ayudaron a cruzar al otro lado a encontrarme con ellos a un nuevo mundo, un mundo por el cual trabajo hoy.

Recorro el mundo mostrando a quien lo desea las maravillas que hay en él, no sólo en paisajes y recursos naturales que aún quedan, sino las de su gente, su cultura, su sociedad, los esfuerzos que cada quien desde su trinchera realiza por salvar este hermoso planeta, en donde yo sueño envejecer.

Me gusta reciclar y también por ello administro una empresa que se dedica al reciclado, no sólo de empaques y materiales, sino hasta de ideas, a veces pienso que Vincen´t se queda corto ¡bueno en sus inicios! La asociación civil con la que participo, también se dedica a prevenir la producción de emisiones contaminantes y materiales que destruyen la Tierra, nunca pensé que iniciaría este viaje por la motivación de mis chiquillos. Mi hijo mayor tan preocupado siempre por el cuidado del planeta, recuerdo que desde pequeño cuando se iba de campamento me decía ¡Mamá lo que más me gusta hacer es limpiar el río y caminar por el monte y disfrutarlo!

¡Ma! separemos la basura, ahora vamos con mi escuela a reforestar el cerro de aquí cerca. Hace muchos años, cuando tenía como ocho años me dijo ¡ya no pongamos árbol de navidad natural! ¡Ma ya no cortemos árboles! Yo requeriré de su oxigeno mañana! Esas palabras quedaron grabadas en mi alma y el pequeño con el ejemplo del mayor también se preocupó por el planeta pero desde otra trinchera: el cuidado de la fauna. Siempre preocupado, recuerdo que cuando quería acabar con los ratones que osaban entrar en mi casa él me decía ¡No mamá! ¡No lo mates deja lo llevo afuera a su casita! Qué tiempos aquellos y que tiempos estos.

Aún recuerdo cuando ya me tomaba mis propias decisiones y me hacía cargo de mi vida. Una de mis principales preocupaciones era no estar todo el tiempo con mis hijos, me angustiaba mucho ¿qué sería de ellos?, ¿qué aprenderían y qué no?, ¿cómo se formarían?, y una laaaaarga lista de y ¿si . . .? hasta que un día entendí que mis miedos no eran los de ellos y que tienen la capacidad de crecer seguros y que podía organizar un plan para desarrollar en ellos los valores, habilidades y principios, además de las herramientas que creo necesarias para ser adultos seguros y felices. Ese plan me ayudó tanto, me ayudo a mantener la calma, a proporcionarles la educación que pienso es la mejor para ellos y guiarlos en su camino y definir y continuar el mío en compañía de los que amo.
Increíble lo que cambiamos en un abrir y un cerrar de ojos, y después de esta reflexión es hora de bajar, tomo un gran impulso, me suelto, abro mi paracaídas y planeo hasta llegar a tierra.

¡Bendita Tierra y todos los que están en ella!

CASI AMAZÓNICA.- Ángel Guerrero

CASI AMAZÓNICA

Ángel Guerrero

Comienza a amanecer, mi cuerpo siente la brisa matinal que entra acariciándome por la ventana y se desvanecen las imágenes de mi sueño. Trato de recapitular qué fue lo que me hizo sentir tan feliz, pero sólo logro recordar pasajes cortos y sin coherencia.

Se activa la alarma del despertador, escucho la voz mecánica y vacía de mi único compañero, mi ordenador: “son las seis de la mañana, la agenda del día de hoy: 11:00 a.m. vuelo a Boston; 2:00 p.m. Reservación en el hotel The Lenox en Boston, 6:00 p.m. cita con el estilista y a las 20:00 hrs. Graduación de Moni en Harvard”.

Me levanto aún con la sensación de no saber si es parte del sueño o si es la realidad, lavo mi cara, me pongo un short y una playera; camino hacia el anexo de mi habitación donde está ubicado mi gimnasio. Me coloco el monitor que por mis signos vitales determina la intensidad de mi entrenamiento. Hace años que entreno para maratones, me gusta concentrarme en escuchar los latidos de mi corazón, imagino mientras corro, cómo la sangre va fluyendo por todo mi cuerpo, siento cómo mis músculos se contraen. Esa sensación es lo que hace la diferencia entre estar viva y sentirme viva.

Termino mi entrenamiento y entro a la ducha, los detectores en la pared obtienen la temperatura de mi cuerpo, se mezcla el agua y en forma de lluvia mi cuerpo recibe la mejor de las sensaciones, la del agua, el vital líquido ahora tan escaso. Recuerdo cuanto escuché las campañas de cuidarla y el poco caso que hicimos, ahora vivimos las consecuencias fatales de no haber tenido conciencia. El baño no puede durar más de un minuto, salgo y los ventiladores secan mi cuerpo. Camino hacia el armario y mi reloj de pulso detecta mi estado de ánimo, nunca dejará de sorprenderme, sin fallar cada día, sabe cómo me siento y qué colores debo usar. Desde hace muchos meses no había leído en mi reloj “ánimo óptimo”. Era de esperarse el día de hoy mi hija mayor se gradúa de la universidad. Elijo la ropa que usaré, la empaco en mi maleta y me alisto para estar a tiempo para tomar el vuelo.

Antes de salir de casa programo el control maestro hasta la fecha en que volveré a casa, subo a mi auto deportivo y activo con mi huella el encendido del motor.

En la sala de espera del aeropuerto, uso mis lentes de realidad virtual. Disfruto tanto esta tecnología, hoy decidí cargar en la memoria los mejores momentos que pase al lado de mi hija. Sólo debo colocarlos, ajustar los audífonos, elegir el track y oprimir play para regresar al pasado. Y entonces la veo, estoy detrás de la puerta de la guardería, viene brincando y agita sus manitas para saludarme, emprende una carrera con la esperanza de ya no esperar un segundo más para estar en mis brazos, se despide de sus amigos y siento sus bracitos en mi cuello. Voy caminando a casa y escucho su vocecita entonar las canciones que aprendió. Después la veo bailando hawaiano, esta tan concentrada en los movimientos de su cuerpo y en no fallarle a su equipo, ya comienza a dar señales de que pronto dejara de ser una niña, escucho los aplausos y veo como se acerca a mí y al oído me dice: ¡Mami te amo!

De forma brusca se interrumpe mi realidad virtual, al escuchar el aviso de abordar el avión. Los aeropuertos han tenido que diseñar avisos vibratorios, ya que la mayoría de las personas siempre están acompañadas de esta tecnología, ausentes de la realidad, porque todos nos hemos vuelto adictos a escaparnos, a sólo reproducir los momentos felices de nuestra vida y de esa única forma sobrevivir a un mundo que nos ha enseñado a ser solitarios.

Recordé sin querer, cuando hablaba con algún extraño mientras esperaba o cuando sólo observaba las caras de las personas, disfrutaba mucho recrear las historias que por sus expresiones yo deducía. Me gustaba adivinar si eran felices o solo estaban conformes. Pero nos dejamos llevar por la tecnología, que al parecer su único objetivo era volvernos antisociales y débiles ante la realidad.

Abordo el avión, en menos de 20 minutos estaré al lado de mi hija, lo cual me llena el alma de gozo, he luchado tanto para que ella encuentre la felicidad auténtica y este es uno de los momentos que representa un paso en esa búsqueda.

He sido parte de la generación de mujeres a quienes nos tocó abrir camino, nos tocó ser punta de lanza. Nací a finales del 70, la sexta hija de una familia convencional de clase media. Mi madre vivía para atender su casa, sin importar traiciones, escasez y abusos, ella sentía que no tenía opciones y aceptaba su destino sin rebeldía. Su padre le negó la posibilidad de estudiar con el argumento de que a ella la iban a mantener y el dinero era para pagar los estudios de los hombres. Y mi abuela no podía decir otra cosa que no fuera: “lo que digas Juan”, sin importar lo que ella quería, solo era parte del servicio de la casa y la única que brindaba amor después de las golpizas que el padre le daba a sus hijos.

En el siglo XX las mujeres comenzamos una lucha feroz para lograr que se nos reconociera la capacidad intelectual, la libertad de elegir sobre nuestro cuerpo y el poder de competencia con los hombres en puestos de liderazgo en el ámbito social, político y laboral. Desgraciadamente como en todo, los abusos llevaron a un movimiento feminista exagerado, casi amazónico, en donde el hombre en lugar de complemento era el enemigo. El resentimiento de muchas generaciones llevo a los extremos esta liberación, cayendo en lo absurdo y trayendo como consecuencia la transformación del valor más importante en la sociedad: “la familia”, ahora son matriarcados absolutos y en su gran mayoría mujeres solas al frente.

En carne viva sufrí el machismo, los hombres de mi generación habían crecido en senos familiares patriarcados; crecieron con la ilusión de poder subordinar a una mujer a sus decisiones y se encontraron con una generación que había comenzado la evolución. Sin tener el antecedente de cómo controlar esta situación, dejaron de luchar y en consecuencia, en lugar de hombre de la casa tomaron el lugar del hijo mayor. Una generación de hombres temerosos, confundidos y asustados por la feroz competencia que representaban las mujeres.

Mi generación de amigas, el 80% está sola, el 15% no le importa mantener a su esposo y el 5% mantienen una relación aceptable.

Siempre me visualicé como una guerrera, abriendo el camino para las nuevas generaciones, conquistando derechos, educando con nuevos valores, aceptando el rol que por naturaleza me tocó desempeñar y aprendiendo a ser feliz en esta misión.

El avión anuncia el aterrizaje, siento como la adrenalina comienza a fluir por todo mi cuerpo. Estoy a cinco minutos de ver a mi hija Moni y eso me hace muy feliz. Ella es el motor de todos mis proyectos y el prototipo de mujer que me permite ir viendo los avances de mi lucha.

¿POR QUÉ LOS HOMBRES ANDAN TAN NECESITADOS DE AMOR? .- Marilia Villarreal Garza


¿POR QUÉ LOS HOMBRES ANDAN TAN NECESITADOS DE AMOR?

Marilia Villarreal Garza

A lo largo y ancho de mi vida he conocido y amado a infinidad de hombres. Y claro es algo natural debido a que orgullosamente tengo 50 años de vivir.

Nunca hasta hace unos días había pasado por mi mente la pregunta con la que he dado titulo a este escrito, ¿por qué los hombres de todas las edades y características físicas andan tan necesitados de amor, de atención, de mimos, de caricias, de abrazos? No son preguntas hechas al azar, son preguntas que me hago y que he compartido con algunas amigas últimamente y en las cuales coincidimos.

Estuve casada durante 23 años, aunque me separé algo antes y por obvias razones durante este periodo, no había experimentado (más que en mi propia pareja) esa sensación de falta de “algo” en él.

Siempre he sido muy “enamoradiza” como lo aseverarían mis abuelas y mi madre, mis amigas, compañeras de escuela, de viaje, hermanos y cuanta gente ha podido conocerme un poquito o muy a fondo y, por tal motivo, he tenido la enorme oportunidad de conocer al sexo opuesto en muchas de las facetas que a veces me sorprenden, otras me enojan, otras me vuelven loca, otras simplemente me repelen y en múltiples ocasiones no logro entender.

¿Libros? Todos o, bueno para no exagerar, muchísimos he leído con este tema de la eterna guerra entre sexos o sobre cómo entenderlos a ellos, cómo hacerle para poder encontrar ese “príncipe azul” que desde pequeña idealicé y que hasta el día de hoy nada más no aparece más que en mis sueños guajiros.
Que si las mujeres somos de Júpiter y los hombres de Marte, que si porque los hombres no se comprometen, que si muchas de nosotras las damas tenemos el síndrome de “Amar demasiado”…

Finalmente anoche regresando de platicar con un entrañable amigo de mas de 60 años, casado con su mujer desde hace 45, caí en la cuenta que realmente los hombres andan en busca de acariciar, de besar, de hacer el amor , de tocar, de palpar, de mirar a los ojos y que los miren dentro con coquetería e interés. Mi amigo me lo dijo así sin tapujos: tu mirada es peligrosa, estar contigo causa emoción y puso su mano sobre la mía buscando algo más en mi que nuestra “simple” amistad. Ambos tomábamos una bebida refrescante en un bar acogedor con ventanales hermosos donde admirábamos la lluvia que mojaba la ciudad repentinamente.

El momento fue agradable hasta podría decirse que ¿romántico? Pero yo no pretendía ningún tipo de acercamiento físico sino sólo el disfrute de un amigo -tal cual— así como amo conocer hombres y hablar con ellos sin ningún enfoque sexual, cosa que cada vez resulta más difícil de encontrar pues no se si por mi edad todos piensan que tendrán alguna experiencia sensorial conmigo que va desde tocar la mano, la pierna, besar, abrazar, o echarse sobre mi intempestivamente. A lo que me defiendo a capa y espada.

Llegando a mi cama casi no pude conciliar el sueño, pues una y otra vez venían a mi mente estos pensamientos que ahora plasmo aquí ¿ por qué los hombres son así? ¿Tendremos como mujeres, madres, esposas, hijas, parejas, amigas, amantes algo que ver con este comportamiento?

Desde niña he sido acosada por los hombres, si no era el tío que me cantaba canciones de amor a los cuatro años, era su amigo que me llevaba a caminar por la playa tocando mis pechos diminutos, algo incomprensible para mi aunque molesto indudablemente, tanto así que aún lo recuerdo con estupor; y si no, era mi primo que buscaba mi cuerpo dormida bajo las sábanas para llegar a tocar esa parte de mi donde el sentía placer que diría yo, a los máximo 6 años. Y ya más grande, cualquier hombre que me viera caminar en la calle con sus chiflidos que obviamente halagaban, o aquel cretino albañil que se bajaba el cierre de la bragueta frente a mis ojos asustados. ¿Qué tal ese primer novio mío con el que perdí mi virginidad a los 14 años en el sótano del gimnasio donde él daba clases y donde me enamoró prometiéndome amor eterno? Tenía 29 años y era casado. Fue el primer hombre casado que me engaño, diciéndome que era soltero y aún ahora a mis 50 años sigo pasando ese tipo de experiencias y lo más sorprendente es que todavía les creo… !Qué ingenua! dicen mis amigos.

Pudiera hablar de mis muchas experiencias de este mismo tipo con los hombres, pero a lo que voy con todo este relato, es a la reflexión que hice ayer en cuanto a la responsabilidad que pude haber tenido yo como mujer, hija , hermana, madre , esposa y amante, en todo esto.

¿No he sabido amar sanamente en mis relaciones con el sexo opuesto, será que he aprendido mal desde el principio o que nadie me lo explicó, he juzgado mal, no he dicho las cosas por miedo, no he defendido mi punto de vista o mi libertad como mujer, he apoyado que se me de un trato diferente, he sido demasiado coqueta o sexy, he engañado, no he educado igual a mi hijo que a mi hija? ¿No le he dado el suficiente amor a mi pareja o ex pareja? ¿No he hablado con la verdad, no me he comprometido lo suficiente o, todo lo anterior lo he hecho con exceso?

De lo que si estoy segura, es que hoy me he dado cuenta que algo pasa con los hombres, hoy que soy libre, que no tengo pareja, que ando por la calle a mis 50 años conociendo hombres de 18 hasta 90 y encuentro que todos tienen algo en común y es falta de afecto, falta de cariño, falta de abrazos, falta de besos amorosos, falta de ternura contenida y la constante de todos ellos de quejarse de la “súper mujer “ que todo lo resuelve, que a todo se adelanta, que tiene todo tan controlado, la casa limpia y ordenada, para la que los hijos y los nietos son lo primero.

A mi todo lo anterior me parecería que es lo indicado, pero parece que no es así, que no coincidimos hombres con mujeres; parece que algo estamos haciendo mal, no sólo nosotras obviamente, pero en muchos de los casos es así, me parece que hay una enorme falta de comunicación y que es justamente ahí donde podríamos empezar a trabajar.

AL RITMO DE OTRO DANZÓN.- Vanessa Ánimas


AL RITMO DE OTRO DANZÓN

Vanessa Ánimas 

Lejos quedaron mis seis años de edad y el día en que Aurora y Arturo se reencontraron.

Ahora han transcurrido los años desde que las lágrimas rodaron al ritmo del Danzón Si Juárez No Hubiera Muerto y un sí, incondicional, se llevó a Aurora de regreso a Zimapán, Hidalgo.

Zimapán se localiza a 144 km de Pachuca y es conocido por sus minas y las historias de adentro y afuera de ellas. Zimapán significa “Sobre el cimate o entre el cimate”, una raíz usada para provocar la fermentación del pulque,

Como goza de un cilma templado la mayor parte del tiempo, Aurora desempolvó los vestidos ligeros, volvió a usar sandalias y a lucir esas bellísimas pantorrillas redondas y gruesas que a mi me impresionaban de niña y que afortunadamente heredé.

Aurorita no dejó nunca el tinte color caoba. Afortunadamente Lolita, la dueña de la estética más cercana a su casa, las conseguía. En una población de tan sólo 35 mil habitantes y después de haber vivido 50 años en la capital de la República, era un lujo que Aurora no estaba dispuesta a perder, menos ahora que el ritual había cambiado y se había convertido en “danza delicada” ante los ojos de su eterno enamorado.

Se pellizcaba las mejillas antes de irse a la cama y se apretaba los labios para no verse “tan diferente” y daba un cepillado a toda su cabellera, para asegurarse de que no hubiera nudos cuando Arturo le acariciara el cabello. Tenía con ella su crema Nivea para no tener los tobillos y los codos secos, su lima de pies para mantenerlos eternamente hermosos y sus inseparables lápiz labial y lápiz de cejas café.

En los sueños de Aurora se invitaron solos los recuerdos mezclados con la nueva “edad” de ambos. Una noche de vértigo causado por un coágulo mínimo que fue a dar al cerebro, Aurora soñó que siendo niña iba dentro del barril donde le gustaba meterse para que la aventaran a rodar por el llano y salir mareada, dejarse caer y ver el cielo moverse como si fueran niños en ronda a su alrededor.

Otro día que la vecina le llamaba muy temprano para convidarle pan dulce casero recién hecho, ella soñaba en el día que su hermana menor Raquel, se cayó a una pileta con agua y llamaron a Aurora que jugaba a las escondidas… “Aurora, Aurora, se ahoga Raquel…” desde su escondite salía la orden… “Sáquenla que todavía no me encuentran”. De ahí que a mi tía abuela la conocimos como Ratona, porque todos decían que parecía ratón mojado cuando la sacaron de la pileta con su vestidito escurrido pero feliz de haber rescatado su muñeca consentida.

Aurora y sus cuatro hermanos quedaron huérfanos al morir Emma a sus 34 años, víctima de una infección respiratoria que terminó en una fatal neumonía.

Arturo tenía una historia diferente. Para comenzar tenía cinco años menos que Aurora, así que cuando ella tenía 12 años era un enigma para el pequeño Arturo y cuando ella tuvo 15, él ya tenía 10 para darse cuenta de que no podía quitarle los ojos de encima al pasar frente a la Panadería Zimapán, propiedad del padre de Arturo y donde se entretenía en las tardes al salir de la escuela, o donde se refugiaba para ver desde las repisas de pan de chochitos y ojo de buey a Aurora jugar y jugar, en esa amalgama entre niña y adolecente que le provocaba interés y lo dejaba mudo al entrar y preguntar ¿Ya esta el bolillo Don Germán? Arturo corría detrás del mostrador y Aurora reía pensando que el niño tenía miedo, y no que en las venas del joven Arturo corría adrenalina pura.

Arturo, al igual que muchos jóvenes de aquel poblado, decidió estudiar y vivir en el Distrito Federal y supo esporádicamente sobre la vida de Aurora durante años, viendo algunas fotos con los amigos del pueblo y pensando en las tardes en la panadería. La veía en las fotos con esa cintura diminuta, la ceja altiva y el peinado clásico de la época.

Aurora por su parte también sabía de él, pero se mostró discreta en comentarios y expresiones ante la celosa mirada del abuelo quien luego preguntaba “Y tú conocías al tal Arturo”, a lo que mi abuela contestaba “Vecinillo del pueblo, no jugaba con nosotros porque su papá lo cuidaba mucho” y por dentro comenzó a entender el por qué de los nervios de ese chiquillo al verla y se sentía contenta, halagada.

El se casó con una compañera de la escuela donde se recibió de Contador, tuvo cuatro hijos y siete nietos. Se divorció y al poco tiempo recibió la invitación de la comadre María José para reunir a los amigos de Zimapán. Fue ese día cuando al escuchar el nombre y la risa de Aurora apagó el cigarrillo a medio fumar, sintió la adrenalina por el cuerpo, un nervio que le recorría hasta dejar la guayabera sin arrugas, se revisó a si mismo de arriba a abajo, se buscó en el reflejo del vidrio de la vitrina, se arregló el cabello perfectamente envaselinado hacia atrás y dejo la cuba “pintadita” a medio tomar en una mesa, se peinó con las manos las cejas y sumió el estómago.

Al voltear lo sorprendieron esas pestañas enormes dando un guiño que lo regresó a su infancia. Pero esta vez no corrió, esta vez estiró la mano para iniciar el Danzón.

Han pasado veladas, reuniones con viejos conocidos. Algunos recibieron a la “nueva” pareja con gestos de desconcierto, ya que no van de acuerdo a las leyes de Dios. Habrá que recordar que es un pueblo muy católico donde una pareja de divorciados en edad adulta no siempre es bien recibida. Otras reuniones están llenas de buenos recuerdos, de curiosidad y su dosis de noticias trágicas o fantasmagóricas sobre las minas de Nuestra Señora, Bonanza y Espíritu Santo, entre otras.

Las fiestas han sido engalanadas por el Danzón y la música de sus principales exponentes como Pedro y María Elena “Los abuelos”, Velia Caro y Luis Peña, Félix Rentería, Laura Calderón, Miguel Angel y Alicia, Freddy Salazar, Miguel Zamudi. Y claro, también ha habido Mambo, Cha-Cha-Cha y Salsa, junto con la música de banda

Han habido viajes a Veracruz y Acapulco, todos ellos llenos de tardes con los pies en la arena, cuba en mano o café en la noche bajo la luz de las estrellas y uno que otro connato de pleito por aquellas mujeres “jóvenes” que miran a Arturo.

Las tardes han estado llenas de Pollo a la Naranja, Chicharrón en Salsa Verde, Mole con Pollo, Picadillo con Verduras, Calabacitas a la Crema, Carne de Puerco con Verdolagas y todos los guisos que Aurora aprendió durante los años y rematando con un café de olla que se fue convirtiendo en tés para los diferentes malestares propios de la edad.

Es ahora que Aurora y Arturo tejen una nueva historia. “Aurorita siempre ha sido un roble” decían los hijos de los amigos que ya habían fallecido, con un velo de nostalgia deseando que sus padres hubiesen vivido tanto y llegado a su vejez sin artritis, con su cabello íntegro, por supuesto pintado de caoba aunque ahora más corto y con una sordera que oculta con sonrisas y un “sí cómo no” para todo lo que no alcanza a escuchar.

Arturo conservó su cabello, pero ya no lo peina con vaselina porque es tan blanco su pelo que sus hijos insisten en mantenerlo “cortito” para que se vea su cabeza como “cabecita de algodón” sin respeto a su voluntad como si la edad fuera una autorización para que tomen decisiones sobre él… “No papá, ya no puedes usar esas camisas porque hay que cubrirte el pecho, ponte este suéter… No papá, no puedes tomar café, te dijo el médico que hay que cuidar tu estómago… No papito, no puedes comer el chicharrón que te guisó Aurorita, te puede hacer daño ya a tu edad…” Así cada visita que termina es festejada por Aurora y Arturo entre miradas y risas cuando los hijos se aproximan a la puerta con sus mil indicaciones médicas.

Aurorita ha vencido los “cuidados” de sus hijas y diplomáticamente las ha regresado a casa a cuidar ahora a sus propios nietos, a decirles enérgicamente “No quiero… gracias, déjalo ahí y yo veo si me lo tomo” en cada “tómate esto, haz lo otro” y aprovechando su sordera para apagar el aparato auditivo y hacer caso omiso.

Han vencido a la influenza que rebota y rebota cada año desde el 2009 cuando emergió en el mes de Abril como una pandemia mundial. Han estado al margen de la pobreza en varias ocasiones, cuando Aurora ha estirado el dinero que Arturo recibe de su jubilación, preparando unos deliciosos frijoles de olla con epazote y un arroz blanco que acompañado de su famosa salsa verde molcajeteada salvan hasta las peores tardes.

Vencieron los cambios generados por cada Presidente Municipal que hoy ayudan a las personas de la tercera edad y mañana ya no. Han sobrevivido a los diagnósticos, medicamentos y hospitalizaciones en el IMSS entre operaciones de vesícula, piedras en los riñones, úlceras gástricas, pérdida parcial del oído y hasta el herpes sostes que atacó a mi abuela en 2011 y que la mantuvo en dolor durante dos años porque el herpes se ubicó en la piel de las lumbares haciendo de cada día y cada noche un tormento que solo se veía aliviado por el “Buenos Días Mi Reina” de Arturo, quien la veía con el deseo de quitarle la enfermedad y tenerla él.

Pero sobre todo, vencieron sus propios prejuicios, sus propios miedos, el temor al ridículo, sus problemas y enojos que no fueron pocos, su miedo a envejecer, al castigo y crítica de los hijos y de los seres queridos que no comprendían su relación.

Ninguno de los dos leyó libros de autoayuda, jamás se enteraron que podían tener un fondo de inversión o que podían haber guardado las células de su cordón umbilical y nunca entendieron a las nuevas tribus urbanas.

Afortunadamente la modernidad no pudo con su edad, con sus ganas y con su sencillez.

Saben lo que esta por venir, pero más que eso, están felices por lo que ya vivieron.

EL SAPO QUE QUERIA SER SAPO. Memo

EL SAPO QUE QUERIA SER SAPO.
Memo.

En el charco más fétido del Altiplano, formado a partir de una rotura del Canal del Desagüe, vivía un sapo gris que a diario cavilaba sobre las cuestiones más dramáticas de su existencia:

–¿Por qué me confunden con un Príncipe encantado? –era una de ellas, quizás la más recurrente.

En ocasiones, cuando al amanecer era soporífera la fetidez, aparecía otra de las interrogantes que tanto lo atormentaban vestida con harapos de envidias que alguna vez pertenecieron a divas decadentes:

-¿En realidad soy misógino?

Al sapo le daba orgullo ser como es y no hacía caso de los decires maliciosos, burlones, hirientes, que hacían mofa de su grisura manchada de cánceres producto de la intemperie. Odiaba recibir visitas de celebridades o princesas ilusionadas que buscaban encontrar en él al Príncipe encantado.

–Hola Sapito… vine a ver si en efecto eres mi hijo descarriado –le dijo una tarde el maestro de la caricatura y el cartón político, Rafael Freyre.

No resistió el impacto de la visita y nuestro humilde sapo se sumergió en su hábitat, donde sabe que está la felicidad. Algo parecido le sucedió cuando el espíritu de Frida llegó hasta el charco inmundo, con la esperanza de rescatar a Diego víctima de alguna superchería que lo mantenía allí.

¡Oh decepción de Frida!

–Yo soy un sapo que sólo quiere ser sapo. Estoy cansado de que me confundan. Eso es todo.

Dicho lo cual, nuestro sapito gris regresó al mundo que lo hace feliz, sin percatarse de que unos metros adelante hay una hermosa laguna con penetración de Ría, donde habita el majestuoso Pejelagarto, primo hermano del Esturión de quien viene el caviar.

En las profundidades oscuras, apareció otro de sus dilemas, acaso más bien trilemas y regresó a la superficie con la fresca de las cinco. A la orilla del charco vió desnuda y recostada, con los senos incandescentes como visión de Helguera o de Améndola, a la Flor más Bella del Ejido con una nota junto a ella:

Sapito, Gracias por ser como eres:¡ Auténtico!

AGNES LA VIDENTE.- Dora Martínez

AGNES LA VIDENTE
Dora Martínez

I
–Siéntese por favor. ¿Quién la envía conmigo?

–Hace unos meses usted le ayudó a resolver un problema a la familia Samperio, la señora Consuelo ¿la recuerda?, me recomendó venir aquí, ella me dio sus datos, hice una cita y le expliqué a su secretaria que era un asunto extra urgente.

–¿Cuál es su problema?

–Estoy desesperada. Mi esposo desapareció ayer por la tarde, lo buscamos por todos lados, en el trabajo, con los familiares, con los amigos y no lo encontramos. En la madrugada como a las dos de la mañana sonó el teléfono y sólo dijeron: Ya no lo busque, nosotros lo tenemos. Comprenderá que se trata de un secuestro y he venido a pedirle me ayude a localizarlo.

II
Estaba frente a la mujer más enigmática que haya conocido. De personalidad impactante y edad madura, debe andar por los 55 años, es muy delgada, de cabello largo, ojos oscuros, mirada fuerte y penetrante, da miedo que te mire porque te da la sensación que ve hasta tus pensamientos, tal vez sí lo pueda hacer porque tiene el don de la “videncia”, ¡ay! pero sí impone su presencia. Contrastando con su fuerte personalidad, Agnes es una mujer moderna, tiene buen gusto para vestir, le he visto bonitas chamarras de piel genuina, coordinados de falda y pantalones de marcas caras, botas Prada, accesorios Armani, Luis Vuiton. Es una mujer llamativa y elegante.

Mi amiga Consuelo Samperio me advirtió de que no me dejara impresionar con lo que iba a ver en ese lugar, que si no creía en esas cosas mejor no fuera, pero que ella me garantizaba que no se trataba de charlatanería si no de un recurso poco usual, me explicó que la cosa era más espiritual. Tuve que hacer la pregunta obligada: ¿No hace cosas en contra de la ley de Dios? Después de disipar mis dudas, con toda mi fe puesta en esta persona, fui a buscarla.

Al llegar a la dirección que me dieron, me encontré con una casa típica de la colonia San Rafael parecida a las casas de provincia, un portón de madera y ventanas largas, también de madera y de pequeña cuadrícula, las visten unas clásicas cortinas de gasa que impiden la visibilidad hacia el interior. La construcción contrasta con la universidad de estilo modernista que se encuentra cerca.. Al entrar me recibió una señora de aspecto humilde, me indicó que tomara asiento en una sala provista de dos sillones y una mesa con revistas de interés común, algunos cuadros con litografías de artistas como Botero, José Luis Cuevas, por allá medio oculta una Gioconda –siempre me da miedo la Mona Lisa–, me llamaba la atención la escalera en forma de abanico, imponente y majestuosa, como una cauda de novia o como un pavo real en pose, se parece a aquellas de las películas de Arturo de Córdoba y, el barandal de hiero forjado con diseño de los años treinta.

Luego de hacer una antesala de más de una hora, apareció por ahí una mujer joven con una agenda en la mano misma que abrió, pronunció mi nombre y me indicó pasar a una habitación en la parte superior de la casa. Al ir subiendo la escalera salió a mi encuentro un gato negro que me asustó, pensé inmediatamente que eso no era de buena suerte así que traté de pasar pegadita a la pared evitando el contacto con el animalito que buscaba una muestra de cariño.

Toqué la puerta entreabierta antes de entrar, llegaba a mí un intenso olor a incienso: Pase, dijo una voz dulce y con un tono de tranquilidad. En la habitación predominaba un ambiente cargado de esoterismo. Lo que había en este lugar me hizo sentir entre lo angelical y lo tenebroso. Tenía altares por aquí, ofrendas por allá, máscaras, hadas, duendes, arcángeles, una fuente con la figuras de Neptuno surgiendo de las aguas, imágenes de vírgenes, en un rincón la figura de la Santa Muerte, crucifijos impresionantes, collares de santeros colgando del respaldo de una silla, plumas de loro y pavo real, velas negras, rojas, verdes y amarillas. Se mezclaban los aromas de las hierbas, las flores y las velas, me dio un ligero mareo el olor intenso del manojo de albahaca colocado a los pies de una virgen junto con una copa de agua que pisaba un papel con las peticiones y las promesas ofrecidas.

III

Continuamos con la consulta.

–Déme datos de su esposo: ¿Cómo se llama, fecha de nacimiento? ¿Trae una foto o alguna prenda de él? Le di una camisa sucia que llevaba en una bolsa, luego de apuntar en un cuaderno los datos, hizo sumas y combinación de números de las matemáticas mayas, se tomó unos minutos de concentración, rezó algo en un idioma en desuso frente al altar de los santos, abrazó la camisa de mi esposo, pidió ayuda en el nombre de Dios para que le fuera revelado el lugar donde se encontraba la persona en cautiverio.

Se mantuvo con los ojos cerrados y empezó a decir:

Él se encuentra en una casa que está en despoblado, sólo hay campo alrededor. Esta con los ojos vendados y las manos amarradas, los pies los tiene libres y no está golpeado.

Hacia pausas y hablaba lento, como quien describe algo a través de una cámara de video, continuó:

Viste un pantalón de mezclilla, camisa amarilla con rayas blancas, su ropa se ve limpia, eso quiere decir que no está herido ni lastimado. Afuera en la puerta está un muchacho, es una persona joven quien lo cuida. No veo a nadie más.

Luego dijo:

Voy a comunicarme con su esposo para saber si vio u oyó algo cuando se lo llevaron. Si él está pensando en lo que le ocurrió podré tener información.

Pasaron unos segundos en silencio, la vidente hacía algunas afirmaciones con monosílabos muy bajito.

-Ajá, sí –decía una y otra vez.

Comenzó a relatar:

Su esposo se dio cuenta quién fue el autor de esta obra. En su cabeza repite y repite lo que oyó. Él iba caminando por la calle cuando un carro blanco, como taxi, se paró un poco adelante, pensó que se bajaría algún pasajero. Bajó un tipo fuerte y alto lo jaló del brazo y provocó que se tropezara, casi al caer el hombre lo levantó y lo metió de un empujón en el asiento de atrás.

– ¡Jálate, jálate rápido! dijo el hombre al chofer.

–Le voy avisar al “Don” de que ya lo levantamos. Marcó y dijo rápido: Ya lo tenemos “Don”, vamos rumbo a “ Jilo” luego le marco.

¡Vas a ver infeliz, a ver si te sientes tan poderoso, al patrón no le gusta tener competencia! ¡Ya te lo habían advertido y no te quisiste quitar del camino, a los estorbos los quitamos así… &%#@…jo! ¡ Vete agachadito y calladito o te parto la cabeza!

Su esposo guardó silencio tratando de ser prudente y no provocar enojo en sus captores. Se dio cuenta de que lo llevaron rumbo a “Jilotepec” porque el chofer dijo, tardaremos como 20 minutos en llegar a la carretera y luego 40 de la pura terracería. Él sabe que está cerca de la autopista porque oye los motores de los camiones de carga a mucha velocidad. Recuerda que después de que lo instalaron le dieron agua y le preguntaron si quería ir al baño, él dijo que no. Luego salieron los dos hombres del cuarto donde lo dejaron y murmuraban, alcanzó a oír que dijeron: Don Joaquín, ya está aquí su “encarguito”. Mañana pasamos a cobrar, ya tenemos a la persona que le dará de comer y aquí se queda Armando.

La vidente sin voltear a verme dijo:

Váyame indicando si lo que le digo tiene algún sentido para usted, si menciono palabras que su esposo en especial utiliza, si lo que veo tiene significado.

Afirmé verdaderamente sorprendida: Sí,sí,sí… es demasiada coincidencia, Joaquín es su primo y Armando recientemente lo había despedido de la empresa. También conozco la población que menciona, efectivamente está cerca de donde vivimos.

Agregó la vidente:

Cerca de la casa donde tienen a su esposo veo una extensión de agua, probablemente sea una presa o un lago, ¿Le indica algo?

Sí hay un lago y un bosque, agregué al tiempo que lloré desesperada y terriblemente asustada.
No se preocupe señora, me dijo consolándome, deje de llorar debe conservar la calma para poderla ayudar. Va a regresar bien y no tardarán en liberarlo es un desquite de algo, que planeó esta persona que lo mandó secuestrar. No le van a hacer daño, en unos días estará con usted.

IV

Al quinto día mi esposo estaba libre, lo dejaron a la orilla del camino sin dinero, pasó un campesino lo vio sentado a la sombra de un árbol, muy desmejorado estaba deshidratado. Le ofreció ayuda y lo llevó a la población más cercana. Allí busco la oficina del ministerio público y pidió ayuda, lo comunicaron con la familia y fuimos por él. Lo demás han sido trámites de la denuncia. Mi esposo no quiso poner en claro los nombres que escuchó, declaró a la policía que él pensaba que lo habían confundido y al darse cuenta que no era la persona indicada lo dejaron libre, les dijo que lo trataron bien y le daban de comer. Declaró que no supo dónde estuvo encerrado. En la mente de mi esposo había una idea muy fuerte, pensó que sus parientes hicieron esto como un aviso, no quería pensar de lo que serían capaces si él les hacía frente a su provocación, así que decidió mentir y no señalar culpables.

Finalmente, como Agnes lo predijo, mi esposo regresó sano y salvo.

V
Así la conocí, recurriendo a ella en un momento muy difícil. Agnes es una persona que desde hace años, ayuda con sus dones a los demás, organiza cadenas de oración, pone ofrendas para las peticiones de abundancia, de amor y en las predicciones es muy acertada. La frecuenta gente muy poderosa: políticos, artistas, influyentes, futbolistas, empresarios, bueno ¡hasta la hija de un presidente que es bastante feíta!
No pude precisar qué es en realidad Agnes Fernández. Tal vez el concepto general sea “armonizadora espiritual” No supe determinar si es santera, metafísica o Astróloga, espiritualista o espiritista y conceptos como psíquica, médium y adivina le quedan ¿Será una bruja moderna? ¡Qué confusión Dios!
Lo que sí sé es que tiene el gran don de la clarividencia.

VI
Pasó el tiempo, seguí en contacto con ella, la relación se fue haciendo más estrecha y una que otra vez nos reuníamos a comer. En una ocasión me platicó que empezó a tener problemas y no le llegaba trabajo, la gente dejó de llamarla y no tenía citas. Sus hijas le pidieron que se fuera a vivir a otro lado, porque no compartían su profesión y les espantaba a los pretendientes. Ella tuvo que irse a vivir a un cuarto de servicio que le ofreció el licenciado Camargo, un hombre mayor, amigo y abogado de la familia, quien mostraba un interés muy especial por Agnes. Por supuesto que en ese lugar ella no podía “trabajar”.

Al verse en una apretada situación económica, empezó por recuperar a su clientela usando el teléfono celular, daba las consultas así y preparaba las cosas que les recomendaba para las limpias del aura, ahuyentar la mala suerte y romper hechicerías. Poco después empezó a dar las consultas en un restaurante cercano a su casa. Ahí citaba a la gente y con mucha dificultad se concentraba y muy discretamente hacía las preguntas y peticiones a sus espíritus.

Una tarde, Agnes se sentía desesperada y quiso saber por qué en los últimos meses todo le resultaba mal. Habló con una amiga de nombre Angélica igualmente vidente que vive en Argentina, le pidió hiciera lo necesario para saber qué pasaba. Unos días después le llamó para darle respuesta:

En tu vida pasada, fuiste una mujer que vivió durante la Segunda Guerra Mundial, tuviste una hija fruto de una violación de un soldado y por consiguiente fuiste madre soltera, tuviste un embarazo no deseado, diste a luz sola en un sótano y siempre rechazaste a tu hija, nunca le diste amor y atención. Al paso del tiempo ella huyó de tu lado pero nunca te importó, se volvió prostituta y la mataron. Su espíritu vago hasta encontrar a este hombre con el que ahora vives, y supo que te reencontraría.

No podrás ver la solución a tus problemas, pasarás por algunas dificultades con el abogado que se disfraza de tu protector, te humillará y te pisará la dignidad, tú no tendrás que pelear, el destino te pone una gran prueba de humildad. Empezarás a pagar un Karma, pagarás las cadenas de tu pasado.

A ver, si estoy entendiendo dijo Agnes ¿me estás diciendo que yo dejé una deuda en el pasado, en una vida anterior?

Así es, en otra vida fuiste alguien que hizo sufrir a tu compañero, la vida te está dando la oportunidad de corregir, no te puso a tiempo en el camino de esta persona, tu reencuentro con él se ha dado un poco tarde. La forma de liberarte se dará cuando él muera, antes querrá hacerte su esposa, te confiará que es adicto y te pedirá que tú lo seas también, cada negativa desatará la ira en tu contra. Obviamente él no tiene conciencia del odio que siente por ti surgido de la nada, él lo ve como una reacción a tu rebeldía.

Mientras tu calvario será estar a su lado, dentro de poco él se enfermará gravemente y dependerá de ti, pero esa dependencia lo convertirá en tu enemigo. Él estará a punto de morir varias veces, pero no se irá hasta dejarte protegida, perderás todo para ganar todo, te heredará la casa donde vives y serás millonaria, te dejará dinero y varias propiedades, no será fácil porque vendrán acontecimientos muy dolorosos primero perderá a su madre, luego a su padre quien es inmensamente adinerado.

El camino está complicado, de por medio están los hijos del abogado quienes esperan una gran rebanada del pastel, su ex mujer peleará parte de la herencia. Si tú te separas de su lado te dejará sin nada y no podrás romper con las cadenas de tu pasado, tienes que sufrir para pagar tu deuda.

Sólo te queda esperar el momento de la muerte, cuida que no caigas en el conflicto o agregarás otro Karma a tu pasado, y así de vida en vida te encontrarás con él hasta pagar lo que debes.

-¿Por qué los espíritus no me ayudan?

Los espíritus te taparán los ojos cuando quieras ver qué está pasando en tu destino, no te dejarán que te adelantes a lo que tienes que vivir, no te dejarán saber la solución a tus problemas, lo de los demás sí, siempre y cuando lo hagas para hacer el bien, si de alguna situación quieres sacar provecho de dinero no se te permitirá esa es una ley divina para los clarividentes. Esto ya lo sabes ¿no?

–No. Contestó ella, es la primera vez que todos los caminos se me cierran, ya he perdido todo, mi casa, mis hijas, mi ex marido me ha quitado el coche y la participación económica que firmó en la sociedad del negocio con mi padre, no tengo ingresos ni para comer. El abogado no saca dinero de su bolsillo para darme un pan, no me deja guisar en su casa y duermo en una colchoneta en el piso. ¿Qué más me puede pasar?

Ya te lo dije, los espíritus me dijeron todo lo que ven y todo lo que va a pasar, prepárate para no pasarla tan mal, trata de complacerlo en todo, insinúate en el amor, te anticipo que te va a rechazar, solo trata de que vea en ti un interés como mujer y no material.

Serás su enfermera, su amante, su nana, su chofer, ya te dije dependerá de ti totalmente. Yo te avisaré cuando sea el tiempo en que él se tenga que ir de este plano. ¡Animo! Hazle frente ya sabes lo que viene, tu ángel guardián no te va a desamparar, resistirás todo embate. Quizá la próxima vez que me consultes seas millonaria. Y caerán sobre ti todas bendiciones por ayudar a tanta gente.

No hay cosa que valga para evitar todo esto – dijo verdaderamente desanimada-, pero me protegeré para que este viejo no sea violento conmigo. Y le haré frente a las cadenas de mi pasado… pagaré este Karma.

VII

Actualmente, Agnes vive el cambio kármico para alcanzar su libertad espiritual, el abogado trae consigo un tanque de oxigeno, padece insuficiencia respiratoria por tanto fumar y consumir cocaína, ya no puede conducir su poderoso Mercedes y tal como se lo dijeron, Agnes es su chofer, lo lleva al médico, a las oficinas de su negocio, a misa, a comer. Y sigue aguantando los ataques repentinos de ira.

En los últimos meses ella ha podido arreglar la casa que comparten y ha hecho trámites testamentarios nombrándola heredera de sus bienes.

Recientemente la visité y andan de luto por la muerte del padre millonario… la otra parte de la predicción está por cumplirse.

Quizá no lo llegue a saber, lo más probable es que Agnes no me dé un espacio en su agenda porque seguramente no tendrá ninguna necesidad de trabajar.

ARETE CON CELOS.- Marisela Silva

ARETE CON CELOS

Marisela Silva.

Aquél día Alejandra estaba feliz: no podía ir mejor su relación con David, tenían 36 años de casados, dos hijos con su vida hecha, problemas económicos superados y sólo una crisis matrimonial de infidelidad por parte de David, que aparentemente había sido superado por la pareja.

Ale, como era su costumbre, iba al Club a correr una hora para mantener activo su cuerpo. Aunque muchos años fue reacia para el deporte, ahora había entrado en una etapa de estabilidad emocional y disfrutaba al máximo cada momento de su vida, aprendió a observar cualquier pequeño detalle desde la caída de una hoja de un árbol hasta el ruido de los balonazos en la pared por parte de sus pequeños vecinos.

Esa mañana recordó que no servía la batería de su automóvil, por lo que optó por conducir el auto de su marido. Sigilosamente tomó las llaves, para no despertarlo. Salió, subió al auto y arregló los espejos a su altura, encendió el motor y se arrancó a toda velocidad rumbo al Club.

La luz roja del semáforo la detuvo, estaba esperando el verde, cuando sus ojos descubrieron en el asiento del copiloto el celular de David y… ¡un arete de mujer! Lo tomó, lo observó, no era de ella. Un mar de dudas comenzaron a invadir su pensamiento.

¿De quién sería esa baratija?

¿David le sería infiel, nuevamente?

¿Quién sería esa mujer?

¿Será jóven?

¿Cuánto tiempo llevarían juntos?

¿La amará?

¿Tendrán hijos?

Esa mañana no realizó su rutina, se sentó en una banca del parque y durante más de dos horas su cabeza trataba de discernir lo que pasaba:

- Ese hijo de p… ¿volvería a serme infiel?

Sus venas hervían de odio y resentimiento, de celos, en su cuerpo se volvió a manifestar el sentimiento de amargura por la traición anterior, sentía que el calor aumentaba en su cuerpo como en su cabeza, apretó los puños con gran enojo y en ese momento todo se nubló, solamente estaba presente la imagen de David con otra mujer, por lo cual comenzó a maldecirlo como jamás lo había hecho:

- ¡Desgraciado!

-¡Méndigo perro venido de los infiernos!

- ¡Vejete mal nacido!

-¡Mal amante!

-¡Mediocre de cuarta!

-¡Poco hombre!

Gritaba como loca, sabía que:

-¡Perro que traga mierda aunque le quemen el hocico!

Pero aún a pesar de las maldiciones que le pronunciaba a David, rompió en llanto. ¿Cómo era posible que le fallara nuevamente? Si ella le había entregado su vida entera, él había sido su único hombre, lo amaba tanto y, en un momento de “calentura” tiraba por la borda 36 años de matrimonio.

Calmada, comenzó a idear cómo llegar al fondo del asunto del arete, y empezó una planeación para dar solución a lo que la atormentaba. Contraría a un investigador privado, después de tener las pruebas en la mano, se presentaría en su rinconcito de amor y los llenaría ¡de plomo…! Las ideas iban y venían… No, mejor llevaría testigos y reporteros, para que en el diario de mayor circulación saliera en primera plana “Hombre infiel encontrado en pleno acto sexual”. Sí, sería lo mejor, a ver qué sentiría David observarse retratado con ese ¡cuerpo de boiler de vecindad de quinta, con una chica 30 años menor que él!

Imaginaba la cara de asombro de su esposo, envuelto en sábanas corrientes, desgastadas, grisáceas y percudidas y a la mujer de cascos ligeros, quita maridos, arrabalera de la vida alegre, retratada en una posición menos que comprometedora. También se veía a sí misma, satisfecha y con el dedo acusador dirigido a la pareja en señal de: “ Ese es el hombre infiel y traidor”.

Depositó el arete en un papel desechable y lo introdujo en la mochila deportiva. Era la prueba de la infidelidad, debía de encontrarle un lugar lo suficientemente seguro, pues tenía “los pelos de la burra en la mano”.

Cuando Ale entró en la su casa, David estaba sentado en el comedor leyendo el diario como era costumbre, tomando su mejor café de Chiapas recién hecho, y al verla alzó la cabeza con una gran sonrisa, a lo que Alejandra con odio en la mirada lo observó, ¿cómo era posible que le sonriera? ¡No podía ser más cínico el desgraciado!

¿Cómo no iba a tener esa sonrisa de oreja a oreja, si se estaba “merendando” a dos mujeres al mismo tiempo? Se dirigió inmediatamente a su recámara, azotando la puerta.

David al verla se levantó y fue tras ella,

-¿Pasa algo, amor?

Tocó y abrió la puerta, Alejandra estaba dentro del baño, no quería verlo, ni oírlo, pero también no quería que David se diera cuenta de su descubrimiento, por lo que contesto:

-¡Estoy bastante enojada!

-¿Por qué cariño?

- ¡Un pen… me hizo pasar un muy mal rato!

- No le des tanta importancia a ese evento, sabes que hay hombres muy imbéciles en el mundo.

- Sí lo sé, pero es que hay hombres imbéciles por todas partes.

- Sólo hay que evitarlos e ignorarlos posiblemente jamás cambiarán.

- ¡Sí, jamás cambiarán! gritó Alejandra desde dentro de la bañera.

David volvió con su gran sonrisa al comedor, a seguir leyendo su acostumbrado diario y seguir degustando su delicioso y aromático café del estado Chiapas.

Pensó Ale ¿qué fácil? si el imbécil era él y, obvio, jamás cambiaria.

Al salir del baño, se arregló más de lo habitual, debía ordenar sus pensamientos y asesorarse por personas especializadas para dar seguimiento a su plan. Primero iría con el brujo de Polanco, ¡el mejor!, para que él le confirmara esa relación, después iría con el psicólogo para descargar su odio, celos, frustración, tristeza y todos esos sentimientos que la atormentaban y, finalmente, iría con el investigador para tener la prueba final en sus manos.

Al verla tan bella, David le dijo:

- ¡Qué linda te ves! No me he equivocado, eres la mujer de mi vida, nuevamente sonrió alzó su taza de café y volvió a beber de ella.

¿Cómo era posible?, no lo podía creer, el perfecto imbécil y cínico, la perfecta combinación de un infiel, volvió a tomar las llaves del auto de David y se dispuso a salir rápidamente, a lo cual él le dijo:

- ¡Te voy a preparar ese exquisito pescado a la mantequilla que tanto te gusta amor!
Ale sólo movió la cabeza afirmando, y diciéndole:

-¡Gracias, no tardo!

Ya en Polanco con el Brujo Mayor, confirmó sus sospechas, era el arete de una mujer, pero a diferencia de lo que ella pensaba, era de una mujer mayor de edad con una buena posición económica, pues la calidad del arete y lo antiguo de la orfebrería, arrojaban dichos resultados.

Este sujeto le propuso una limpia, una atadura, unas velas, polvos mágicos para que el amor surgiera, un alejamiento y salación para la tercera en discordia, todo lo habido y por haber para que su matrimonio se salvara. Alejandra prometió regresar durante esa misma semana, cuanto tuviera su propio auto y poder cargar con todas las herramientas necesarias para “salvar” su matrimonio.

Después se dirigió con el Psicólogo, al entrar tomó asiento y comenzó el interrogatorio, por parte del especialista:
Buen día señora Salazar ¿En qué la puedo servir? ¿Algún problema?

Ale comenzó a relatar lo sucedido y pacientemente el Psicólogo Suárez la escuchaba detenidamente, haciendo una que otra anotación, a lo que al finalizar su relato, de sus maldiciones, dolor, amargura y decepción por tal infidelidad, éste pregunto:

-¿Qué piensa hacer?

-Pues, ¿matarlo o, hay otra solución? ¡Para acabar con la rabia hay que matar al perro!

A lo cual Suárez le dijo:

-Si piensa en matarlo, no debería estar viéndome a mí.

-¿No, entonces?

-Pues a un abogado, a él lo necesitara más que a mí, ya que lo que piensa hacer va a traerle consecuencias graves.
Alejandra se levantó como resorte del asiento y le dijo:

-Bien dice mi marido, ¡hay hombres muy imbéciles en el mundo y usted es uno de ellos!

Salió del consultorio a paso apresurado, azotando por segunda vez en el día la puerta que se cruzó a su paso. Ahora sólo quedaba visitar al detective privado.

Al entrar al despacho del investigador, Alejandra comenzó a dar todos los datos necesarios de cómo rastrear a su marido. Quería todo, fotos, videos, detalle de todo paso dado por David, no quería dejar ningún cabo suelto.

El detective tomó nota, le comentó que lo que ella buscaba era muy difícil de conseguir, por lo cual lo que sus honorarios se elevarían 30% más de lo habitual. Segura, decidida, ella dijo:

-No importa estoy dispuesta hasta dar un 60% más, siempre y cuando consiga todo lo que quiero y necesito.
Dio claras órdenes de que quería informes a diario y que hoy mismo debería comenzar esa investigación. Al salir del despacho se sentía feliz, pues esto sería la respuesta a tan grande problema que la aquejaba.

Conducía el automóvil hacia su casa y, pensaba que no iba a soportar tener a David cerca, ya le molestaba hasta su tono de voz y no se diga su cínica sonrisa, que en determinado momento la había conquistado, pero seguramente esa misma sonrisa era la que le brindaba a la “vieja trepadora” con la que tenía su idilio clandestino. Al llegar y estacionarse se dio cuenta de que su automóvil no estaba y, entonces, los celos comenzaron a invadir su cabeza, cuerpo y razonamiento.

En ese momento sonó el celular de David, el cual contestó:

-¡Bueno!

A lo que una mujer respondió:

-¿Quién habla?

-¿Me podría comunicar con el señor David?

Alejandra replicó:

-¡Eso me pregunto yo!

Y con voz retadora dijo:

-¡Soy su esposa! No la puedo comunicar con él, obvio.

-Podría preguntarle si él tiene el arete que…

Enojada y rabiando de celos Alejandra colgó e introdujo el celular en su bolso. Se bajó del auto y entró como zombi a su casa, los pensamientos iban y venían, ya no había duda, ¡existía otra mujer!

¡Este desgraciado! No tiene vergüenza, cínico de quinta. Al entrar vio preparada la mesa con el pescado a la mantequilla que le había prometido, había un recado escrito con puño y letra de David que decía:
“Cariño: Cambié la batería a tu auto y salí a probarlo en caso de que llegues, espérame para comer juntos, no tardo. Te amo. ”

En esos momentos David llegaba con el automóvil, entró y con su sonrisa de dijo:

-Ale, ya todo está listo, vamos a comer,

Alejandra no sabía qué hacer, lo mejor sería no levantar sospechas, así que se dirigió con paso lento al comedor. David sin imaginar lo que pasaba por la mente de su esposa, le señaló su lugar y amablemente le ayudó a sentarse.
Cuando ya habían acabado de comer, David dijo a Alejandra que por la noche iba a salir con sus amigos, que era la despedida de soltero del hijo de Rodrigo, y que no podía faltar.

Alejandra le preguntó:

¿A qué hora vendrás?

-No lo sé, no te preocupes, quizá tarde pero lo sabrás cuando llegue.

Alejandra no contestó, sin embargo se enojó, su cabeza comenzó a estructurar todo lo que iba a pasar, era mentira lo de la despedida de soltero, seguramente iría a ver a su amante.

Ya entrada la madrugada David se divertía de lo lindo, todos los hombres ahí reunidos hablaban de sus infidelidades, y el turno de David llegó por lo que éste comento:

-Cuando me casé con Alejandra sabía que “era la mujer de mi vida” .

Todos comenzaron a chiflarle, entre mentadas de madre y carcajadas, David calmando los ánimos añadió:

-Si es la mujer de mi vida… “Más no la única en mi vida”,

Los amigos le aplaudieron y le dieron varias palmadas en la espalda, en señal de aceptación de ser parte de la pandilla de Casanovas.

Uno de ellos gritó:

“Me conformo con el 10 por ciento de mujeres que mi esposa piensa que tengo”

Apoyaron el cometario entre carcajadas, silbidos, gritos y aplausos.

David se despidió pues tenía un asuntillo por ahí qué atender, y si no era ahora ¿cuándo? Todos rieron y él con unos tragos encima se retiró.

Alejandra por el contrario vivía un infierno, pensando ¿qué estaría haciendo David? se decía y se repetía constantemente.

-¿Estará con esa zorra? ¡Pero de mí no se burla! ¡Me las voy a cobrar una a una!

Tomó de su bolso el celular de David y vio el número del que había llamado la mujer, marcó eran las 2:40 am, no contestaba, pero insistía, hasta que al fin tuvo suerte, una voz de mujer sumamente agitada se dejó escuchar al otro extremo de la línea:

-Buenoooooo, ¿Quién habla? Mmmmmmm… Así, así, así…

Alejandra escuchó ruidos extraños, besos entrecortados y quejidos de placer.

-¡Desgraciado! ¡Demonio del Averno!, no tienes remedio… ¡Esta con esta zorra!

Pensó, pero no colgaba, seguía inmóvil escuchando esa orquesta de sonidos amatorios, hasta que no pudo soportarlo, colgó y aventó lo más lejos posible el celular, lloró amargamente hasta que se quedó dormida.

De pronto, Ale sintió unas manos sobre su cuerpo que se majeaban torpemente sobre sus senos y su sexo, pero la respiración impregnada de alcohol y el recuerdo anterior de lo que había escuchado, hizo que gritara con todas sus fuerzas a David:

-¡Déjame no tienes vergüenza!

El contestó lentamente como tratando de articular palabra:

-Poquita, pero me la aguantooo…

-¡Además vienes borracho! ¡No te has bañado!

David contestó:

-¿Pa´ qué?, vengo oliendo al bouquet de lo que disfrute hace unas horas…
Alejandra le dio un aventón y como pudo a gatas se pasó al otro extremo de la cama, diciéndole:

-No te atrevas a tocarme, mucho menos a abusarme, no quiero hacer el amor contigo, me das asco, hueles a hotel barato, que no te llenas con una, olvídate de que yo vuelva a estar contigo: ¡Quiero el divorcio!

Sin embargo, David no contestó ninguna de sus ofensas. Sus ronquidos la hicieron entrar en razón, ¡el cínico se había quedado dormido!, Alejandra no sabía si dar gracias o maldecirlo doblemente, no sabía si reír o llorar, pero el enojo y la frustración comenzaron a invadirla:

-Mal nacido, ¿cómo es posible que te hayas quedado dormido?

¿Acaso ya no era tan bella como hacer sentir a David un deseo incontrolable de poseerla? No… la respuesta es que ya está viejo y viene de estar con la “zorra”,un doblete y en su estado era imposible.

A la mañana siguiente había quedado de ver a su amiga Vero, para contarle su desgracia y desilusión, en la “Casa de los Azulejos”. Después de hora y media de explicarle detalle a detalle toda la historia, Verónica como buena confidente aprobó las decisiones de su amiga y aún echándole más leña al fuego externó:

-Ay amiga, “piensa mal y acertarás”. Ya te la hizo una vez, y lo perdonaste, recuerda “Árbol que nace torcido, jamás su tronco endereza”.

En ese momento Ale recibió una llamada de su casa a su celular, era David, le preguntó si había visto su teléfono y ella contestó:

-No, no tengo ni idea de donde esté.

Incluso le sugirió:

-Marca desde casa y debe de sonar, así sabrás donde está.

-Gracias Amor, ¿Sabes? Tengo que salir voy a tardar hoy no comeré contigo, disfruta tu día, “Te Amo”.

Colgó y comentó a Verónica:

-Seguramente se va a ver con esa

Vero la calmó y siguió escuchando la desgracia de Ale.

Después de cinco horas de lamentaciones, las amigas decidieron que era tiempo de realizar unas compras, para poder olvidar un poco la angustia, el dolor, la tristeza, los celos, el odio, la decepción y demás emociones que David había generado en el corazón de Ale, ambas se despidieron. Era la hora de la verdad, Alejandra tenía cita con el detective.

La entrevista con el investigador era fundamental, había resultados y los tenía en su poder, dentro de su auto lentamente abrió el sobre color paja y comenzó a leer, el contenido era desde las 7:00pm del día anterior, hasta las 18:00 hrs de hoy, sus ojos buscaban ansiosamente las horas en que había salido al supuesto evento con sus amigos, y efectivamente confirmaba que había estado bebiendo con sus amigos, y que al salir se dirigió a su casa.

-Entonces, ¿él no estaba con la zorra?,

Hoy había salido con una mujer de edad, pero la dirección que daba el investigador era la de la madre de ella, ¿cómo era posible esto? ¿No lo podía creer? Al fondo del sobre sintió otro sobre pequeño, eran unas fotografías que confirmaban los hechos, pero en una de ellas se veía claramente que a su madre le faltaba un arete y ésta iba acompañada de su enfermera, joven mujer amante de un striper, que desde hacía unos meses la atendía.

Alejandra sintió como si le hubieran vaciado un balde de agua fría, se asumió culpable por no confiar en su marido, por lo estúpida e imbécil que había sido en llevar y actuar de esa manera tan inmadura. Se sentía peor que rata de alcantarilla de Tepito, avergonzada por tanta tontería que hizo en tan poco tiempo, se dio cuenta que aún traía arrastrando las cadenas del pasado ¡era hora de soltarlas!

Al llegar a su casa, David estaba preparándose su delicioso café, dejó las llaves del auto en el comedor y sigilosamente entró a la cocina, lo abrazó por detrás como ocultando su vergüenza y culpabilidad, sin embargo, David le preguntó:

- ¿Sabes? He visto a tu madre y me preguntó si vi en mi auto uno de sus aretes, le dio órdenes a su enfermera para que preguntara pero no tuvo respuesta.

-Yo encontré el arete en tu auto, después se lo entrego.

David se volteó y con su gran sonrisa le dijo:

-Cariño, ¿hoy no te encontraste a un imbécil que te hiciera pasar un mal rato?

Ale con lágrimas en los ojos le contestó

-No amor, acabo ahora mismo de abrazar al hombre que amo y me ama a pesar de mis arranques de locura y enojos sin justificación.

Éste sonrió, y le dio un apasionado beso, Alejandra correspondió con la misma intensidad, dejándose llevar por las caricias ardientes y sensuales de David. Ahora ya no había duda, ese hombre era el amor de su vida.

El exquisito aroma del café comenzó a impregnar el lugar y ser fiel testigo de la entrega de la pareja.

ALTAÍR.- Martha Schumacher

ALTAÍR

Martha Schumacher

Altaír era una estrellita que sólo alumbraba en otro mundo diferente al nuestro y muy lejos de nosotros. Me atrevería a pensar que a muchos años luz de distancia.

La trajo una fuerza inexplicable que en su trayecto le fue restando masa y que, aún reducida en su volumen, amenazaba con destruir a la Tierra. Por prodigios del destino, chocó con otro astro y se desvió hacia el infinito, desprendiéndose solo una partecita que vino a caer, en una tarde muy tranquila y soleada, en un inmenso océano…

Al entrar en contacto con la atmósfera, se produjo una explosión de partículas luminosas, encendidas como fuego, que caen al fondo del mar y de entre ellas aparece una rara pero hermosa criatura que se rebela porque al no ser suficiente para ella el estar aquí viviendo, desea quedarse en un sueño plácido arrullada por el suave movimiento de las profundidades y no despertar jamás. En su sueño inconsciente cree haber vivido ya una vida.

¡Yo soy una mujer! me llamo Altaír y vengo del Cosmos y del agua, de donde viven o habitan los espíritus, donde las campanas y los cristales del cielo se encuentran con el sol y las estrellas y donde todo lo más bello, que es la luz de la esperanza, existe.

Allá en ese mundo hay árboles de coral y las frutas rojas, azules y amarillas alumbran un jardín lleno de arenas blancas y pedacitos de rocas de otros planetas. Y, siendo hija del Universo un día caí en la Tierra donde fuí despertada por el bello sentimiento de una voz armoniosa y musical. Ésta me hizo sentir de pronto muy dichosa y al mismo tiempo, sin saber por qué, también muy triste.

Sus primeros conocimientos los obtuvo de su vida en el mar. Muy en las profundidades convivía con peces de todos colores y plantas que en su hábitat le daban cobijo y alimento. Para ella nada le era extraño, nadaba un sinfín y coleccionaba estrellitas de mar.

En cierto momento quedó envuelta en una burbuja que la protegía, dejándose llevar por corrientes de aguas calientes hasta llegar a la cercanía de de una isla donde una ola gigante la arrolló, arrojándola a la playa.

La burbuja estalló, al igual que su llanto.

¿Dónde estaba?

Había perdido ya la noción de todo, se sentía sola y extraña en un mundo que no conocía.

Escuchó dentro de si una voz que le decía: Altaír… Altaír ¿quién eres tú, que has nacido aquí como mujer?

Al vagar por los bosques, las selvas y los campos, los árboles se transformaban en Duendecillos, espíritus y fantasmas que la acompañaban con muchas voces distintas que la hacían reír y jugar, además de que la alimentaban con frutos que caían de sus ramas.

Cuando en las noches refrescaba, cubría su grácil cuerpo con las hojas de las palmeras, mientras que en el día usaba un vestido tejido de las fibras del henequén o de agaves.

En la isla de Altaír se juntaban todas las especies de flora y fauna, como si fuera una de las Galápagos.

Cantaba todavía las canciones de la voz que la había hecho despertar cuando…

Un Príncipe cabalgaba y al escucharla se detuvo. Al verla se enamoró al instante de ella y ésta, al mirarlo, sintió miedo pero le sonrió candorosamente al saberse que no estaba sola.

Volvió sin embargo a temerle, sin saber por qué, pues tuvo sentimientos encontrados de protección e inseguridad, ya que hasta entonces había podido sobrevivir sola y ser feliz.

De pronto se sentía perdida, más que cuando llegó y no sabía si correr o quedarse. El era alguien como ella ¿acaso ese que había deseado y soñado para no estar sola en el mundo?

El Príncipe le dijo:

–Nunca he visto en estas tierras a alguien más bella que tú. ¿Quién eres y de dónde vienes, estás perdida?

Sin entender el sentido de sus palabras, pero sintiendo que eran buenas, Altaír contestó:

-Perdida en la bella Tierra

-Ven conmigo, has de tener hambre y cansancio, yo puedo llevarte en mi caballo,
así conocerás mas gente y a mi pueblo.

-Gente con hambre y cansancio –contestó ella.

Cabalgó con él por praderas y montañas, bosques, ríos y riachuelos y playas encantadas. Y llegando al pueblo, aprendió de la gente el idioma.

Siempre que le preguntaban ¿de dónde eres Altaír?

Ella decía: De las olas del agua que están en continuo cambio y movimiento, del murmullo de una voz muy bella que trae el viento, de los cantos del amor, de las estrellas y del Universo, de los mares…

Pensaron todos que era una encantadora, mentirosa, soñadora y la aceptaron sin más, enamorados de su belleza e inocencia. Y allá en el pueblo donde había desesperanza y aflicción, trajo consigo mucho optimismo y pasión

La gente del pueblo escribía versos, componía historias y hablaba de leyendas. En la imaginación encontraban los sueños realizados y en su corazón su agradecimiento.

Altaír les resultó de pronto un ser milagroso, una musa de inspiración.

Cierto día, mirándola fijamente a los ojos, el Príncipe le dijo:

–Posees alma de niña siendo mujer y puedes ver nada más lo bello de este mundo ¿Acaso nunca has sentido dolor? Yo quiero que seas mi Princesa, para poder ver siempre tu belleza y gozar de tu bondad.

–Con nada en esta vida sería más feliz que contigo, cabalgando juntos y por siempre por los pueblos, por el mundo, por la vida…Sintiéndome de ti protegida –respondió

La ceremonia era un acontecimiento muy especial para el pueblo, el cual había hecho con entusiasmo todos los preparativos para que en la plaza principal del reino fuera el festejo, cuando…

Los espíritus y fantasmas llegaron, pero ellos solo gimieron y lloraron, diciendo:

–Princesa bella princesa, “La magia y hechizo son pasajeros…” y tú lo sabrás

Al prometerle Altaír amor eterno a su Príncipe, hubo estallido de fuegos artificiales y las copas de champaña chocaron y, sin ninguna explicación al mismo tiempo hubo ¡relámpagos y truenos! que hicieron que la gente presurosa se refugiara del chubasco, bajo los portales del inmenso Castillo, parecía que de pronto se presentaba ¡un maleficio…un hechizo!

Y, así al recibir la corona de su entronización como Princesa, súbitamente cayó Altaír, ante el asombro de todos, pálida como el vestido blanco que llevaba.

Bella Flor, pensaban todos asustados, ¿qué pasa en tu corazón?

Una vez recuperando de nuevo el conocimiento, Altaír se levanta y dice:

-Yo soy hija del Universo y aquí conociendo las diferentes criaturas del mundo goce y fui feliz… Ahora me doy cuenta porque he sido enviada a la Tierra. Mi corazón ahora siente lo que puede ser el dolor de perder lo que se ama. Responsabilidad para con los otros… conciencia sobre lo bueno y malo de este mundo…Y yo no sabia que todo esto pesara tanto, que fuera tan difícil poseer un alma.

El Príncipe y los demás sonrieron, y la fiesta de bodas continuó…

Un arcoiris iluminó a todo el pueblo de colores… multicolores que llenó ese pequeño espacio en este mundo de armonía y de hermandad.

Cada color era un camino, una canción, un verso.

…En cada camino una vida… porque así vamos en esta vida con nuestro corazón envuelto en los colores del amor.

ADRIANA MUÑIZ. Modelo, Hija, Esposa, Madre, Amiga

adrianaqepd[1]CONDOLENCIA: Verano de Letras presenta sentida y sincera condolencia a la familia de Adriana.

Veano de Letras ¡clama justicia!

Blog publicado en:

Retos Femeninos.

Adriana Alejandra Ruíz Muñíz, nació en la calle tercera de la zona centro de Tijuana el 25 de Julio de 1979.
Desde pequeña soñaba con ser modelo, al paso del tiempo su naturaleza le fue favoreciendo y poco a poco se convirtió en una bellísima jovencita. A la edad de 15 años, Adriana ya era contratada para fotografía, haber crecido entre personas cultas y creativas, entre los mismos amigos iban paralelamente surgiendo modistas, fotógrafos, videoastas, etc.
Mismos quienes en sus principios, pedían a Adriana como modelo y ejemplo para sus diseños. Con el paso del tiempo, para luego iniciar cursos de modelaje, comenzó de manera profesional a trabajar en pasarela, modelo de maquillaje y belleza, siempre con la idea de seguir con una carrera internacional como modelo de pasarela y retrato.
A sus 22 años, participó en el certamen Nuestra Belleza 2001, no siendo seleccionada, en los medios de comunicación la catalogaron como “la reina sin corona”. Lanzando una carrera que veía muy prometedora, apareciendo en un sinfín de comerciales, panfletos, volantes difusivos, etc.
Para luego… dos años después, conocer el amor de pareja y un año más el amor de madre. Provocando en ella la necesidad de crecimiento, fortaleciendo su idea de proveer y cooperar tanto a su pequeña familia como a su Madre, misma que hasta el día de hoy, cuida de su Esposo quien había sufrido de una embolia dejándolo parapléjico.
Ya con unos cuantos años de experiencia como Edecán, Adriana Ruíz vio, que trabajando como tal le proveía ingresos seguros, mismos que compartía con su familia después de la separación de su esposo. Un detalle muy importante por mencionar, su carrera primordial siempre ha sido como “modelo profesional”.
Lo más reciente de Adriana, dentro de sus planes a corto plazo, después de conseguir herramientas como un buen auto, mejoras en su hogar, distintos disfraces, etc. El comenzar con un ahorro para abrir su propio negocio con una cafetería gourmet.
Mientras trabajaba en evento tras evento, como toda buena madre multidisciplinaria, a su vez era contratada para modelaje e imagen. Y al mismo tiempo, balanceaba su vida entre el cuidado de su hijo, su madre, su padre y una carrera del cual físicamente es desgastante.
Adriana Ruíz Muñíz, a tan sólo 30 años de edad, fue privada de su libertad para luego terminar con su vida, de una manera incomprensible, ya que Adriana era una joven – mujer, intachable, honesta, trabajadora, etc.
Tal vez su aspecto, las especulaciones y testimonios por personas ajenas a Adriana y la combinación de estos sucesos devastadores, provocaron la etiqueta errónea de su persona. En efecto y de manera innegable, Adriana Ruíz era una mujer muy bella, camaleónica en su vestir y por su espíritu libre le permitía trabajar en un área de las relaciones públicas que exigen el vender la imagen sensual.
Lejos de ello, Adriana en su vida cotidiana, era una mujer, madre de familia y exitosa proveedora de hogar. Buena amiga, honesta y sincera. Sin negar y como cualquier ser humano, poseemos la capacidad de en momentos ser de carácter fuerte, no por ello, mereció lo sucedido.
La familia y amigos reales de Adriana Ruíz, piden de la manera más atenta, el conocer las diferentes facetas de su vida, en apoyo a la masificación de información verdadera tocante a su persona. Ya que, y a pesar de malas intenciones por parte de terceros, Adriana siempre se mantuvo limpia de malos pasos, siempre en mira de un buen futuro para ella y su hijo.

Muchas Gracias
¿Y ahora que prosigue?
JUSTICIA

ARTE, ARTE, ARTE Y ARTE !!!

¿SOY UNA PSICÓPATA?.- Irasema Ramírez Infante


¿SOY UNA PSICOPATA?
Irasema Ramírez Infante

Con palabras puedo crear cualquier escenario, con palabras se puede crear una historia perfecta, dolorosa, aburrida o emocionante, pero jamás olviden que estas palabras deben quedarse dentro de nuestra cabeza, tal vez postrarlas en un papel, pero no hay que intentar que nuestra historia de la vida real sea así. Hoy no escribiré respecto a lo que siento. Esta vez escribiré acerca de lo que existe muy escondido en mi mente.

En estos instantes de lucidez, que me ha dado mi retorcida mente, me dispongo a tomar un lápiz y contar esa historia que me ha traído hasta aquí; a este manicomio…

¿Te gustaría saber mi historia?

Mi nombre es Aisha, tengo 18 años, es increíble cómo el paso de los años es como un delgado hilo que cuando lo cortas ya nada vuelve a su lugar jamás. Esto fue así:

No sabía dónde estaba, no podía ver, todo estaba oscuro, tan irreal, tan efímero como mis deseos que se desbordan por ser cumplidos, caminé de un lado al otro, nunca había tenido esta sensación de calidez, toqué centímetro a centímetro lo que había a mi alrededor con los dedos de mis pies, estaba segura de que me habían encerrado; no podía dejar de pensar en la sensación que tenía en los pies, era tan suave, que parecía que caminaba sobre algodones de azúcar, me tropecé y caí, fue como haber caído sobre las hermosas nubes que me encantaba ver, cuando el sol comenzaba a ocultarse. La oscuridad de este lugar me recordaba a mi cuarto, donde fui recluida por años, era frío y una soledad impresionante se abalanzaba sobre mí. A la ahora que intenté levantarme, me di cuenta de que mis brazos no podían moverse, dentro de mi corazón sentía una angustia inimaginable, desesperación y coraje, todo era tan silencioso que lo único que escuchaba era el incesante latido de mi corazón que a cada segundo latía mas rápido, era como si mi corazón deseara salir corriendo de mi cuerpo y escapar.

Cuando pude incorporarme caminé otro pequeño tramo, con miedo de chocar o caer, como lo hace un niño la primera vez, mi cabeza tocó algo que hizo que me desconcertara un poco. Era la misma sensación que sentía en mis pies lo que sentía ahora en mi frente, tan suave. De pronto se abrió una especie de puerta, de ahí venía una gran sombra, un hombre de mediana edad, corpulento, la luz que salía de ese lugar me deslumbraba y no me permitía ver su rostro, se acercó hacia mí, a cada paso que daba mi corazón se agitaba rápidamente y comencé a temblar, me tomó por la espalda y me sentó en una mesa que apenas podía distinguir, me dio de comer, me sentía perdida, desesperada no sabía dónde estaba, ni por qué estaba ahí. Entré en estado de desesperación y no pudo darme más que un sorbo de agua cuando vi que sacó una gran jeringa de su ropa y me la inyectó, sólo sentí como todo se nublaba poco a poco y no recuerdo nada más.

Cuando desperté me estaban bañando, una suave toalla pasaba por mi rostro y cuerpo, limpiando, había llagas en mi cuerpo, que dolían cuando pasaban la toalla, mis costillas sobresalían tanto que no podía evitar sentir horror de verme, mi piel era tan ceniza, mis ojos parecían estar sangrando, cada centímetro de mi cuerpo parecía estar golpeado, escuchaba una dulce voz, que decía que todo estaría bien, eran palabras como de una amorosa madre que alienta a su hija a no dejarse caer. Entonces recordé que mi madre nunca hizo eso y comenzaron a pasar imágenes de cuando era pequeña.

Cuando estaba en segundo de primaria, recuerdo que no tenía amigos, todo mundo me llamaba rara o monstruo, no era la típica niña que hablara de muñecas, me gustaba dibujar, pero a nadie le gustaba lo que dibujaba, a mi no me gustaba lo que soñaba y era lo único que mis manos dibujaban, podía despertar gritando, o golpeada. Siempre fui muy callada, no había para mi otra cosa que dibujar, leer, vivir en una burbuja que aislaba todo de mi, no sabía qué hacían con mi cuerpo, no sabía qué pasaba o lo que decían, solo un sentimiento muy peculiar se iba guardando poco a poco y con el paso de los años, su silencio fue cada vez mas frío. Preguntabas algo y sólo obtenías una mirada, estaba muerta, ¿Y? ¿Por qué me siento hoy tan viva aunque esté aquí? Sentía una gran paz, lo recuerdo muy bien, ya no había nada que oprimiera mi pecho, ni tampoco había algo que me hiciera sentir angustia como antes, recuerdo vagamente qué fue lo último que escribí, espera creo que puedo contarles un poco, así iba mi escrito :

Te veo ahí parado, sé que nunca podré dejar de verte, ahí estas en cada instante de mi vida orgulloso de la basura que eres como persona, hasta el mismísimo demonio te repudia, no perteneces a ningún lugar, marcaste la vida de muchos niños y tal vez estés suelto por el mundo, pero la vida cobrará lo que le pertenece, eres el ser más despreciable que conozco y siempre escudándote ante tu enojo, ¡Me das asco! ¿Te imaginas, tienes una pequeña, crees que pueda hacerle lo mismo a tus seres queridos, dime qué crees sentir?

Te voy a hundir así como me hundiste a mí. Voy a volver deplorable tu vida como tú volviste la mía, dejaré que tus lágrimas caigan como ya han caído las mías por tanto tiempo. Dime ¿qué se siente ver cómo toco a tu hija o como golpeo a tu esposa? Despertaste a algo dentro de mí que no puedo detener, ni controlar, tú eres el único culpable de que esta bestia sin sentimientos, ahora sea el monstruo que nunca nadie vio ¿crees que me tocaré el corazón por una pequeña, tú no lo hiciste, por que yo si? Por qué no hiciste con alguien que al menos se pudiera defender, lo más delicioso de esto es ver tu cara cuando la sangre de esa pequeña va cayendo gota a gota, hasta que simplemente sus ojos se cerraron por completo… ¡Gritabas con desesperación!, ¿Te parecen familiares los gritos? Observa como sus vidas se esfuman, como corto poco a poco su cuerpo dejando correr su sangre entre mis manos, con esta sonrisa que me da paz…

No recuerdo más, sé que quería colgarme pero nunca pude hacerlo, ni tirarme de la azotea. Creo que ni siquiera podía hacerme un rasguño, fui muy chillona. Aquel día por la mañana, temblaba del coraje, sé que estuvo ahí, lo vi. Me observo toda la noche por la orilla de mi habitación, hasta que me ganó el sueño y no vi más que rasguños en mi cuerpo, al despertar. Había una gran palabra en mi cabeza “Odio”. No podía pensar en otra cosa, temblaba y temblaba, tomé un cuchillo entre mis manos y me senté en la esquina de mi cuarto, a lo lejos vi que se acercaba, ¡Yo iba a matarme!, pero al verlo, simplemente salté hacia él. Vagamente recuerdo que todo mundo me rodeaba cuando desperté, solo era un sueño un simple sueño, ¡Yo no hice nada!, él me lastimó. Sé que puedo sonreír porque, que por algo chistoso, me siento en paz aunque este encerrada.

Que la oscuridad sea vuestra protectora en esta selva de violencia.

MURIEL&ANDREA.- Ana Jiménez


MURIEL&ANDREA
Ana Jiménez

Para conocer bien a alguien, incluso conocerte, es necesario ser, simplemente ser, o vivir dentro de esa persona. Mi nombre es Muriel, vivo en Andrea y cada día lucho para que sea quien es, sin que esté esperando a ser aceptada por los demás. ¡Y quién mejor que yo para contarles lo que ha sido un poco de la vida de Andrea.

Ella es mi gran amiga. Sus ojos llenos de luz, de miedos, de amor por el mundo no me ven, sólo me sienten. A veces hay agua en sus ojos, cuando siente que no es querida por quien ella quiere, que no es la mejor hija para su mamá, aunque para su papá si lo era, ya que lo consintió de más. Qué resultado ese de ser consentida de más, porque se mal crío y ser malcriada le creó dudas, miedos y vivió en un mundo irreal, donde en verdad hizo lo que quiso, y como le decían, haces y deshaces niña berrinchuda. Cómo disfrutaba el desafiar a todos y hacer lo que su corazón le ordenaba. Yo siempre ahí, pendiente de que no lastimara a nadie y que sus caprichos sólo los pagara ella y nadie más. Y sí que le han costado muy caros cada uno de sus berrinches.

Quiero confesar que me he enamorado de Andrea, por esa batalla de ser mejor, de cambiar lo malo por lo bueno, más que cambiar por ir integrando esas partes negativas que no le llevaron a nada bueno en el pasado, pero que al revisarlas le ayudan a ser lo que quiere ser aquí y ahora.

Cuando las cosas trágicas le suceden, como le llamamos a los momentos en los cuales sentimos que el mundo se termina, que la sincronía de la vida no es tan perfecta, que la vida da tantas vueltas para Andrea vemos que el amor, ese amor que desde pequeña le contaron, como la meta de casarse, el príncipe azul etc. no ha llegado y piensa que no es a lo que vino a este mundo, se dice una y otra vez frente a su espejo: Nunca has sentido ese amor verdadero, sincero y de quienes lo dan todo por ti. No estés triste, simplemente cree que no es lo primordial para tener una vida plena, ya que no se extraña lo que no se ha tenido. Sé tú y vive tus días contigo, conoce mas de ti y ámate y perdónate.

Con el tiempo fue conociendo su cuerpo y le pareció que ver los colores de la vida es muy placentero, se dio por vencida en insistir en la necesidad de alguien para complacerlo, empezó a buscar cosas que realmente le llenaran: ver un pajarito tomar agua, ver el cielo, tocar el aire, escuchar las hojas de los árboles, ver que en las manos tenemos hologramas, viajar y conocer gente, conversar… Esa es su búsqueda por seguir sintiéndose viva.
Entendió el sentirse realmente plena, con todo esto, eso es lo que para ella es la felicidad: La Fuente de su vida, respetando a quien le guste compartir con alguien lo que tenga que compartir. Para Andrea lo más sencillo fue conciliar sus defectos y virtudes. Aprendió a estar en silencio.

¿Cuántas veces queremos parar el tiempo, para qué? ¿Será porque en ese momento estamos bien?
Ya no, ya no quiere parar el tiempo, ahora le suma al tiempo cada experiencia y lo aprendido, para seguir conociéndose y compartiendo sueños, risas fantasías sola o con quien le toque estar.

Y fue una noche con luna llena que salió a pasear a pensar en ella, en quién quería realmente ser, en descubrirse, sentir su esencia. Se quedó dormida y en su silencio, cuando fue sincera y entre tanta confusión, creía que me sentía. Yo la veía y deseaba tocarla, besarla, mis manos pasaban por su rostro y su perfil perfecto. Su aliento, su olor me enloquecía, no podía hacer nada, sólo verla y fue en la madrugada que despertó y estaba yo. Tal vez ese deseo me hizo ser humano, sin embargo ella no podía tocarme sólo escribió que tuvo un sueño. Para mi fue hermoso saber qué vio en mi… Ella escribió esto:

Hoy tuve un sueño, vi a un ángel hermoso con cuerpo de mujer, era exactamente ese cuerpo y cara angelical con una mirada profunda, manos delicadas, tranquila y esa paz que solo ella posee. Estaba sentada en mi mueble morado, cruzada de piernas, con un vestido blanco egipcio, su cabello lacio y negro, viéndome y sonriendo me decía: has caso a mi voz, tienes todo para ser feliz todo, no esperes a morir y darte cuenta de que aquí también se puede ser feliz. Mejor, cuando mueras, comparte conmigo lo que aquí hiciste, vive tu experiencia en la Tierra. Ya estás despierta, ves más que los demás, esas son tus señales de vida, síguelas hazles caso, no temas, que el miedo sea tu peor enemigo y mantenlo lejos de ti. Tu integridad no la pierdas, rescata tu voz y que la voz que te ataca sea la que te siga guiando para lograr tus metas… escúchala y que no te venza nadie jamás.

Cuando despertó sonrío y seguía escuchando una voz que al oído le decía: no sabía que tú también eras un ángel. Dios mío gritó, qué es esto… Realidad o irrealidad, Tiro lo que en sus manos tenía ya que vio una nota dejada sobre el sillón:

Fantasía es cuando algo no es real, realidad es cuando tu fantasía ya fue, tus dedos llevan mi esencia, tu lengua mi olor, mi sabor tu tacto, en tus blancas y sedosas sábanas disfrute tu miel, voy a regresar por ti, no serás de nadie ya.

Así pasaron más días, Andrea cada vez más convencida de sentirme de ser solo un ser humano viviendo experiencias humanas, de sentir sin miedos sin el qué dirán, ya que aún confundida se dejaba llevar por lo que sentía, el ser y de no tener miedo a lo que pensaran de ella por sentirse diferente o loca por amar a ese ángel que en sus sueños le ayudó a ser quien es. Y cada noche se vestía para Muriel

La última nota que dejé:

Gracias por calmar mi llanto, tu agua es mi agua y las descargas que una y una más me hiciste con tus labios, no dejar de vibrar aún en mi, regresa como cada noche a darme un baño de tu dulzura, a embarrame de ti y de tu locura, contigo las horas son largas, todos mis sentidos se disparan por ti y el tacto se vuelve olor y el color en tu sabor, ven para saborear de tus latidos y que tus labios vean mi interior.

Y yo Muriel dejaba notas de lo que en realidad ella vivía y no conmigo…

Me creó y me inventó para ayudarse a ser esa gran mujer que ahora es…

Todo lo que he vivido desde niña tiene una razón de ser. Simplemente tenía que conocer todos los personajes en mi y a las amistades que han pasado a mi lado, para crecer como ser humano. No temo si de mi se van algunas personas que no entiendan mi forma de sentir y mi pasión por la vida. Si se quedan seré feliz y si se van también lo seré. Y sé que al final de mi camino me convertiré en un ángel con alas para volar y ser libre… Pero antes lo tengo que ser en la Tierra: ¡Libre, libre!

SOBERANA DE MI VIDA.- Angel Guerrero

SOBERANA DE MI VIDA

Ángel Guerrero

Estoy aquí envuelta en un remolino de emociones, sorbo un poco de café y siento cómo el calor de la bebida me tranquiliza. ¿Cómo puedo regresar a mi pasado? ¿Tendrá caso? Me hago miles de cuestionamientos y no encuentro ninguna respuesta, lo único que quiero es comprender, entender las razones de tanto y tanto dolor.

Miro a mí alrededor, la gente parece tan inmersa en sus pláticas, ajena a todo lo que pasa y vuelvo a sentir la peor de las soledades: la que se vive en compañía. ¿En qué momento pasa? Cuando nos olvidamos de mirarnos, de sonreír, de entender que nos encontramos en un solo proyecto en el cual todos fuimos diseñados para ser felices, pero la desesperanza nos ha ganado. Cuántas veces necesité del apoyo de un desconocido, de poder contar mi historia sin sentirme juzgada. Pero nunca existió ¡y lo eché tanto de menos!

Sé que se ha abierto la conexión con el pasado, lo sé porque ya no encuentro paz, se volvieron a abrir heridas que creía sanadas, siempre me auto nombraba sobreviviente. Pero nadie puede vivir sobre un panel de arena donde en cualquier momento un recuerdo haga volar lo construido. Bebo otro sorbo de café, pido la cuenta y al mismo tiempo resuelvo enfrentar mi pasado, con el único objetivo de reencontrarme.

Voy manejando de regreso a casa, el tráfico es tan pesado que me permite leer todos los anuncios del Periférico, todos los días lo hago, pero hoy mi vista se fija en un espectacular que anuncia vinos y escrita está la pregunta, ¿y tu quién eras hace 20 años? Hice el cálculo mental y solo sentí una contracción en el estómago: En ese entonces, sólo era el reflejo desvirtuado de la mujer ideal de Martín. El hombre que casi todas las mujeres tenemos en nuestras historias, el que fue capaz de hacerme sentir la peor mujer del mundo, el que con golpes me decía que me amaba y el que se robó todos mis sueños de adolescente enfrentándome a una realidad absurda, en donde mi único pensamiento que rondaba en mi mente era el de quitarme la vida.

Una fuerte explosión de emociones me hace un nudo en la garganta, éste viaje al pasado se ha iniciado y es inevitable. Recorro el trayecto a casa y recuerdo que solía caminar por la zona residencial de Satélite para llegar a la preparatoria, todos los días soñaba con vivir en una casa así, pero con una sola moneda en la bolsa del jeans y el devaluado concepto que tenia de mi misma, simplemente el soñarlo, se volvía aplastante. Dos calles adelante oprimo el botón programado en mi camioneta que abre el portón eléctrico de mi casa. Un bienestar indescriptible me embriaga, ese vago recuerdo me había hecho consciente de que uno de mis grandes sueños es ahora una realidad.

Desde la ventana de arriba, Paco agita sus manitas lleno de felicidad por mi llegada. José Francisco, quien está próximo a cumplir cuatro años, a pesar de ser un niño sus facciones son varoniles, sus ojos son grandes y profundos, en su mirada he descubierto la forma perfecta del amor, mi reflejo en sus ojos es el de la mujer perfecta, él no alcanza a detectar un error capaz de disminuir la mas pequeña de mis virtudes.

Qué felicidad llegar a casa, se escucha música de regatón en la recamara más alejada de la entrada, es donde duerme Bonita, mi hija mayor, como le llamo a Mónica, quien baja saltando la escaleras de par en par, platicándome lo que ha sucedido en el día y los planes para salir el fin de semana. Se cuelga de mi cuello con un fuerte abrazo, me llena de besos y corriendo regresa a su recámara a conectarse a su chat, sin haber resuelto nada de nuestra conversación. Veo cómo se aleja brincando como un pequeño venado. ¡Es tan hermosa! Su cuerpo delgado y bien formado, en conjunto con su carita angelical, le dan una belleza cándida, propia de su edad, es tan parecida a mí físicamente, lo atribuyo a que durante su infancia era yo su universo, adquirió mis gestos, mis expresiones y eso la ha marcado de tal forma que se ha reflejado en su personalidad. Pero en cuanto al carácter, me hubiera encantado ser como ella: Disfrutar la vida sin preocupaciones.

Ellos son el faro de mi vida, mi motor y la razón de mi lucha, forman parte intrínseca de mi existencia. Si hoy Dios me diera la oportunidad de volver a empezar, seguramente escogería el mismo camino con tal de volver a ser la Madre de mis hijos.

Ya en mi habitación, miro mi reflejo, estoy cerca de los 40 años y aún mi cuerpo luce fuerte gracias a la disciplina en el ejercicio. Mientras me desmaquillo, analizo mi rostro en el espejo, mis ojos negros expresan una inmensa melancolía, confirmo que cada día que pasa me parezco más a Mamá, trato de sonreír ante el espejo y descubro cómo se ha convertido en una mueca. Solo tengo la convicción de que seré feliz. El concepto de felicidad que hoy entiendo, no tiene nada que ver con el príncipe azul ni con el vivieron por siempre felices. Hoy sé que ser soberana de mi propia vida es lo que me hace feliz. Es precisamente por esa libertad que debo regresar a mi pasado y cerrar todos los círculos.

Qué difícil es comenzar a sacar de lo más recóndito de nuestra memoria los recuerdos, mi sistema se niega a la primera a dejarlos fluir; lo tengo que lograr quiero enfrentar mi pasado, rescatar a la niña pequeña que se quedó atrapada en el pasado y platicarle todo lo que he avanzado, transmitirle la esperanza de un mundo mejor. Ella se quedó en un instante de violencia, de impotencia e infelicidad. Tengo que regresar, tengo la certeza que al estar unidas volveré a sonreír, a confiar y a dejar de sentir esa inmensa desolación que me ha acompañado durante muchos años.

Hoy, a pesar de todo, recuerdo mi pasado con agradecimiento, he llegado a la conclusión de que el crecimiento sólo se obtiene viviendo al límite, probando a cada instante la resistencia al dolor, a la desesperanza y a la soledad. Después de todas las experiencias buenas y malas, hoy sé que mi crecimiento tuvo un precio, el más alto de todos, la independencia. Que irónico, países luchan por ser libres e independientes, miles de personas anhelan esos sueños; yo, hoy lo logré, pero no consideré que es el camino más solitario, elegido para llegar al autoconocimiento y entendiendo que la prueba más difícil, es el encontrar al compañero de mi camino, quien en silencio comprenda mi dolor, abrace mi esperanza y comparta mi libertad de vivir.

AZUL TOPACIO.- Marilia Villarreal Garza

AZUL TOPACIO

Marilia Villarreal Garza 

Mi ciudad se despierta tempranito y oliendo a flores y, hoy no es la excepción.

Recorro las oscuras calles casi desiertas del centro, mientras observo la hora en el reloj que cuelga sobre la Catedral: son las 4:35 de la madrugada, escucho el parloteo de las aves que recién amanecen y poco a poco abandonan las copas de los frondosos ramones que circundan la explanada frente al mercado principal. Me dirijo con pasos aletargados hacia el interior y con solo poner un pie adentro, el ambiente se transforma en gran algarabía con gente gritona que, contrarios a mi, se mueven de un lado a otro acomodando la mercancía en los puestos coloridos. Al fondo se escucha una música bastante tropical para la hora que es… salgo corriendo, retomo mi camino apaciguado y noto que lo negro del cielo se torna azul topacio para darle luz a un nuevo día. Poco a poco se apagan los candelabros que penden de los postes, el viento sopla fresco sobre mi rostro mientras una llovizna ligera humedece el ambiente e inmediatamente huele a tierra mojada.

Bienvenido un nuevo día, pienso.

Me aproximo al café Aromas que apenas abre sus puertas y me siento en una mesita coqueta junto a la ventana, animadamente pido un café turco que me hace abrir los ojos y me deleito del aromático líquido, el cual acompaño con una galleta de almendras recién horneada que huele y sabe bien.

Mientras saboreo y doy gusto a mis sentidos, puedo observar a través del ventanal, ahí junto a una gran casona justo enfrente de donde me encuentro mientras reflexiono sobre cómo la historia de una ciudad puede entreverse a través de su arquitectura, ya que esta es el resultado de los cambios y la evolución de las sociedades. Cavilo y a la vez enfoco la mirada para deleitarme con esta construcción típica de las casas construidas en el siglo XVIII con influencias de españoles y franceses incluso algunas de ellas con sabores Arabescos. Esta en particular se nota recién remozada luciendo hermosa e imponente como, imagino, en sus mejores tiempos.

De pronto me remonto a esas épocas en donde los Meridanos se trasportaban en calesas jaladas por elegantes caballos que transitaban por las calles empedradas entre los barrios históricos de mi ciudad; barrios con tanta nostalgia e historia como el Barrio de Santiago, lugar de mestizos y españoles; el de Santa Ana, sitio de artesanos y jornaleros durante la época colonial; el de la Ermita de Santa Isabel con sus calles adoquinadas y de gran tradición y el de Santa Lucía lugar donde los trovadores se reúnen desde entonces a entonar una serenata a la ciudad.

Puedo imaginar a las personas de aquella época caminando tranquilamente por las calles, ataviados con los trajes típicos que aún son las famosas Guayaberas para los caballeros y los Huipiles bordados a mano de flores de mil colores para las Damas. De pronto una voz me regresa al siglo XXI: ¿señora otro café?

Salgo de Aromas y ahora voy hacia la iglesia de la esquina de Santa Isabel que siempre ha sido mi preferida. Data del siglo XV, penetro en este recinto sagrado, me siento y doy Gracias mientras varias señoras van llegando y se acomodan en las bancas. Me doy cuenta de que huelen a limpio con aromas a naranja y a limón. Sin esperar la misa continúo mi recorrido hacia la avenida más famosa: El Paseo de Montejo.

Percibo como la temperatura lentamente sube y adivino un día intenso en toda la extensión de la palabra. La luz que inunda la ciudad es brillante y entra por todos los recovecos, dando matices multicolores por donde volteo. Me aproximo a la avenida que ha sido comparada con la gran Avenida de Campos Eliseos, sí la misma de París, ni mas ni menos, y es que su belleza es difícil de describir. Es amplia y las casas que ahí están construidas son dignas de premios. Cada una en su muy peculiar y único estilo tiene mucho qué decirnos de la historia y tradiciones de esta avenida. Por si esto fuera poco la embellecen diversos tipos de árboles frondosos y simpáticas banquitas acomodadas a lo largo de las aceras para poder hacer una pausa en el camino y sentarnos a disfrutar de un momento mágico y lleno de paz.

Pasear por aquí a las 7 de la mañana es un placer, huele a azucenas y jazmines y a pesar de que hay autos en la avenida, pocos hacen ruido y los transeúntes te sonríen dándote los buenos días.

Con todo ello me enorgullezco de experimentar estos Aires del Mayab, de la alegría que da vivir aquí y poder disfrutar un día ( más ) en la vida de mi ciudad .

CHOCOLATE ARTESANAL EN PARÍS.- Sofía Hernández Catalán


CHOCOLATE ARTESANAL EN PARÍS

Sofía Hernández Catalán 

Esto pasó hace casi cuatro meses, así que trataré de ser lo más precisa posible, si es que a la memoria se le puede pedir tal cosa, pues esta no recuerda lo que queremos que recuerde, si no lo que para ella es preciso recordar. Eso lo comprendí alguna vez en un largo viaje en tren. Llegué a la conclusión de que mi mente es mi gran protectora, me guía en el viaje al pasado cuidándome de tropiezos tormentosos, de dudas insalvables y de laberintos confusos.

Llegó un día, particular, por el hecho de que llegara, a este continente, a esta ciudad, a este departamento, a mí, una carta. En este tiempo ¿quién manda cartas? Aquí, en París, seguramente no ha desaparecido por tradición, leí alguna vez que fue la primera ciudad en fundar una red de correos.

Yo regresaba de Sciences Po, donde imparto la cátedra de Ciencia Política Latinoamericana, aunque después de cinco años de dar mi clase sigo con la firme idea que lo que instruyó de ninguna manera se entrelaza: la verdadera ciencia política y Latinoamérica.

Ahí estaba el sobre, blanco y grande, intuí que era de México y de mi familia, el tamaño me hizo pensar que podía tener algunas fotos: de mi hermana, mi cuñado y mis sobrinos, de mi hermano jugando en el equipo de fútbol americano de la universidad, o de mis papas viajando por algún rincón de México.

Me alegré, pero también me decepcioné instintivamente, hubiera preferido un envío de paquetería, pues no llegó ni un dulce, ni mango enchilado de la huerta, ni chocolate de metate, ni un poco de chile de árbol seco para poder hacerme un intento de salsa, nada. Me pareció raro, mi madre, desde que llegué, hace casi ocho años, por lo regular, cuando me enviaba algo, me mandaba algunas cosas de las que más me gustaban, “para no extrañar tanto” decían las pequeñas notas en los paquetes. Extrañar… es inevitable, como lo sabe cualquiera que radica fuera de su país por más de un año. Solamente en el café encontré un puente emotivo y sensitivo, de ahí deriva mi afición hacía el, supongo.

Abrí el sobre, una carta de una sola hoja, no había fotografías, la extrañeza regresó, sentí una opresión en el pecho ¿qué razones impedían que Leo y Camila no hubieran incluido sus característicos “Te queremos tía, vuelve pronto” a colores, con letras dispares y dibujos?

México, 11 de agosto de 2019
Julia:
Me entristece que no hayas venido en las vacaciones de Junio y Julio, como me habías platicado, la pasamos muy bien, fuimos dos semanas a la casa de Tuxtla, fueron mis papás con nosotros, mi papá sigue con su dolencia en la rodilla, pero sólo a momentos, sobre todo cuando vienen al D.F., en Guerrero no le duele, el calor le hace bien, igual a mamá, sus articulaciones solo le duelen con el frío.

Pero bueno, de regreso los pasamos a dejar a su casa, y nos quedamos un fin de semana, allá estaban mis tías, los primos, bueno… todos: Mary y Carlos con Daniela (creo que ya te mandó fotos por e-mail, ¡esta preciosa¡), también Rodrigo y Carmen, Federico, solo faltaste tú.

Platicamos de muchas cosas, al parecer unas personas quieren comprar la casa de los abuelitos en el Rincón (todavía no se ha decidido nada), pensamos que sería bueno regresar en Noviembre, en día de Muertos, para recordarlos, todos estamos de acuerdo, ¿recuerdas cómo hacíamos el pan y el chocolate artesanales?

Como le comentaste a mamá que ahora si vendrías a principios de diciembre, pensé que quizás podías adelantar tu viaje para estar presente. Sería muy bonito que estuviéramos todos juntos, no es extraño que no nos queramos desligar, ¿no lo crees? La casa del Rincón, es parte de nuestra vida.

Piénsalo y si puedes responderme, cuanto antes mejo. Ahora que ya no estás con Alexander, me imagino que te sientes sola. Acuérdate de lo de las gelatinas, unas cuajan y otras no, el problema es que tú no cuajas con nadie, ¡jajaja! Por cierto, ya te dijo Andrés que ya tiene novia formal, se llama Laura, me cae bien, son igualitos de distraídos.

Cuídate mucho, te mandan saludar mucho los niños y Manuel
Abrazos
Tamara

Este suceso, podría tener poca importancia, pero la posible venta de la casa de mis abuelos despertó en mí una volcadura de nostalgia y desesperación, por las ausencias, la lejanía, pero sobre todo, las despedidas
Mi hermana tenía razón, últimamente la soledad era más profunda.

Me separé de Alexander después de casi dos años de relación, no sé en que momento se perdió en amor, al final siempre he llegado a la misma conclusión: esto no es para mí. Hay personas que nacen para tener pareja y formar una familia, otras no. Pero en la actualidad ya no es una discusión, como fue en otros tiempos, cuando se trataba de asegurar la familia, ahora son muy pocas las parejas que se casan, ya no es importante.
Ahora más que nunca puedo afirmar que los sentimientos, las emociones, la pasión y el deseo, son lo que mueve al mundo, lo que lo hace girar, o por lo menos a mí es lo que me ha movido, desplazado. Aunque por mucho tiempo me negué a ello, muchas veces lo quise apartar, desarticular de mi cuerpo y de mi mente. Todo esto me trajo hasta aquí, gracias a ello soy la persona que soy. Es lo que te aparta o te regresa a tu lugar de origen, lo que te guía, lo que más allá de la razón nos lleva a tomar las decisiones más importantes de nuestras vidas ¿o no?

Días después medité sobre el asunto. Ya era hora de regresar a México, aunque fuera sólo por un tiempo, extrañaba a tantas personas. Mis papas y mis hermanos me han visitado varias veces, pero aún así quería pasar más tiempo con ellos. No lo pensé más, pedí un permiso en la Universidad para adelantar mis vacaciones, no tuve problema, era la primera vez las tomaba y prometí que Jacques –mi adjunto- se encargaría de todo. Comenzaba la mejor época en la ciudad, el calor excesivo del verano estaba acabando, dejando un clima templado delicioso, perfecto para salir a caminar, en especial por Montmartre y disfrutar de tomar un café en alguna terraza de Place de Tertre; o hacer un picnic urbano en Pont des Arts o la plaza de los Vosgos, o tomarse una crêpe, en cualquiera de los restaurantes de la Rue Mouffetard.

Así pasaban los días, ni el ajetreo de mi vida entre mi caminata rigurosa en un parque cercano por la mañana, la Universidad, las clases de alemán, algunas salidas con colegas o algunos amigos mexicanos que había conocido aquí, ni esto, ni algunas cosas más, me quitaban la sensación que se había instalado en mí, una sensación similar de cuando vas a ver a algún antiguo novio al que quisiste mucho y no has podido olvidar del todo: un hueco en el corazón y un palpitar en el estómago. Sentía que iba a reencontrarme con otra parte mí, que se había quedado del otro lado del mundo.

Los amigos cercanos siempre están al pendiente de mí, tengo la impresión de que me sienten vulnerable. Pero no es así. Se dice que fuimos de las primeras generaciones de mujeres que salimos a desarrollarnos ampliamente en la ciencia, la investigación, a ocupar grandes puestos, hoy en día las jóvenes no comprenden –y sobre todo aquí- que el algún lugar en el tiempo se nos relegaba, discriminaba, el maltrato se perdía invisible ante los ojos de la sociedad.

Tres días antes de partir, una ráfaga de melancolía me llevó hasta una vieja caja, que había colocado en un buró cerca de mi cama cuando llegué. Como si mi inconsciente, quisiera que los tantos recuerdos que guardaba en ella fueran el estribo de mis sueños.

Una fotografía me trasladó a ese pequeño pueblo, escondido en el norte de Guerrero: el Rincón Chiquito. Estaban mis abuelos, ella, menudita, sus trenzas largas color plata, sus ojos grandes que daban la impresión de que siempre estaba pensativa. Él, llenito, ya muy jorobadito pero con muchas fuerzas, con su sombrero de ala ancha de paja, y sus lentes de judicial -sus nietos nos moríamos de la risa cuando se los ponía-. Esa casa, ese pueblo, sin duda es parte de mí, porque era el único lugar, lejos de la ciudad, donde mi alma se envolvía con el viento, andaba entre las nubes blancas de algodón, donde era libre.

Llegué a México un viernes por la mañana, sería hasta el sábado cuando mi hermana pasaría por mí para dirigirnos a Guerrero, ella se había ofrecido a recogerme en el aeropuerto, pero preferí no molestarla. Hasta ya entrada la tarde me visitarían en el hotel, decidí salir a recorrer un poco la ciudad para deshacerme del tedio de las diez horas de viaje. Fui a Coyoacán, el ambiente colonial me abrazó con su plaza, los jardines con los enormes árboles, la Delegación y la iglesia. Entré a un pequeño café-restaurante frente a la plaza. Pedí una mesa, tuve el impulso mecánico de desabrocharme la cazadora y dejarla en una silla, lo pensé bien, no era la mejor idea, en cualquier momento volvería a llover. Pareciera que el precio de fumarse tranquilamente un cigarro era sufrir las inclemencias del tiempo, bueno… nada del otro mundo, solo lidiar con el ambiente frió de Octubre. Pero no me molestaba en lo más mínimo, me agradaba la vista desde la pequeña terraza donde se encontraba, analizar a las personas siempre me ha parecido de lo más interesante, me pregunto cuantas historias habra detrás de cada una de ellas, ¿Cómo piensan?, ¿qué sienten?, ¿serán felices?, ¿amarán a alguien?, ¿alguien los amará?

Justo frente al Café se detuvieron una vendedora de dulces y su hija pequeña, quizás de cuatro años, ambas con marcados rasgos y atuendos indígenas. La madre vestía una blusa con bordados de colores que en algún tiempo pudo haber sido de color blanco, una falda de color rojo con encaje, un rebozo y huaraches. Su hija solo llevaba puesto un pequeño blusón. Me sentí mal conmigo misma, el mesero se acercó y me ofreció la carta de comida y bebidas. Se lo agradecí, volví la vista hacia donde había visto a la señora de los dulces y ya se alejaban, en su espalda pendía un bebé, no lo hubiera notado porque era muy pequeño, si no hubiera llevado un piecito de fuera. Solo una persona les había comprado, un cigarro, “¿tres pesos, por qué tan caro oiga?” le había escuchado decir a una mujer de mediana edad con el pelo rubio y unas uñas postizas perfectas. Estamos en un lugar donde un café no cuesta menos de 50 pesos, ¿cómo es posible que se ponga a regatear un cigarro de tres? Muy dentro de mí razoné burlonamente, qué sabia palabra: regatear, regatear, claro… tiene que ver con las re-gatas, sonreí por mi acierto mental y volteé a ver descaradamente y de mala manera (la misma mirada como las que doy a un conductor que se imagina que la calle es su basurero, y avienta la botella o la bolsa por allá ) a la mujer que minutos antes casi casi le pedía un descuentito por su cigarrito Benson, pero claro era una indita a la que se puede decir lo que quiera ¿verdad? Porque ni en sueños le hubiera dicho lo mismo a una cajera de Sanborns, pagando dulces en Liverpool, o en una tienda de Louis Vuiton –firma de la bolsa que portaba- :“¿Por qué tan caro oiga?”

-Un capuchino latte por favor –le pedí al mesero que se había acercado a tomar mi orden. ¿Así solo seremos los mexicanos?

Llegamos un día por la mañana, la casa estaba llena de hierbas y jeuite, ya no tenían la vitalidad de otros tiempos, cuando los encontrábamos: él desgranando maíz, tallándolo fuertemente contra los olotes, sentado en la silla azul pequeña de hilos de plástico, tan típicas de esa región. Ella lavando el nixtamal para hacer tlaxcales (una especie de galleta de maíz, redonda, delgada, grande y dulce que se cuecen en comal). Mi memoria me había zambullido años atrás, cuando aún vivían, recordé el olor del cacao, de la almendra y de la canela cuando se tostaban, vi ese color negro reluciente del cacao cuando se le desprendía la cascarilla, gocé el sabor del grano con un puñito de azúcar, recordé como se molía, se molía y remolía, hasta quedar una pasta fina que se podía compactar en círculos, para ponerlos en la ofrenda de Día de Muertos.

Vi cuando hacíamos el pan, cómo a esa pasta amarillenta a base de huevo, anís, harina, piloncillo y manteca le íbamos dando forma, como torta –dos panes sobrepuestos-, de ángeles, muñecas. Nuestra tradición, era, que para cada difunto al que se recordara en la ofrenda, entre flores de cempasúchil, agua, sal e incienso, se le ponía una torta, un pan de figura (muñeca, si era mujer; muñeco si era hombre o angelito si era un niño), una tablilla de chocolate artesanal recién hecho y una fruta. Además de varios guisos cuya preparación nos ocupaban los tres días de muertos: clemole rojo de gallina, mole verde con guajolote, arroz con leche, calabaza en tacha, tamales de nejo, etc. Hasta hace ocho años no falté, desde que nací, a un solo Día de Muertos, estas fechas siempre fueron muy importantes. Algunas veces no todo salía bien, entre el mezcal y los corridos, el horneado del pan se pasaba o le faltaba. Era una fiesta.

¡Cómo se habían perdido eso recuerdos!, como añoré las noches junto a mi abuelo, entre el mezcal y el café, contándonos sus aventuras, de cuando se iba a cazar venado y no regresaba semanas enteras, lo único que se llevaba –nos contaba- eran tortillas dobladas con salsa, un bule con agua y otro con mezcal, y por supuesto, su rifle.

Me solté a llorar, como si esas lágrimas en verdad pudieran regresarme al pasado, y poder verlos y tocarlos de nuevo, de abrazarlos, decirles cuanto los quería, que me hubiera gustado estar con ellos más tiempo, que cuando fallecieron había sentido que también moría parte de mi, y yo tan lejos, que no les pude decir adiós, ni dar las gracias, porque todo lo que soy lo aprendí en gran parte de ellos, por sus enseñanzas y por lo que le trasmitieron a mi mamá. Eso es, darles las gracias por enseñarme a no tener miedo a los cambios, a lo diferente, a empezar de nuevo. Eso lo demostraron cuando en busca de un futuro mejor, para ellos y para sus hijos abandonaron en los años 70´s todo lo que tenían en su tierra natal para irse a la Ciudad de México, todo, su familia, su casa y sus animales. No fue fácil, lo sé, se enfrentaron a una vida que nada tenía que ver con el campo, con lo único que habían conocido hasta ese momento y era el único medio donde sabían vivir, trabajar y ser felices. Pero se les concedió la dicha de regresar al lugar que nunca olvidaron, que día a día añoraban, lograron dejar atrás el lugar frío al que nunca se acostumbraron, y lo más importante, que gracias a ello, nosotros, mi hermanos, mis primos, y yo, conocimos que había otras formas de vida fuera de la ciudad, que no todo en la vida eran centros comerciales, restaurantes y autos; aprendimos que para lograr lo que queríamos debíamos de trabajar y al igual que ellos, que para comer debían de sembrar. Ser campesinos siempre los llenó de mucho orgullo.

Esa noche, descubrí que no tenía que viajar doce horas para estar con mi pasado, con ellos, con mis orígenes. Ellos en el lugar donde estuvieran, seguro confirmarían que aunque cada año no les pusiera sus muñecos en la ofrenda, siempre iban a estar en el altar de mis recuerdos.

MUÑECAS DE TRAPO.- Celia Alvarado

MUÑECAS DE TRAPO

Celia Alvarado

Soy Mayela, provengo de una familia integrada por seis hermanos y mis padres, fui la única mujer y durante una época me tocó vivir como una princesa de cuento. ¿Una princesa de cuento? Así es, hasta la edad de 10 años todo se me daba, casi siempre tenía juguetes que mis amiguitas deseaban tener, no eran cosa del otro mundo pero para las condiciones de vida que se tenia en el lugar donde vivía no eran las mejores, mi padre era comerciante y no le iba mal, por lo que estábamos en una situación un poco diferente.
Además por ser la única mujer de la familia se me dio trato diferente, aunque no quiero decir que a los varones les haya ido mal.

En la calle solo había tres casas, una se puede decir que estaba semi-construida era de ladrillo rojo, tenía piso de tierra, pero siempre estaba limpia, aún recuerdo el olor a tierra mojada cuando regaban para barrer. La siguiente casa se encontraba en medio, estaba un poco mejor, las habitaciones si tenían piso, enjarraban y pintaban las paredes por partes, como su economía se los permitía, ahí vivían mis amigas de la infancia. La siguiente era mi casa, tenía dos plantas, era muy grande, ya estaba terminada pero no era nuestra, pagábamos renta.

Mis amigas eran cuatro y andaban entre los 5 y 10 años, se llevaban con muy poco, a diario me buscaban en casa para invitarme a jugar, llegaban corriendo y gritando para que saliera pronto y sacara mis juguetes, los cuales siempre estaban sobre una cómoda en mi recámara donde servían de adorno. A ellas les gustaban, mientras que a mi me gustaban los juguetes de mis hermanos, era mas placentero pasarme el día con ellos, jugando a sus juegos, pero a mí mamá por supuesto que no le parecía y en cuanto escuchaba a mis amiguitas que me gritaban para que saliera me decía: ¡anda ve a jugar! y si no lo hacía me castigaba. Para evitarlo, la obedecía, sacaba mis juguetes se los prestaba a mis amigas y las miraba jugar.

Los juguetes era un juego grande de ollas, tazas, platos, casi todo lo que tenían nuestras mamás en sus cocinas, claro, todo en miniatura. Una de las muñecas casi era de nuestro tamaño y en la parte de la espalda tenía un apartado donde se le colocaban pilas y un pequeñismo disco de color azul para que la muñeca cantara; la otra era de tamaño de un bebé, tenia los pies de trapo, al igual que la otra era de baterías, gateaba y movía la cabeza, por lo que Gaby, Mary, Yadira y Zoé jugaban fascinadas puesto que sus muñecas era de trapo, que su mamá les hacía.

Mis amiguitas tenían papá pero casi nunca estaba con ellas, él era campesino y se marchaba a su pueblo natal cuyo nombre no recuerdo, donde tenía algunas hectáreas de tierra y vivía en casa de su mamá. Se sabía que económicamente estaba bien, su trabajo como campesino le era muy bien remunerado, al parecer ahorraba casi todo, sin importarle que su familia tuviera necesidades. A pesar de eso sus hijas vivian felices.

Recuerdo que las muñecas eran de retazos de diferentes telas, colores y texturas, pero con mucha creatividad y lo más importante “Amor”, cuando la señora se sentaba a su maquina de coser, todas la rodeábamos y con una sonrisa nos miraba y nos decía que se tardaría mucho tiempo en hacerlas, pero no le tomábamos importancia y ahí seguíamos observando paso a paso la elaboración de tan preciadas muñecas, a mi también me hizo una. Les hacia ropa y yo aún conservo una blusa que guardo con mucho cariño, cuando me la regaló me la ponía muy seguido por que me gustó mucho, en algunas ocasiones que se juntaban mi mamá y ella a platicar se reían de mí, diciendo que parecía retrato, pero no me importaba por que yo me sentía bien.

Fuímos vecinas por algunos años, hasta que un día se enteraron de una noticia aterradora, a la señora le detectaron ¡cáncer de mama! Esto fue en las últimas semanas de su embarazo, en una clínica de gobierno, donde sin ninguna consideración le dijeron: Señora ¿qué hace aquí? ¡Ya váyase a morir en paz a su casa! No hay nada más que hacer, por lo cual la mujer se fue a su casa desconsolada, se la pasaba llorando y abrazando a sus pequeñas y en pocas semanas se fue deteriorando más y más, con el parto su vitalidad se agotó, y en pocos días falleció después de darle vida a un niño.

Mis amiguitas tenían dos hermanos mayores, hombre y mujer, de entre los 17 y 19 años de edad. Todos quedaron desconsolados y preocupados, con una gran responsabilidad, puesto que hacían de cuenta que no tenían papá. Al poco tiempo, no recuerdo cuanto, se mudaron a una ciudad llamada Tecate, donde vivían hermanas de su mamá, quienes les apoyarían con sus hermanas y el pequeño para que ellos continuaran con sus estudios. Nunca tuvimos noticias, pero aún queda un gran recuerdo de esa amistad que tuvimos.

Durante la época que curse la primaría hubo una economía buena, de abundancia y luego todo cambió. Apareció la necesidad, no sé si por despilfarros por parte de mi padre o por que se confió de algunas personas, quién sabe que pasó, no lo quiero investigar. Nació un nuevo hermanito, en los mismos días que el de la vecina que murió, fue un parto prematuro de siete meses de gestación, hubo muchas complicaciones por lo que mi hermanito tuvo que permanecer un tiempo en incubadora en el hospital; para esos días mi papá no estaba con nosotros, nunca nos dijeron a dónde fue, su negocio cerrado, solo quedaba el que tenia mi mamá pero ya con graves problemas.

Solo tenía 10 años de edad y a partir del momento que mi madre me dijo que tenía que salir y me encargaba a mis hermanitos más pequeños que yo, sentí una gran responsabilidad y mucho miedo. No sabía a donde iba mi mamá, con mi corta edad no sé si no se me ocurrió preguntarle o no quise preguntarle; también recuerdo que me encargó una cantidad considerable de dinero, diciendo que si necesitábamos algo que tomara, cosa que me lleno de más temor.

Cerramos la puerta con llave y jugamos por mucho tiempo, hasta que llegó la hora que nos dio hambre, salimos a la tienda que estaba a una cuadra de la casa, compramos todo lo necesario o lo que recordamos que mamá nos encargaba para cocinar una rica y suculenta sopa de fideos. De regreso en casa, yo como la mayor y la experta en cocina, coloqué en una cazuela agua, los fideos su respectivo consomate y lo puse al fuego para que se cocinara, regrese a jugar con mis hermanitos por una buen rato y olvidándome de mi platillo, de repente toda la casa empezó a oler a comida quemada, diciendo ¡la sopa! inmediatamente corrí hacia la cocina y efectivamente era la sopa, psss…. ¡quedo carbonizada! Fue tanta mi frustración que me puse a llorar. ¿Qué comeríamos?

En ese momento tocaron a la puerta, pensé que sería mi hermano el mayor que vivía con su esposa a unas cuadras, y que por supuesto sabían lo que estaba sucediendo, pero no les importó, ni siquiera averiguaron si nos habían encargado con alguien. Era una señora amiga de mi mamá que vivía en una colonia muy cercana, mi mamá se comunicó con ella desde el hospital donde nacería mi pequeño hermano, para pedirle el favor de que se encargará de nosotros en lo que ella regresaba a casa. Yo no me quería ir con doña Conchis, (así le decíamos) pensando en el dinero que me encargó mi mamá, diciéndome doña Conchis que de ninguna manera me dejaría sola en casa, por lo que no tuve mas que decirle el motivo. Respondió con una sonrisa entre ternura y burla, que no me preocupara que ella me ayudaría a cuidarlos y cuando mamá regresara le entregaría cuentas claras. Sentí un gran alivio y accedí a que nos fuéramos a su casa.

Esa era la última cantidad fuerte de dinero con la que contaríamos, mi madre ya no tuvo suerte en su negocio, los gastos del hospital, medicamentos, fueron demasiados y no había noticias de mi papá.

Erick es uno de mis hermanos, menor que yo por año y medio, nos vimos en la necesidad de salir a las tiendas de la colonia a vender dulces de los que fabricaba mi mamá y que habían quedado; tuvimos mucha suerte por que si teníamos ventas y hasta nos hacían pedidos para la siguiente vez que regresáramos, dinero que era entregado a mamá para la leche del bebé y lo que alcanzara. Nos divertimos mucho durante el tiempo que hicimos nuestras ventas, también nos acompañaba Adrián, el era dos años menor que Erick, pero él se quedaba en las esquinas esperando que realizáramos alguna venta, le daba pena, pero colaboraba ayudando a cargar la mercancía, era como un juego, yo creo que por nuestra corta edad no captábamos la realidad.

Papá regreso como cuatro meses después, completamente en quiebra.

La crisis económica no era la única por la que pasaba la familia, está la crisis matrimonial de mis padres, por lo que deduzco que fue el motivo de que papá se fuera de casa por un largo de tiempo…

CONFIDENCIA ANTES DE PARTIR.- Dora Martínez

CONFIDENCIA ANTES DE PARTIR

Dora Martínez

¡Nunca pude!…se lo prometí… siempre sería un secreto. Aurora creyó en mi lealtad y no la voy a defraudar, me juzgarán pero lo que nunca dije fue la verdad de tanto sufrimiento.

Una tarde Aurora me llamó sorpresivamente, me dijo: te veo en media hora en el café de siempre, es urgente quiero platicarte algo sumamente confidencial. Y colgó.

Me quedé estupefacta, no me dio tiempo de decir nada.Mil pensamientos fatalistas pasaron por mi cabeza, recapacité en que todavía sostenía el teléfono, las manos me sudaron y una sensación de angustia recorrió mi cuerpo, no cabía duda que me iba a dar una mala noticia, la conozco bien pero no podía imaginarme qué le podía estar pasando.

Me puse mi gabardina, me arreglé un poco el cabello frente al espejo del pequeño corredor de la entrada, tomé las llaves nerviosamente y salí. Me detuve en la puerta principal y pensé si hacía el recorrido en auto o iba a pie, dado que el lugar de la cita estaba a cuatro cuadras de mi casa sobre la avenida principal. Decidí caminar hacia el café y, mientras, iría haciendo mis especulaciones: ¿Se tratará sobre el divorcio? O ¿no le pagarían el trabajo a tiempo?…No, no, no, su voz parecía que era algo más trascendente… mmm tal vez se trate sobre el proyecto de investigación… Ay ¿Qué podrá ser?

Llegué al lugar cinco minutos antes, lo cual me permitió pensar en qué actitud tendría cuando ella llegara, no quería recibirla con la cara de preocupación que me provocó su llamada. Decidí que le sonreiría y la recibiría con un abrazo, luego de que se sentara ordenaríamos algo de beber para no ser interrumpidas.
Aurora llegó un poco nerviosa, botó en la silla de junto su bolso, me saludó, sacó su cajetilla de cigarros, tomó asiento y prendió su primer cigarro.

–Déjame hablar de lo que traigo, creo que tres horas no bastarán, me dijo, mientras soltaba una larga bocanada de humo que le sirvió para tranquilizarse.

Yo no hacía más que una ligera afirmación, y no dejaba de observarla. Su gesto no era de preocupación sino de enojo, veía en ella cierto descontento, lucía arreglada dentro de su estilo conservador, vestía un pantalón café, un blusón moderno beige, encima traía un suéter largo ligero y, en el cabello una banda con esos colores, aretes y joyería de plástico como lo dicta la moda, sus lentes característicos de intelectualidad y un bolso enorme, zapatillas cerradas y el paraguas también en café, como era su preferencia. Aurora es una mujer naturalmente llamativa, tal vez por eso le gusta vestir de manera conservadora, ella es alta de piel muy blanca, con cabello lacio rubio dorado natural, arreglado con unas pinceladas de luces más claras, facciones finas con una mirada triste, parece que siempre está regañada, lo cuál le da un aire infantil; de buenas curvas y bonitas piernas, creo que lo que más le miran los hombres son las caderas voluptuosas que resaltan más con su diminuta cintura y, las piernas. Obviamente vestida con pantalones hasta las mujeres voltean a verla.
Pregunté si prefería tomar algo más fuerte que un café, si prefería irse a otro lugar y, aunque la notaba alterada, dijo no necesitar algo que la relajara, sólo pidió que la escuchara. Ordenamos unos cafés y me empezó a contar lo que le pasaba.

-¿Recuerdas los problemas que venían pasando en mi matrimonio? Sé que no ignoras que durante estos cinco años que he estado casada, ha venido en decadencia mi matrimonio. Desde hace algunos meses Alberto empezó a lanzarme ofensas a la menor provocación. Llega en las noches a casa y sólo hace reclamos, dice cosas como:

- Hoy ni siquiera te arreglaste ¿verdad? Claro, para qué tanto esfuerzo ¿Dónde está la mujer con la que me casé? Tenemos cinco años juntos y cada día te conviertes en una fodonga descuidada, además sucia y sin atender tu casa.

–Y esta cantaleta la oigo cada vez más seguido, –opina esto– porque a la hora que se va me levanto me pongo mi bata y lea preparo el desayuno y cuando vuelve por la noche, ya estoy en piyama otra vez, algunas veces recién bañada y otras ya dormida, en fin. Pero hay un reclamo más insistente todavía y es el que no quiero darle un hijo. Ahora la confidencia que te voy a hacer es para que me guardes el secreto para siempre y me des un consejo como mujer. Mira, a Alberto le tengo gran tolerancia en muchos aspectos, me entrego totalmente en la cama, cumplo con mis deberes de esposa y disfruto mucho el sexo con él, sin embargo esa constante insistencia de tener hijos me altera, porque parece que no piensa en la realidad. Por ahora no tengo un trabajo fijo, tenemos problemas de pareja y la gran problemática económica que generan los gastos de la enfermedad terminal de su madre. Una mujer enferma de cáncer, a quien le tiene que pagar tanques de oxígeno, enfermeras, alimentos y mantener también a su padre, es una persona de 91 años que ya no tiene capacidad para trabajar y ganar dinero de alguna manera. Es desesperante que Alberto no recapacite en que no tenemos forma de hacerle frente a todos los gastos y por supuesto, no caben los planes de tener un hijo.

–Amiga, esto que voy a confiarte, prométeme que será algo que nunca dije, por mí nunca se enterarán ni Alberto ni mi familia de la verdad y por tu parte espero que no se entere nadie.

Tomó un hondo respiro y dijo ¡Estoy embarazada!

Hubo un silencio y la noticia me llegó como una ráfaga de viento que eriza la piel… ¿Y no es para alegrarte? Pregunté.

-No, no lo es. Tengo casi dos meses de embarazo, poco más de siete semanas. El problema está en que el mes pasado, Alberto viajó a China, tuvimos intimidad en las fechas cercanas en las que quedé embarazada, el caso es que, a su regreso de este viaje llegó muy cambiado, trata de llegar muy noche a casa, tiene actitudes poco usuales, contesta su celular a altas horas de la noche, habla en clave, se encierra en su coche o sube a la azotea hasta que termina su conversación, a veces hasta me da risa su comportamiento, porque el muy tonto no se da cuenta que se le nota que está actuando de otra manera. Y lo más sorprendente es que ahora se da el lujo de despreciarme en la cama cuando lo busco.

El fin de semana pasado descubrí en la bolsa de su abrigo, una nota de una florería, hablé y pregunté haciéndome pasar por la secretaria, si todo había estado bien, me informo la empleada que se había entregado el arreglo a tiempo en el restaurante italiano a la señorita Mariscal. Recordé que ese día Alberto salió por la noche muy arreglado y me dijo que iba al festejo del cumpleaños de un compañero de trabajo, que no me llevaba porque era una reunión de puros hombres y que lo más seguro era que se fueran a una cantina. Y esa noche se fue a festejar el cumpleaños de la señorita a un restaurante, ese detalle amoroso se lo conozco desde que éramos novios, siempre las flores y un trío para una cena romántica.

Al día siguiente llamé a la secretaria del área de su trabajo y le pregunté que si la señorita Mariscal andaba con Alberto, y ya sabes que a los chismes sólo hay que hacer una pregunta para que te lo suelten, me dijo, que se decía, que desde China había iniciado una relación con ella, pero que era una persona que había andado con otras personas del trabajo y siempre tuvo relaciones muy conflictivas, que no me preocupara porque ella consideraba que no se trataba de nada serio o que ni siquiera de una aventura porque no los veía juntos para nada.

Con toda esta situación, he tomado la decisión de ¡a b o r t a r! dada mi situación financiera y que Alberto no se va enterar del embarazo, debo aprovechar los programas de ayuda en salud pública y que el aborto es legal, de manera que he arreglado ir el martes próximo al hospital a someterme a un legrado.
La voz de Aurora se empezaba a quebrar, tomaba respiros profundos y trataba de controlar el llanto. No le voy a dar un hijo a una persona que después de quince años de conocernos, en cinco años de matrimonio me de ese trato, continuó hablando dificultosamente entre sollozos. Ahora se ha convertido en un macho exigente, agresivo y amargado, ha dejado de ser el amigo comprensivo que era mi esposo.

Aproveché su silencio mientras limpiaba sus lágrimas y pregunté ¿Ya te pusiste a pensar en tu posibilidad de ser madre? Tienes 34 años y…

–Sííí… – me interrumpió- déjame que te cuente cómo me siento, él me denigra como persona, no me respeta como mujer, como profesional me subestima, o sea, cómo se atreve si no tiene ni conocimiento de lo que es la investigación científica y, por último, su infidelidad. He pensado que no merezco ese trato, tengo dignidad como mujer. Creo que él piensa que como no me gusta pelear me falta valor, ya lo pensé muchos días, después del aborto lo que sigue es el divorcio, no quiero a Alberto como padre de mis hijos, más adelante no sé de qué sería capaz y no le voy a dar oportunidad. Mi situación es difícil, sin empleo ¿Cómo lo voy a mantener? ¿Quién me ayudará a cuidarlo cuando tenga empleo? No tengo manera de seguir adelante con el embarazo y la decisión está tomada.

Me quedé unos minutos en silencio, pensando en todo lo que había escuchado, sirvió para relajar la tensión, Aurora se levantó y dijo: Piensa muy bien lo que me vas a decir, necesito tus palabras, ya regreso.
Se dirigió al sanitario a componerse el maquillaje. A su regreso pedimos unos pasteles y más café. Se presentó muy recuperada. Tomó asiento y dijo: soy toda oídos, te toca hablar y puedes preguntar todo lo que quieras.

–Amiga, ya analizaste todos los aspectos, tu relación, tu familia, tu situación personal y ya tomaste una decisión. Refiriéndome al aborto te digo que no tengo prejuicios, creo que no es una mala alternativa, sino que es la solución para evitar problemas futuros, tú ya lo previste ¿quién lo mantiene? ¿Quién lo cuida? y todas las cosas inherentes a la educación de un hijo. Eres una persona con edad suficiente como para ser responsable de tus decisiones y estoy de acuerdo contigo, estás haciendo lo correcto.

–Ahora dime ¿qué es lo que quieres que te guarde en secreto de por vida? ¿El embarazo o el aborto? Creo que me estás confiando dos acontecimientos muy importantes de tu vida. De antemano te digo que cuentas conmigo incondicionalmente, en una amistad no se juzgan los actos sino que se ofrece la mano. Ten por seguro que esta reunión nunca pasó y nunca se dijo nada. No es necesario que te prometa mi silencio para siempre, dalo por hecho. Me conoces y te agradezco tu confianza para decirme todo esto.

Le tomé las manos en señal de apoyo y con la mirada confirmamos la confidencialidad de nuestra amistad.

–¿Deseas que te acompañe el próximo martes? Te puedo llevar.

-Has dicho poco -mencionó Aurora- como siempre, por tu lealtad y discreción es que eres mi amiga. Dos cosas te voy a responder: sé que tengo 34 años y que debería de aprovechar la oportunidad de ser madre,
Pero no es ahora, sé que más adelante podré serlo, por lo pronto tengo la prueba más fehaciente de que soy fértil. Dos, en cuanto al hospital, me caería bien salir de recuperación y ver una cara amable y no el gesto duro de mi madre o ver el desplante de alguno de mis hermanos, así que acepto tu ofrecimiento de acompañarme.
Los dos acontecimientos más importantes de mi vida, serán un secreto que me llevaré a la tumba, pero hay algo más… algo que quizá cambie tu opinión sobre mi persona y que es un secreto más importante que lo anterior.

Secamente, sin respiro ni expresión alguna dijo:

–El hijo que espero no es de Alberto.

No apartó su mirada de mi cara, y no pude evitar la expresión de sorpresa, se me fue el respiro, abrí los ojos como si algo se me viniera encima, solté una risa nerviosa y le dije ¿Quééé?.

–Es de Víctor, con el que veo lo mis investigaciones.

–¿De Víctor González, el investigador? –Entre sorpresa y gusto le dije en tono de broma: ¡Sería un niño muy bonito! Imagínate que heredara sus ojos, el color de tu piel, la estatura de ambos, ¡Sería un muñeco y además inteligentísimo! Bueno, aunque esto último no sería una garantía, porque a veces te pones bastante tonta…

Soltamos unas risas sonoras.

–Sí, tienes razón, tan tonta como para permitir un embarazo, me dijo con tono de melancolía.
Pero no se puede dar por terminada esta confidencia, cuéntame la parte de tu vida con Víctor, no te hagas, dije en broma.

Sacó otro cigarro y lo prendió, se acomodo en la silla, noté que su semblante cambió en cuanto empezó a hablar del tema, lo disfrutaba.

-Mira, tú sabes que desde que lo conocimos no me fue indiferente, a través del trato y de las oportunidades que tuve de trabajar con él se fue dando una bonita relación, y cada vez me sentía más atraída. Pasaron los días y en una ocasión se animó a invitarme a comer, platicamos de libros, proyectos, gustos personales y nos pasamos horas juntos, más adelante nos hablábamos con cualquier pretexto, hasta que fue imposible controlar la atracción física y tuvimos encuentros sexuales varias veces. No te voy a decir que lo amo y que estoy perdidamente enamorada de él, pero me seduce mucho su trato, pierdo la voluntad en la intimidad, nos gusta mucho el juego amoroso, nos permitimos muchas cosas, por ejemplo me pide que me ponga ligueros, ropa negra muy sexy… y muchas otras cosas a las que se atreven los amantes.

Lo más importante para mí en esta relación es la autoestima. No pierdo de vista que lo más bello es cómo me siento, me dice muchas cosas bonitas, por ejemplo, que qué linda estoy, qué rico huelo, qué bonita está mi blusa, qué el color me hace lucir mucho mi piel tan blanca.

Mientras el cavernícola de Alberto se la pasa diciendo lo contrario, yo voy a buscar estar con quien me trate bien. Claro que no hay punto de comparación, ser la esposa y ser la amante son cosas muuuuy diferentes.
Es evidente que a mi esposo ya no le gusto y que además está interesado en otra persona, eso lo entiendo, pero estoy muy consciente de que la relación con Víctor es puramente sexual, llena de pasión y hasta tiene su dosis de masoquismo. No es de amor, entrega, fidelidad y cursilerías.

Nosotros aprovechamos nuestro tiempo experimentando las mejores formas de hacer el amor, nos preguntamos si estuvo bien y si estuvimos satisfechos…¡Ay Dios! Cómo me gusta ese hombre.
Pero el punto, es que no se va a enterar que estoy embarazada.

Lo que sí te digo completamente convencida es que no me interesa tener un hijo de él aunque tenga las características que mencionaste, soltó una tímida sonrisa.

–Te oyes muy calculadora, le dije, pero no me convences, te conozco, tal vez no quieres decirme los sentimientos que hay de por medio, me doy cuenta que lo estás usando como hombre y te interesa una satisfacción personal y el reconocimiento de que puedes enloquecer a un hombre pero ¿no lo quieres ni tantito? ¿Te estás convirtiendo en una mujer fría y controladora? O quieres adquirir experiencia y tener un colmillote… soltamos juntas unas carcajadas.

Se detuvo unos momentos en silencio, pensó su respuesta y dijo:

–Estoy actuando más egoísta, estoy aprovechando la oportunidad de pasarla bien, oigo lo que quiero oír, en la relación con Víctor no pierdo de vista que lo más importante es cómo me siento, no existen las sesiones de reproches y quejas, no existe el control remoto de mis acciones. Y si estoy a gusto, contenta, motivada, de tonta me enamoro para sufrir. Quiero que con él predomine la inquietud de la aventura, el deseo por estar en la intimidad, las ganas de verlo los martes, y vivir todo aquello que mantiene esta relación. Y lo más importante es que no deseo que un embarazo cambie este esquema.

Era martes 13, sólo por mi cabeza pasó la idea de que era una fecha cabalística, no sabía si para bien o para mal, la mañana estaba húmeda y nublada, a las 6 quedé en verla afuera de su casa. A las 7 era la cita en el hospital así que teníamos el tiempo suficiente para llegar sin prisa a pesar del tráfico de esa hora.
Aurora salió con ropa holgada y cómoda, unos pants verde claro, tenis y una chamarra deportiva para protegerse del frío matinal. Durante el trayecto iba nerviosa, se acomodaba constantemente en el asiento, estaba inquieta. Observaba a la gente de los carros vecinos y hacía comentarios acerca de lo que iban haciendo, unos tomaban café otros se picaban la nariz, uno tamborileaba los dedos en el volante como llevando el ritmo de una melodía. Observaba el atuendo de las mujeres que caminaban a esa hora por la calle. Su vista se detuvo en una señora, observó la prisa exagerada con la que llevaba a su hija a la escuela y dijo:

–Ya ves, por eso no, no puede ser, esa mujer lleva a su hija jalando como si fuera un papalote, hasta su bufanda vuela… y soltó una tímida sonrisa con cierta carga de tristeza, tal vez porque justo íbamos al lugar donde se esfumaría esa ilusión.

Llegamos al hospital y nuestros rostros se tornaron un poco tensos, nos dimos ánimos una a la otra, le hice la promesa que la esperaría al salir y le pedí que se relajara. Ella simplemente me prometió que saldría bien y de pie de ese lugar. El hospital era bastante austero, con pocas sillas en el área de espera, mismas que estaban ocupadas por personas que quizá pasaron ahí la noche.
Aurora se acercó al mostrador y pregunto por el ginecólogo, el doctor Villanueva, le dijo a la enfermera que estaba citada a las 7 para practicarse un legrado.

La enfermera la hizo pasar a un cubículo separado por unas cortinas que casi habían perdido su típico color azul y dejaban traslucir la figura de Aurora, le dio una bata y le pidió firmara una carta responsiva, le pidió los datos de la persona que la acompañaba y momentos más tarde salió y me dio las pertenencias de mi amiga en una bolsa. Y no la vi por un rato.

Salí del hospital a comprar un café que me ayudara a quitarme el frío y los nervios, compré una revista, regresé y me instalé en una de las sillas en la primera oportunidad que tuve. Esperé por más de tres horas, la enfermera salió a decirme que todo estaba bien, una hora y media después de que había ingresado Aurora y me pidió la bolsa de la ropa. La espera se me hizo eterna.

Aurora salió apoyada del brazo de la enfermera, caminaba despacio y un poco encorvada. Se sentía adolorida del vientre y algo mareada, tenía la boca seca y estaba muy pálida.

–¿Quieres comer o tomar algo? Venías en ayunas, le dije.

–No puedo, me dijo, la anestesia me hará vomitar, hasta dentro de dos horas puedo tomar alimentos, mejor me espero.

Acerqué el coche a la puerta la subí con ayuda y se recostó en la parte trasera, durante el trayecto de regreso, casi no habló, se quejaba de los dolores que sentía, la venía cuidando por el espejo esperando que no se fuera a desmayar. Era casi el medio día y le dije que la llevaría a mi casa un rato para que descansara y comiera algo reconfortante, le pareció bien. Enfilé hacia mi casa y ahí le prepare jugo y un sandwich, no apetecía nada más. Ya por la tarde cerca de las 6 la llevé a su casa. Para entonces se sentía mucho mejor.
Los días siguientes hizo su vida normal, tomaba sus medicamentos a escondidas de su esposo, se portaba como si nada hubiera pasado.

El viernes de esa misma semana, me llamó para decirme que le tocaba una revisión el martes próximo y me solicito llevarla.

–Hola amiga, estoy en la oficina de Víctor, vine a entregar mi proyecto. Ojalá me lo autoricen, así tendría trabajo los siguientes seis meses junto a él. Pero ahorita me siento un poco mal tengo fiebre.
Respondí: Está bien, sí te llevo con mucho gusto, me saludas al susodicho, ja,ja, pero ¿no quieres que te lleve en la tarde a ver otro doctor por aquí cerca?

–No, no es para tanto, tal vez tenga que aumentar por más días la toma del antibiótico, realmente me siento débil por el sangrado.

–¿El sangrado? Pregunté con preocupación.

–Si, no he dejado de tener sangrado, está medio intenso pero nada de qué preocuparse, me contesto.
Acordamos que le haríamos igual, pasaría por ella en la mañana. Y me quedé con la incertidumbre de sus malestares.

Al día siguiente, por la tarde, eran las 7 de la noche, yo me encontraba en pants disfrutando una película, cuando sonó el teléfono. Era la madre de Aurora.

–Te hablo porque sé que Aurora te consideraba una hermana.

–¿Cómo está señora? ¿Me considerabaaaa? contesté en tono de guasa.

–Sí. Respondió con tristeza, Aurora murió hace dos horas por una hemorragia grave, se desangró y estaba sola en su casa. Te espero en la funeraria, Alberto está desecho, no reacciona, no nos explicamos que pasó.
Colgué el teléfono confundida por la noticia, no podía creer que Aurora hubiera muerto por el aborto. Quedé en shock por un rato.

Ahora estoy frente al ataúd de mi amiga, mis lágrimas empezaron a brotar, lloré en silencio. Observaba al desconsolado esposo, hecho un mar de llanto, me dio lástima y coraje oír sus lamentaciones, decía que era un castigo de Dios quitarle lo que más amaba, que no veía su vida sin ella, que tenían planeado tener hijos este año, que su relación estaba mejor que nunca, que era una gran mujer… entre sollozos y lamentos tenía la atención de todos sobre de él. El padre de Aurora trataba de reconfortarlo abrazándolo y dándole unas palmadas en la espalda.

Pensé, qué falsedad la suya, su llanto no me parecía sincero, él era la víctima en ese momento, me parecía que era su mejor actuación. Dudo mucho que realmente sintiera dolor por haberla perdido, pero no se pudo dar cuenta a tiempo del amor que le tuvo mi amiga.

La madre de Aurora me observaba, se me acercó con una mirada inquisidora, me dijo: Estás muy serena, tu sabes algo, tu sabes el por qué, decía con dificultad, cuéntamelo por favor, suplicaba, he perdido a mi hija y no sé por qué…Y rompió en llanto.

–Estuve con ella la semana pasada, le dije, y me comento algunos problemas que tenía con lo del proyecto, estaba esperando que lo autorizaran. También me confió algunos problemas que ya tiempo atrás venían arrastrando en su relación matrimonial, y también lo de la infidelidad de Alberto. Ella se enteró con quién anda su esposo, desde hace tiempo.

Cuando dije esto la madre de Aurora soltó un llanto incontrolable, lleno de rabia y de impotencia, sólo respondió con un pronunciado lamento diciendo ¿Por qué no me lo dijo? Siempre hubiera tenido mi apoyo, soy madre, esposa y mujer, la hubiera entendido…

Traté de tranquilizarla y la acompañé por varias horas.

Al llegar el lunes, llamé a Víctor y le di la mala noticia, me atacó con mil preguntas lleno de desesperación: Por qué no le avise el sábado para ir a los servicios funerarios? ¿Dónde descansaba ahora ? ¿Cuál fue la razón de su muerte? Mencionó que él la había visto el viernes, ciertamente un poco desmejorada, pero pensó que se trataba de un resfriado. No daba crédito a la noticia, no pude contestarle todas sus preguntas, lo escuche llorar y colgué.
Han pasado varias semanas y siento con tristeza la ausencia de Aurora, recuerdo toda su confesión y pienso que se salió con la suya: No le dio el hijo que le exigía su esposo, no le permitió que se burlara de ella con su infidelidad, nadie se dio cuenta que fue capaz de tener un amante y una relación que la volvía loca de pasión. Víctor nunca se enteró que esperaba un hijo de él, pero se fue en el momento en él que la va a recordar para siempre.

Me lo dijo, serían secretos que se llevaría a la tumba. Siento que una sonrisa se me dibuja en el rostro al pensar que donde se encuentre, estará segura que sus secretos están a salvo.

LABERINTO DE SUEÑOS.- Martha Schumacher


LABERINTO DE SUEÑOS
Martha Schumacher

Es como abrir un libro, empezarlo a leer y terminarlo. Todo tiene un principio y un fin. Pero, ¿qué es lo que queda de éste sino el recuerdo?

Así, quizá es mi nacimiento, mi vida y… ¿Después mi muerte?

Como una explosión de partículas y átomos que se desprenden para, en algún momento dado, juntarse de nuevo y dejar soñar e, inexplicablemente, de nuevo olvidar otro sueño de sueños y viajar por la vida con el espíritu libre para remover otra vez esos sentimientos en esos espacios que han quedado en otro tiempo.

Y miro de nuevo las calles donde solía caminar y había tantos amigos, y ¡tanto gozo! ¡Tantos juegos!

Había un sol radiante que vislumbré e iba de nuevo caminando a casa de mis padres, como si me esperara alguien. Pero nadie me esperaba…

Escuchaba a mi corazón con el que quería “sentir” sin sentirme extraña y durmiendo…

Me encontraba sola cuando escuché de pronto su voz, su voz joven sin cara que cantaba…

“Cuantos caminos habremos de andar…”

Sí, regresaba de nuevo a mi San Mateo, al cual le llamaba mi Peyton Place, basada en una novela de Grace Metalious, de 1956.

La caldera del diablo (nombre original en inglés: Peyton Place) fue una serie televisiva estadounidense que pasó por ABC en episodios de media hora entre el 15 de setiembre de 1964 y el 2 de junio de 1969.

Se emitieron un total de 514 episodios, en blanco y negro hasta 1966 y posteriormente en color. Producida por 20th Century Fox Televisión, fue la primera serie televisiva que se vió de manera continua sin repeticiones. La serie fue el trampolín a la fama, de estrellas como Mia Farrow, Ryan O’Neal.

Es verdad que era una chica inmadura, a mis 16 años, donde mi existir de adolescente era un mundo divertido y donde los problemas radicaban en tareas de matemáticas, de ortografía y geografía. ¿Y el amor? Era la ilusión de conocer a un chico guapo o un artista y, especialmente, claro si era un cantante.

Sí, la vida adquiría luz y sentido al conquistar a alguien, pero también de hacer buenos amigos y tener buenas calificaciones. Esto último en especial, porque daba una alegría sin igual a mis padres.

Sin embargo, a veces me sentía sola, no tenía novio y mi hermana si tenía alguien que la amaba. Claro que, siendo ella mayor que yo, eso se podía permitir pero no dejaba de molestarme el no poder compartir tantas cosas con algún chico que me gustara.

Y por fin ¿qué pasa?

Que el vecino se me declara y le doy el sí.

¿Y qué pienso después? Pues que ni me gusta tanto y que es medio bobo con “ideas de ancianos”. Bueno pues le seguí dando vuelo a la hilacha conociendo a otros chicos y yendo a fiestas con ellos según yo, a escondidas, hasta que… me cacha y me corta y, todavía me duele por el simple hecho de que a ese “alguien” que era mi “novio” ya no lo era.

En cuanto al amor de mi vida ¡no lo puedo olvidar! Era ese chico guapo a quien mi prima y yo le apodábamos El Muñeco. Era alto, rubio de ojos claros y además cantaba en su grupo de rock Los Five Finks. Era ese chico que hacía derretirse a muchas niñas pero… que a mi se me declara. Siendo una más de sus fans, no podía creer que fuera de pronto tan feliz y que besaba, ¡mmmmmm!… cómo besaba!

Es ese chico quien me frecuenta en casa y con el que paso innumerables tardes platicando. El que me comprende como soy y a mi me enternece, porque él se siente solo siendo hijo único y con padres viejos y enfermos. Y con él voy a sus ensayos de música y recorro las calles de San Mateo y los cerros del alrededor, en su moto BMW, sin casco claro, ¡Quién se iba preocupar entonces de esto! Corría a toda velocidad y hasta saltábamos en las bajadas. ¡Era tan divertido!

Era ese chico rebelde y peleonero, a veces pandillero y loco que además fumaba marihuana y tomaba drogas.

Y aún así, es el único donde mi cariño es inmenso y es el único por el que olvido todo. Era feliz con solo verlo y conversar porque es con el único que realmente me siento acompañada.

Y a él quería regresar, para agradecerle su amor de aquel tiempo, para decirle que debido a que nunca me amó como yo hubiera querido, había logrado vivir una vida plena y distinta a la mayoría de aquellos de San Mateo.

Terminé el bachillerato, habiendo estudiado después en la Universidad y me fui lejos de casa y de San Mateo. Me fui a Europa a cumplir un sueño grande en aquel tiempo. Y no mucho tiempo después que todos esos años, encontré ya sin buscarlo, a ese alguien especial que deseaba con todo mi corazón, me casé y tuvimos hijos maravillosos.

Pero de ese San Mateo de las mil aventuras, del cual renegaba porque no era Polanco, porque en entonces solo en colonias como esa había un Kleins, o una pista de hielo, o los cines. Pero al frecuentar escuelas como el Liceo Franco y el York, hice de San Mateo un lugar más cercano a los de Polanco y Lomas y, hasta los de San Ángel Inn donde vivían mis primas. Nadie podía imaginar que tantas cosas pasaran allá.

Era una verdadera serie de aventuras que relacionaba, como a veces lo pienso, con esa serie americana de Peyton Place, con Mia Farrow, que a escondidas de toda la familia fielmente miraba en la televisión a horas ya avanzadas de la noche, para al otro día platicar a todas mis compañeras todo lo que ahí y en San Mateo ocurría: Muchos dramas de jóvenes, todos guapos como los que hoy presentan en las telenovelas…solo que sin maquillaje que los hace sentirse únicos, o dueños del mundo.

Jóvenes con la frescura de vivir sus vidas lo mas intensamente posible, sin sentirse más por el dinero que, de todas maneras no tenían, ni mucho menos sin sentirse menos por esto.

El interés de todos era sobresalir, triunfar y de alguna manera tener éxito en la vida. Se peleaban por ser mejor en un mundo que creían empezar a entender, cuando escuchaban los Beatles o a los Rolling Stones. Tiempos en que Jim Morrison vino a México y, a quien conocimos en una noche inolvidable en un centro nocturno todo fresa de un hotel en el sur de la ciudad, Y… ahí estaba él con su cerveza en la mano, mirándonos a todos de la misma forma interesada con la cual nosotros lo mirábamos a él y cantaba sus canciones, para después comentar que en México no lo podíamos entender. Y, de quien los periodistas escriben, “Jim Morrison es un mito. Su figura había llegado hasta nosotros desfigurada por la leyenda de `Morrison el sucio`, de quien se decían atrocidades y se narraban los más increíbles atrevimientos en su show, que era tan sexy o más que Mick Jagger o el de Elvis Presley. Mentira, Morrison no estuvo a la altura de su mito, de su imagen, de su leyenda. Quiso excitar y escandalizar, pero no lo logró.

“Cantó muy bien. Tiene una voz magnífica y una fogosidad y agresividad tremendas, pero su show no convenció a nadie. Estuvo bien, quizá estuvo muy bien, pero esperábamos que estuviera demasiado bien, increíble, lo máximo, incomparable!!!

La influencia de los hippies llegaba, Amor y Paz, pero nunca entendido esto como libertinaje sexual porque había tanto miedo en nuestras madres de aquel México, que no dejaban ningún lugar a dudas que esto fuera lo peor y nada más. Pero sí, sin embargo la droga, la marihuana y el alcohol circulaban a veces en las fiestas a veces en las discos que visitábamos o hasta en los mismos Vips o Sanborns. Todos hablaban de esto como si fuera una prueba para pertenecer a ese tiempo nuevo, pero que sin lugar a dudas yo nunca probé.

Y el tiempo pasó sin darme cuenta y sin más, ya no había fiestas ni relajos, ni esas lunadas y conquistas. Sin ese Acapulco del Le Dome, Tiberyo´s, Armando´s Le Club y sus discos… para volverse otra vida. El papel de adolescente había terminado, ya ni siquiera había un diario a quien relatar una historia.

La rebelde y la soledad. Y los problemas con los papás en casa, donde el macho había estado presente. Donde la mamá lloraba y vivía esa vida con resignación, había pasado…

Y la vida fue otra, más centrada, más cuerda de más compromisos. Llena de amor por dar lo mejor a los hijos y al esposo. Cumpliendo otro tipo de deseos y deberes. Volviéndose la vida más material, de responsabilidad. Ahora soy parte de los protagonistas, de los pasos acertados o equivocados. Ya no podía solo protestar por lo que otros hacían, fueran mis padres o los maestros como cuándo nos rebelábamos.

Y en esos sueños de mil danzas y laberintos, encontrando otra vez el camino que un día perdí, voy a casa de nuevo para recordar. Esos días, esas tardes felices. Esos deberes de la escuela que aprisiona y esas mañanas de calentura en casa que solo aburren, sobre todo por no ver a los compañeros y no aprender de los maestros.

A ese “pueblo” como despectivamente a veces llamaban los amigos o parientes de otros lados y, donde todos nos conocíamos y habíamos crecido juntos, sintiéndonos todos como una sola familia pasando a dejar carritos de baleros, patines del diablo, bicicletas, yoyos y aros, cambiándolos por nuestras primeras tardeadas de música de rock siempre en vivo y donde nos conocimos también de diferente forma y nos enamoramos… A ese, en mi laberinto de sueños, regresé

Pero y ¿dónde están los amigos que algún día lo fueron? ¿Y dónde está aquel gran amor de esos años?

Mi alma no ha envejecido. Vuelvo a aquellos días en que Roberto tocaba la guitarra eléctrica y cantaba sólo para mí, en una noche de fiesta llena de gente que baila y se divierte. Y casi al despertar de nuevo. Él viene hacia mí ya lo puedo ver y me toma entre sus brazos para decirme: Siempre te amé.

La respuesta esta en el viento.