¡NO SEAS IGUAL QUE TU MAMÁ!.- Celia Alvarado

¡NO SEAS IGUAL QUE TU MAMÁ!

Celia Alvarado

Para mi y mis hermanos fue una gran alegría que papá regresara a casa, sólo que siempre estaba peleando con mamá y, lo que fue bonito por su regreso, se convirtió en temor, en miedo. El escuchar cómo peleaban era terrible, gritaban demasiado, se ofendían con tanta crueldad, con palabras muy fuertes, era insoportable la relación, la convivencia era casi imposible. Para mi madre era muy difícil perdonar todo lo que papá le había hecho.

Cuando el mayor de mis hermanos tenía tan solo año y medio y el otro de seis meses de edad, muy pequeños en realidad ¡unos bebes!, mi padre se fue de casa con la ilusión de cumplir el sueño americano, “Los Estados Unidos”, la solución a todos sus problemas. Este sueño le duró doce años, tiempo en el cual durante los dos primeros hubo comunicación y él envió de un poco de dinero. Después, sin explicación alguna, se perdió todo el contacto, mi madre sabía de él porque mi abuela lo visitaba cada que podía y hasta vivió muy buen tiempo con él y con la otra familia que formó en ese lugar: “Los Ángeles, California”. En dicha relación procreó tres hijos, que hasta la fecha no conozco ni sé cómo se llaman, cosa que he evitado por que uno de mis hermanos sí los conoce pero le saco la vuelta al tema. Esta historia la sé por que mi madre cada que tiene oportunidad me la platica, tanto que a la fecha he perdido el número de veces que la he escuchado.

Cuando esto sucede se vuelve predecible: ¡ya sé palabra por palabra! Al decírmelas, advierto en su voz y acento cierto rencor porque no ha podido olvidar el engaño y la traición de mi padre y hasta el abandono en que por muchos años la dejó, mucho menos perdona (cosa que no admite cuando se le pregunta). Es por esto que tengo la teoría de que la mayoría de las mujeres que tienen problemas en su matrimonio, o en cualquier otro tramo de su vida, que suelen decir “te perdono pero no olvido”, en realidad es ilógico e inconcebible !que les pasa! Si perdonas es por que olvidas y si no, es que no perdonaste, nunca lo hiciste. Por supuesto que mi madre desearía desaparecerme del mapa cuando se lo digo. ¡Cómo me gustaría hacerle entender que toda la vida ha vivido con ese fantasma, que jamás la dejará ser completamente feliz.

Lo que mamá nunca le perdonó a mi padre, es que por cumplir su “sueño americano” se fue por “sólo seis meses” y esos meses se convirtieron en 12 años Toda una vida viviendo del coraje, del rencor o del dolor que le provocó la persona que la protegería y cuidaría hasta que la muerte los separara y, lo peor, dos seres inocentes e indefensos que todo ese tiempo crecieron sin el amor de padre, viendo a su mamá lavando ropa ajena para sacarlos adelante…Y que un día, de buenas a primeras, regrese buscando mujer e hijos ¡como si no hubiera pasado nada!

Siempre he pensado que yo, Mayela, me he forjado un carácter fuerte y soy una mujer independiente porque mi muñeca de trapo me dice !no seas igual que tú mamá! No cometas los mismos errores… Nunca me he explicado por qué después de tanto tiempo que la dejó mi padre, lo volvió a recibir y se volvió una mujer dependiente de él, sin saber cómo dar un paso sola.

Este carácter fuerte e independiente que he tenido y, que espero nunca cambiarlo, ha tenido sus consecuencias. ¿Como cuáles? ¡Eres la única mujer y la que hace lo que le pega la gana, cosa que no hacen tus hermanos! Cuando se trató de entrar a la preparatoria la respuesta fue un rotundo “no”. ¿Por qué? Las mujeres son para su casa… ¿Quién le va ayudar a tú mamá? Por lo que lloré, grité hasta que conseguí que mi papá dijera “estudias una carrera corta o nada”. Al escuchar esto, ni tarde ni perezosa acepté, entré a estudiar la carrera de secretaría ejecutiva, no me agradaba tanto, pero por lo menos me lo habían permitido.

Esto fue por parte de mis padres. Y por parte de mis tías maternas, ya que los paternos son más light y no se meten, los comentarios eran “Mayela no quiere a su mamá, anda todo el día fuera de la casa, hasta me llegaron a decir que parecía un hombrecito porque como estudiaba, no sabía de las labores del hogar y propias de la mujer”.

Llegó el momento de graduarme y de realizar el servicio social, el cual lo realicé para el gobierno municipal de Guadalajara, Jalisco, mi ciudad natal y al paso de un mes, me buscaron para que trabajara en ese mismo lugar. Aparece otro problema provocado porque en casa yo era la única mujer, ¿cómo iba a trabajar? Armándome de valor acepté, motivo por el cual mi padre no me dirigió la palabra durante un poco más de un mes. Gracias a ese coraje y valor, ahora tengo una carrera Universitaria, la cual logre con el fruto del trabajo como secretaria. Así, el panorama y los comentarios son muy diferentes, pues de alguna manera soy quien que más aporta económicamente al hogar y ahora comentan que soy “el orgullo de la familia”.

De mis hermanos, a pesar del apoyo que les brindaron, ninguno quiso estudiar nada, sólo terminaron la primaría.

Ahora puedo decir que me siento muy bien con lo que logré, sin importarme comentarios o regaños y sé que no ha sido en vano, y tengo la confianza de seguir adelante y lograr más cosas en mi carrera profesional y como persona.

Espero que mi historia ayude un poco para no dejarnos vencer por adversidades. Si nos lo proponemos podemos llegar a lograr nuestras metas. Esta noche, al apagar la luz, abrazaré en mis sueños a mi acicate y confidente, mi muñeca de trapo, como lo hago siempre.

ANGELIQUE LE BOURSIER.- Ana Jiménez.

ANGELIQUE LE BOURSIER

Ana Jiménez

¿Quién chupaba mi sangre, mi fuerza y mi energía? ¿Qué dejaba en mí cada vez que aparecía?

Me seducía y me llevaba a su mundo, me conocía muy bien, no sentía temor caminar en sus espinas, me enamoraba, sabía cómo hacerlo, no me halagaba, humedecía mi ser con sólo respirar cerca de mi. Me atrapó una noche con sus negras alas robando mi respiración para siempre, sus gemidos, sus sonidos me ataban, me llevó a su cueva con olor dulce amargo y me perdía en sus paredes escurridizas y rugosas. Respiro aún su olor de mandarina, qué deliciosos gajos probé de su fruto y recuerdo un escalofrío en mi cerebro. Me dejó también dos orificios en mi cuello y esa sensación de angustia, pues había chupado toda mi energía.

Qué delicia es dejarse llevar en un encuentro, pensaba yo cada vez que recordaba esa noche oscura.

Un día ya muy tarde, salí por mi balcón deseaba verle cada noche, cerrando mis ojos esperaba que apareciera detrás de mi. No siempre sucedía, pero qué delicia hacer lo que queremos con nuestra vida, permitirnos disfrutar lo que nos gusta y dejar a un lado esa parte oscura que no te deja avanzar por las falsas creencias que adoptamos y no nos dejan ser quien queremos ser. ¡Me gusta la seducción pues la disfruto. Me encanta y la vivo! Y qué importa si me dicen loca, qué importa… Y aunque muy dentro de nosotros sabemos qué es lo que queremos lograr, él chupa sangre que habita dentro de nosotros, esa voz que no deja que seamos honestos y que en plena tormenta no permite que veamos la luz. Es solamente una sombra y esta conmigo: Angelique le Boursier.

Muchas lunas y un eclipse pasé con ella, hasta que un día no llegó, no sabía qué pasó, qué pudo suceder si no había algún motivo que le hiciera irse y no volver. ¿Qué es lo que sucedía? No sabía.

Pasaron siete días ¡y nada! Ninguna señal, yo angustiada me hacía preguntas asumiendo qué pudo suceder, tal vez celosa de mi o ¿que pasó? No lo sé.

Un día por fin decidí ir en busca de ella. ¿En dónde encontrarle? Angelique le Boursier era extraña, misteriosa. Recordé que alguna vez me dijo: a las 11:11 PM voy en busca de mis víctimas.

Caminé y caminé para que esta vez no dejara en otro encuentro su secreto de juventud. ¿Una víctima más? ¿Por qué una más? Regresé sin encontrarle, sentía mucha ansiedad, me rendí, me dormí.

Esa misma noche apareció en mi casa, vio la luz encendida, se asomó y entre los cristales Angelique le Boursier me vio y no dijo nada. Quizá pensó que alguien estaba conmigo, era una almohada que abracé para no dormir sola, yo dormía profundamente. Angelique se fue…

En la madrugada me despertó el sonido de mí teléfono, era Angelique, no me permitió ni tan siquiera decir hola, sólo me dijo:

Te vi muy guapa, te embellece estar acompañada, qué suerte la mía el verte con alguien, sólo te pinté con el viento y te toqué sin tocar, sintiendo por dentro el estómago revuelto y mi cabeza a punto de estallar. Al verte con alguien desistí y salí inmediatamente de ahí. No quería escuchar el sonido de tu risa o, sin querer, ver cómo te hacía suya. Además estaba por amanecer y me volvería ceniza. Te recuerdo, soy una vampiresa y, no podía ver la luz de ese amanecer. Esta vez… ¿me marcharé para siempre, o de una vez me convierto en polvo?

Sentí y resistí a mis colmillos que se afilaban, era tanto el deseo por estar contigo que mejor me fui, esta vez mis alas serían polvo si me dejaba llevar por ese sentimiento. Este es el final de mi historia, decidí alejarme antes de que despertaras y con la luz de la mañana dejé que mi sombra se marchara para siempre y que sus alas no sean polvo, ni ceniza su alma.

-Angelique –le dije— espera.

-Calla –me dijo– esta vez no digas nada. Y continuó:

Corrí, volé, me alejé y no dejo de pensar en qué es lo que quiero. ¿Por qué mi alma muestra sus heridas? ¿Qué tengo que aprender de todo esto? Me preguntaba una y otra vez.

Dejaré y soltaré, seguiré por este oscuro camino que he elegido. Vivir en tinieblas, eso es lo que yo decidí.

Es realidad esta energía, es muy grande, su olor no me dejaba tranquila -me decía una y una vez más. Es como tener memorias pasadas y ya te conocía y sin decirte nada, solo te habló mi corazón. Tomaré lo mejor de ti para permitirme ver que fue un encuentro esta vez.

Es así como me alejé y entendí que no todo lo que quiero es lo que tengo que tener, el ir sembrando y verte florecer, no necesariamente eres para mí aun poniendo la semilla.

Angelique, le dije: no estaba con alguien, era mi almohada, ¿por qué te dejas llevar por la ira, porque no tocaste mi alma? Yo esperaba con ansia tu aliento, ven por mí esta vez, no dejes que tu coraje destruya esto, no juzgues sin saber la verdad ¡pregunta! No asumas a una verdad que solo esta en tu cabeza, no siempre lo que uno cree es lo que es, ven Angelique ven por mi.

-En luna llena –me dijo– espérame dos días.

El deseo se agudizaba para mi y en luna llena, como me dijo, apareció Angelique le Boursier en mi habitación.

Colocó una silla y me sentó. Aún no se que fue lo que paralizó mi ser. Ese día me dijo: Esta vez no será así. Hoy tus labios rojos y tu aroma de mujer me guiaran, resolverán cuantas preguntas que no tenían respuestas, no me resistiré a tus encantos, sólo quiero ver las manchas de tu piel que son mi debilidad, déjame sentir tus manos heladas en mi cráneo, déjame sentir tus movimientos, ver tu risa, tus labios de mariposa y contemplar tus ojos color miel que es lo que endulza y calma mi sed.

Yo solo me dejé guiar. Me tomó entre sus brazos, me anestesió con una dosis de locura y me dejó agotada desde los pies a la cabeza. Vi los mismos colores que veo cuando estoy en la cima, ese rojo que aparece y desvanece a rosa, acaricié su espalda, toqué su vientre, me durmió y esta vez no desapareció y en la mañana me abrazó y me dijo:

No volveré a resistir, es mejor arrepentirse de lo que hago y no de lo que no hago. Los días que desaparecí, me quería alejar de ti, busqué una estaca de madera y quería morir, tenía muchos amigos pero a la vez ninguno. Sentí y creí que todos estaban en contra de mí y era sólo yo quien me estaba martirizando con palabras que me dañaban. Era yo quien me dañaba, nadie más podía haberme hecho mas daño que yo, los pensamientos me atormentaban y era yo, sólo yo quien envenenaba mi cerebro y no quería vivir. Buscaba señales en los en letreros y un día entré a un templo. Me dije, lo primero que piense eso es lo que voy a hacer esa será mi señal. El sacerdote me vio y me dijo: Bienvenido, esta es tú casa, hoy mueres y las puertas del cielo te esperan. Y entonces dije, esa es la señal, desde hoy morirá la persona que no quiero ser, tengo que encontrarle el regalo a esta sombra y es por eso que regresé por ti, soy otra me siento diferente ¿quieres vivir en tinieblas conmigo? Quiero crecer contigo, te voy a regalar el secreto de mi juventud y a mis creencias falsas que me paralizaron, no volveré a darles poder. Tenemos muchos años luz, vivámoslos a nuestra manera y ayudando a quienes aún no encuentran el regalo en su sombra.

AISHA, 15 AÑOS DESPUÉS.- Irasema Ramírez Infante

AISHA, 15 AÑOS DESPUÉS

Irasema Ramírez Infante

El borde de la locura no es más que una fina línea que divide lo real de la fantasía, pero ¿quién no desea vivir en ese instante de felicidad?, ¿quién no rompería este delgado límite, por tan solo vivir una vez más aquello que guardamos en nuestros corazones con tanto recelo de no perderlo nunca en el camino de la vida?

Han pasado ya 15 años desde mi último suspiro de lucidez, con el tiempo mis padres han dejado de venir y estoy a punto de darme de alta, pero ¿qué me depara el destino?, ¿en realidad ya soy lo suficientemente capaz, como para salir? En realidad, caminaré por un mundo que hace tanto que no veo, qué tristeza es saber que con el paso de los años, mis bosques encantados, mis lugares mágicos desaparecieron y ahora a los 33 años me presentarán el mundo cruel al que pertenezco. Me darán de alta esta misma tarde…

Camino por los pasillos amarillentos de la clínica, hacia la salida, todo pareciera ser un sueño, tantas paredes oscuras quedarán atrás ¡mis brazos son libres! Al llegar a la entrada, un olor impresionante quebró a mi nariz, haciéndome estornudar incontrolablemente, es muy vago el recuerdo de ese olor, así que volteé hacia la calle y era un camión bastante viejo, que echaba humo por todas partes, di un paso adelante y el viento tocó mi mejilla, vaya esa sensación de que mi pelo vuele con el aire, parecía recorrerme todo el cuerpo como cuando fui pequeña. Vi diferente la luz del sol, los edificios estaban muy descuidados, por la calle pasaban carros incesantes, uno tras de otro, estaba tan maravillada de sentirme libre, que pedí a mi madre –quien me había recogido en la clínica– que fuéramos a casa caminando. Ella me vio fijamente a los ojos, como dudando de que tan cuerda estuviera. Caminamos en silencio por la acera y entonces comenzó la plática:

-¿Cómo te sientes?

- Bien, sólo que quisiera saber la verdadera razón por la que estuve ahí por tantos años, me cuesta tanto recordar, yo recuerdo que me gustaban los días fríos como hoy, recuerdo lo que pensaba y lo que me dolía, incluso puedo recordar que quería morir, pero ¿qué pasó? ¿por qué me trajiste hasta este lugar donde no crecí como cualquier otra niña, qué es lo que hacía?

-¿Qué crees que sea mejor para ti?, recordar un dolor intenso y tormentoso, o simplemente no recordar nada, yo preferiría que no lo recordaras…

- Está bien.

Caminamos otro par de cuadras, y ahí estaba esa casa, sentí como se heló mi cuerpo, los recuerdos vinieron a mí y me entró un pánico impresionante, las manos me sudaban y seguramente me puse pálida. Mis pasos eran temerosos e imprecisos, aunque no reconocí algunas partes de la casa, sabía que era ahí donde había crecido parte de mi vida, la pintura estaba cuarteada y descuidada. Entonces fue cuando vi salir a una chica de la puerta, tan linda, su piel era pálida y opaca, sus labios tenían la forma perfecta, rojos, tan intensos que su sonrisa era la mas hermosa, no la reconocí hasta que me llamó hermana, qué interesante apenas ella tendría exactamente unos 16 años, ya casi no la reconocía, ¡no podía creerlo!, me recibió con recelo, aunque no parecía odiarme.

Me mostraron mi habitación estaba en el último piso de la casa y era una casa para mi sola, estaba completamente equipada como para que yo no tuviera que entrar en la casa de abajo. Estaba pintada de colores muy tenues y tenía muebles pequeños y rústicos, entonces me asomé por la ventana, estaba ahí una cara conocida, pero no la distinguía bien, me sonreía profundamente como si me hubiera esperado toda una vida. Bajé con la curiosidad de saber quién me veía desde la calle y cuando llegué a la puerta lo vi. Los años no habían escondido ese rostro, de mi mejor y único amigo, aquel que siempre me había cuidado y defendido, entonces me vio y rápidamente corrió hacia a mi, me tomó por la cintura y comenzó a sonreír y llorar diciendo el gusto le daba verme. En realidad yo sentía lo mismo pero no encontraba la forma de expresárselo con esa euforia que el me mostraba. Siempre fue mi amor imposible, el hombre más maravilloso de todos que, con todo lo distinta que era, siempre me había cuidado y acompañado a donde yo quisiera. Entonces, por fin le pregunté:

-¿Por qué nunca me visitaste?, eras lo único que me hacía sonreír en aquella época.

Su rostro se ensombreció y contesto muy quedito:

-Fui muchas veces, sólo que nunca me reconociste, decías que no conocías a nadie, que te dejaran en paz, y aparte tu madre me lo prohibió rotundamente. Me dijo que no era nada tuyo para irte a visitar, que me buscara a alguien normal, pero véme, he estudiado por ti y para ti, esperando pasen cada segundo de estos 15 año, para volverte a ver, y abrazarte con tantas fuerzas, decirte lo que nunca tuve el valor de decir, que te amo, para comprarte la flor mas hermosa del mundo y leerte los versos mas románticos. Mira te traje una carta.

AISHA: He esperado tantos años que ya no recuerdo, cuándo fue el último día que te vi, no recuerdo por qué te fuiste, pero en estos años he esperado tu regreso, día con día, segundo con segundo y escribiendo versos y mas versos para que nunca me falte algo con que conquistarte y hacerte volar a lo más alto que hayas conocido.

Déjame cuidarte cada día, déjame abrazarte cada instante de tu existencia, déjame besar esos labios carmesí que me vuelven loco. Déjame ser tan solo tu suspiro…
Atte. Tpdcdh

Al terminar de leerla, mi corazón palpitaba rápidamente y no podía detenerse. Decidí acercarme a él tanto, que mis manos sudaban, tenía miedo y los recuerdos comenzaron a pasar por mi mente, tenía miedo de que me hiciera algo, pero cuando mis labios rosaron los suyos, un cosquilleo en mi estómago se hizo intenso llenándome de una paz absoluta, deseaba que jamás acabar aquel abrazo, que no se despegara de mi, pero fue inútil, mi atolondrada madre llegó corriendo histérica de la sorpresa, diciéndome que no tenía permiso de salir con nadie. Lo mire y supe que por amor, él me visitaría cuantas veces fuese necesario.

Todos los días subía por un árbol gigantesco que había junto a mi casa, para entrar sigilosamente por mi ventana. Platicaba conmigo, me escuchaba cuanto le contaba, sobre todo lo que había pasado y a momentos el deseo nos inundaba y nos besábamos. El, ante todo, me respetaba a mi y a mis limites infinitamente, por nada del mundo deseaba que yo le tuviera miedo, pero con el paso de los días, sus manos se quedaban exactamente en el mismo lugar y yo me sentía con ganas de que me abrazara. Cierta vez tomé su mano y la puse en mi pecho, su cara de sorpresa fue enorme y se fue desvaneciendo a mis besos.

Cada mañana dejaba una rosa frente a mi puerta, yo me imaginaba cada día más cerca del altar jurando amor eterno, me trataba como a una princesa de cuento. Yo ya imaginaba mi largo vestido blanco, dibujando la forma de mi cuerpo, en la puerta del templo, aspirando ese olor húmedo, sintiendo ese frío que dan los techos altos, el olor a merengue del enorme pastel y el latir de mi corazón saltando de felicidad por tenerlo para siempre. Imaginaba la misa, he incluso añoraba estar embarazada de él. Pasaron los meses rápidamente y él me pidió que viviéramos juntos, ni siquiera lo pensé sólo fue un sí. El adoraba todo lo que yo hacía, acepté rápidamente, era como vivir el sueño de mi vida. Al poco tiempo, había quedado embarazada y nos casaríamos en un par de meses, todo estaba listo el vestido la fiesta, todo. Y simplemente un día el destino me lo arrebato. La vida es un juego interesante, descubrí que dos segundos son esenciales para la vida, dos segundos, el momento equivocado y el lugar equivocado, le hicieron caer ante una bala perdida, dejando su cuerpo totalmente inerte. Mi bebé, mi vida, mis sueños tan sólo desaparecieron como una cortina de humo.

Ahora soñaré y únicamente en mi imaginación tendré sus besos, sus caricias, su voz y mi vida entera. Gracias a eso, ahora estoy en la misma habitación donde empecé, sólo que ahora vivo de mis recuerdos.

EL GRAN SALTO.- Syd Angliat

EL GRAN SALTO

Syd Angliat

Me felicito y me reconozco.

Hoy aquí en la cima de la Torre Eiffel, después de una revolución en mi vida, puedo decir que me siento feliz y satisfecha, creo que cada una de las decisiones que he tomado me han hecho lo que soy hoy.

¿Quién lo iba a pensar después de ser esa chica sumisa e insegura, que por miedo no ponía límites, no decía que no y mucho menos se atrevía a pedir lo que deseaba? Hoy acabo de escalar uno de los íconos de París, mi sueño de antaño: el de visitar la Ciudad Luz y vagar por sus calles sin preocupación alguna, reconociendo en su gente a un ser humano igual a mi y maravillándome con las obras de arte del Louvre, se ha visto superado, pues no solo lo he recorrido París y Francia toda, catando sus famosos vinos y visitando desde sus chocolaterías hasta sus tiendas de marcas famosas, sino que aunado a ello he podido practicar la escalada en ese monumento que años atrás tenía sólo el deseo de visitar –aunque no me suba decía- a quien me viera.

Muy a mis adentros, con una multitud allá abajo vitoreándome, me felicito por mis logros y me hablo con orgullo, preguntándome ¿ahora qué sigue? Ya te tienes a ti misma y de pilón a tu pareja ideal, unos hijos maravillosos con quienes trabajas hombro a hombro por un mundo como el que desean.

Hace tiempo cuando no volteaba ni alzaba la mirada, ni siquiera era posible tener sueños, me veo en el pasado y agradezco a Dios, a mi familia y mis amigos, sobre todo a esos amigos que cuando me encontraba al borde de un precipicio infranqueable (según yo) me ayudaron a cruzar al otro lado a encontrarme con ellos a un nuevo mundo, un mundo por el cual trabajo hoy.

Recorro el mundo mostrando a quien lo desea las maravillas que hay en él, no sólo en paisajes y recursos naturales que aún quedan, sino las de su gente, su cultura, su sociedad, los esfuerzos que cada quien desde su trinchera realiza por salvar este hermoso planeta, en donde yo sueño envejecer.

Me gusta reciclar y también por ello administro una empresa que se dedica al reciclado, no sólo de empaques y materiales, sino hasta de ideas, a veces pienso que Vincen´t se queda corto ¡bueno en sus inicios! La asociación civil con la que participo, también se dedica a prevenir la producción de emisiones contaminantes y materiales que destruyen la Tierra, nunca pensé que iniciaría este viaje por la motivación de mis chiquillos. Mi hijo mayor tan preocupado siempre por el cuidado del planeta, recuerdo que desde pequeño cuando se iba de campamento me decía ¡Mamá lo que más me gusta hacer es limpiar el río y caminar por el monte y disfrutarlo!

¡Ma! separemos la basura, ahora vamos con mi escuela a reforestar el cerro de aquí cerca. Hace muchos años, cuando tenía como ocho años me dijo ¡ya no pongamos árbol de navidad natural! ¡Ma ya no cortemos árboles! Yo requeriré de su oxigeno mañana! Esas palabras quedaron grabadas en mi alma y el pequeño con el ejemplo del mayor también se preocupó por el planeta pero desde otra trinchera: el cuidado de la fauna. Siempre preocupado, recuerdo que cuando quería acabar con los ratones que osaban entrar en mi casa él me decía ¡No mamá! ¡No lo mates deja lo llevo afuera a su casita! Qué tiempos aquellos y que tiempos estos.

Aún recuerdo cuando ya me tomaba mis propias decisiones y me hacía cargo de mi vida. Una de mis principales preocupaciones era no estar todo el tiempo con mis hijos, me angustiaba mucho ¿qué sería de ellos?, ¿qué aprenderían y qué no?, ¿cómo se formarían?, y una laaaaarga lista de y ¿si . . .? hasta que un día entendí que mis miedos no eran los de ellos y que tienen la capacidad de crecer seguros y que podía organizar un plan para desarrollar en ellos los valores, habilidades y principios, además de las herramientas que creo necesarias para ser adultos seguros y felices. Ese plan me ayudó tanto, me ayudo a mantener la calma, a proporcionarles la educación que pienso es la mejor para ellos y guiarlos en su camino y definir y continuar el mío en compañía de los que amo.
Increíble lo que cambiamos en un abrir y un cerrar de ojos, y después de esta reflexión es hora de bajar, tomo un gran impulso, me suelto, abro mi paracaídas y planeo hasta llegar a tierra.

¡Bendita Tierra y todos los que están en ella!

CASI AMAZÓNICA.- Ángel Guerrero

CASI AMAZÓNICA

Ángel Guerrero

Comienza a amanecer, mi cuerpo siente la brisa matinal que entra acariciándome por la ventana y se desvanecen las imágenes de mi sueño. Trato de recapitular qué fue lo que me hizo sentir tan feliz, pero sólo logro recordar pasajes cortos y sin coherencia.

Se activa la alarma del despertador, escucho la voz mecánica y vacía de mi único compañero, mi ordenador: “son las seis de la mañana, la agenda del día de hoy: 11:00 a.m. vuelo a Boston; 2:00 p.m. Reservación en el hotel The Lenox en Boston, 6:00 p.m. cita con el estilista y a las 20:00 hrs. Graduación de Moni en Harvard”.

Me levanto aún con la sensación de no saber si es parte del sueño o si es la realidad, lavo mi cara, me pongo un short y una playera; camino hacia el anexo de mi habitación donde está ubicado mi gimnasio. Me coloco el monitor que por mis signos vitales determina la intensidad de mi entrenamiento. Hace años que entreno para maratones, me gusta concentrarme en escuchar los latidos de mi corazón, imagino mientras corro, cómo la sangre va fluyendo por todo mi cuerpo, siento cómo mis músculos se contraen. Esa sensación es lo que hace la diferencia entre estar viva y sentirme viva.

Termino mi entrenamiento y entro a la ducha, los detectores en la pared obtienen la temperatura de mi cuerpo, se mezcla el agua y en forma de lluvia mi cuerpo recibe la mejor de las sensaciones, la del agua, el vital líquido ahora tan escaso. Recuerdo cuanto escuché las campañas de cuidarla y el poco caso que hicimos, ahora vivimos las consecuencias fatales de no haber tenido conciencia. El baño no puede durar más de un minuto, salgo y los ventiladores secan mi cuerpo. Camino hacia el armario y mi reloj de pulso detecta mi estado de ánimo, nunca dejará de sorprenderme, sin fallar cada día, sabe cómo me siento y qué colores debo usar. Desde hace muchos meses no había leído en mi reloj “ánimo óptimo”. Era de esperarse el día de hoy mi hija mayor se gradúa de la universidad. Elijo la ropa que usaré, la empaco en mi maleta y me alisto para estar a tiempo para tomar el vuelo.

Antes de salir de casa programo el control maestro hasta la fecha en que volveré a casa, subo a mi auto deportivo y activo con mi huella el encendido del motor.

En la sala de espera del aeropuerto, uso mis lentes de realidad virtual. Disfruto tanto esta tecnología, hoy decidí cargar en la memoria los mejores momentos que pase al lado de mi hija. Sólo debo colocarlos, ajustar los audífonos, elegir el track y oprimir play para regresar al pasado. Y entonces la veo, estoy detrás de la puerta de la guardería, viene brincando y agita sus manitas para saludarme, emprende una carrera con la esperanza de ya no esperar un segundo más para estar en mis brazos, se despide de sus amigos y siento sus bracitos en mi cuello. Voy caminando a casa y escucho su vocecita entonar las canciones que aprendió. Después la veo bailando hawaiano, esta tan concentrada en los movimientos de su cuerpo y en no fallarle a su equipo, ya comienza a dar señales de que pronto dejara de ser una niña, escucho los aplausos y veo como se acerca a mí y al oído me dice: ¡Mami te amo!

De forma brusca se interrumpe mi realidad virtual, al escuchar el aviso de abordar el avión. Los aeropuertos han tenido que diseñar avisos vibratorios, ya que la mayoría de las personas siempre están acompañadas de esta tecnología, ausentes de la realidad, porque todos nos hemos vuelto adictos a escaparnos, a sólo reproducir los momentos felices de nuestra vida y de esa única forma sobrevivir a un mundo que nos ha enseñado a ser solitarios.

Recordé sin querer, cuando hablaba con algún extraño mientras esperaba o cuando sólo observaba las caras de las personas, disfrutaba mucho recrear las historias que por sus expresiones yo deducía. Me gustaba adivinar si eran felices o solo estaban conformes. Pero nos dejamos llevar por la tecnología, que al parecer su único objetivo era volvernos antisociales y débiles ante la realidad.

Abordo el avión, en menos de 20 minutos estaré al lado de mi hija, lo cual me llena el alma de gozo, he luchado tanto para que ella encuentre la felicidad auténtica y este es uno de los momentos que representa un paso en esa búsqueda.

He sido parte de la generación de mujeres a quienes nos tocó abrir camino, nos tocó ser punta de lanza. Nací a finales del 70, la sexta hija de una familia convencional de clase media. Mi madre vivía para atender su casa, sin importar traiciones, escasez y abusos, ella sentía que no tenía opciones y aceptaba su destino sin rebeldía. Su padre le negó la posibilidad de estudiar con el argumento de que a ella la iban a mantener y el dinero era para pagar los estudios de los hombres. Y mi abuela no podía decir otra cosa que no fuera: “lo que digas Juan”, sin importar lo que ella quería, solo era parte del servicio de la casa y la única que brindaba amor después de las golpizas que el padre le daba a sus hijos.

En el siglo XX las mujeres comenzamos una lucha feroz para lograr que se nos reconociera la capacidad intelectual, la libertad de elegir sobre nuestro cuerpo y el poder de competencia con los hombres en puestos de liderazgo en el ámbito social, político y laboral. Desgraciadamente como en todo, los abusos llevaron a un movimiento feminista exagerado, casi amazónico, en donde el hombre en lugar de complemento era el enemigo. El resentimiento de muchas generaciones llevo a los extremos esta liberación, cayendo en lo absurdo y trayendo como consecuencia la transformación del valor más importante en la sociedad: “la familia”, ahora son matriarcados absolutos y en su gran mayoría mujeres solas al frente.

En carne viva sufrí el machismo, los hombres de mi generación habían crecido en senos familiares patriarcados; crecieron con la ilusión de poder subordinar a una mujer a sus decisiones y se encontraron con una generación que había comenzado la evolución. Sin tener el antecedente de cómo controlar esta situación, dejaron de luchar y en consecuencia, en lugar de hombre de la casa tomaron el lugar del hijo mayor. Una generación de hombres temerosos, confundidos y asustados por la feroz competencia que representaban las mujeres.

Mi generación de amigas, el 80% está sola, el 15% no le importa mantener a su esposo y el 5% mantienen una relación aceptable.

Siempre me visualicé como una guerrera, abriendo el camino para las nuevas generaciones, conquistando derechos, educando con nuevos valores, aceptando el rol que por naturaleza me tocó desempeñar y aprendiendo a ser feliz en esta misión.

El avión anuncia el aterrizaje, siento como la adrenalina comienza a fluir por todo mi cuerpo. Estoy a cinco minutos de ver a mi hija Moni y eso me hace muy feliz. Ella es el motor de todos mis proyectos y el prototipo de mujer que me permite ir viendo los avances de mi lucha.

¿POR QUÉ LOS HOMBRES ANDAN TAN NECESITADOS DE AMOR? .- Marilia Villarreal Garza


¿POR QUÉ LOS HOMBRES ANDAN TAN NECESITADOS DE AMOR?

Marilia Villarreal Garza

A lo largo y ancho de mi vida he conocido y amado a infinidad de hombres. Y claro es algo natural debido a que orgullosamente tengo 50 años de vivir.

Nunca hasta hace unos días había pasado por mi mente la pregunta con la que he dado titulo a este escrito, ¿por qué los hombres de todas las edades y características físicas andan tan necesitados de amor, de atención, de mimos, de caricias, de abrazos? No son preguntas hechas al azar, son preguntas que me hago y que he compartido con algunas amigas últimamente y en las cuales coincidimos.

Estuve casada durante 23 años, aunque me separé algo antes y por obvias razones durante este periodo, no había experimentado (más que en mi propia pareja) esa sensación de falta de “algo” en él.

Siempre he sido muy “enamoradiza” como lo aseverarían mis abuelas y mi madre, mis amigas, compañeras de escuela, de viaje, hermanos y cuanta gente ha podido conocerme un poquito o muy a fondo y, por tal motivo, he tenido la enorme oportunidad de conocer al sexo opuesto en muchas de las facetas que a veces me sorprenden, otras me enojan, otras me vuelven loca, otras simplemente me repelen y en múltiples ocasiones no logro entender.

¿Libros? Todos o, bueno para no exagerar, muchísimos he leído con este tema de la eterna guerra entre sexos o sobre cómo entenderlos a ellos, cómo hacerle para poder encontrar ese “príncipe azul” que desde pequeña idealicé y que hasta el día de hoy nada más no aparece más que en mis sueños guajiros.
Que si las mujeres somos de Júpiter y los hombres de Marte, que si porque los hombres no se comprometen, que si muchas de nosotras las damas tenemos el síndrome de “Amar demasiado”…

Finalmente anoche regresando de platicar con un entrañable amigo de mas de 60 años, casado con su mujer desde hace 45, caí en la cuenta que realmente los hombres andan en busca de acariciar, de besar, de hacer el amor , de tocar, de palpar, de mirar a los ojos y que los miren dentro con coquetería e interés. Mi amigo me lo dijo así sin tapujos: tu mirada es peligrosa, estar contigo causa emoción y puso su mano sobre la mía buscando algo más en mi que nuestra “simple” amistad. Ambos tomábamos una bebida refrescante en un bar acogedor con ventanales hermosos donde admirábamos la lluvia que mojaba la ciudad repentinamente.

El momento fue agradable hasta podría decirse que ¿romántico? Pero yo no pretendía ningún tipo de acercamiento físico sino sólo el disfrute de un amigo -tal cual— así como amo conocer hombres y hablar con ellos sin ningún enfoque sexual, cosa que cada vez resulta más difícil de encontrar pues no se si por mi edad todos piensan que tendrán alguna experiencia sensorial conmigo que va desde tocar la mano, la pierna, besar, abrazar, o echarse sobre mi intempestivamente. A lo que me defiendo a capa y espada.

Llegando a mi cama casi no pude conciliar el sueño, pues una y otra vez venían a mi mente estos pensamientos que ahora plasmo aquí ¿ por qué los hombres son así? ¿Tendremos como mujeres, madres, esposas, hijas, parejas, amigas, amantes algo que ver con este comportamiento?

Desde niña he sido acosada por los hombres, si no era el tío que me cantaba canciones de amor a los cuatro años, era su amigo que me llevaba a caminar por la playa tocando mis pechos diminutos, algo incomprensible para mi aunque molesto indudablemente, tanto así que aún lo recuerdo con estupor; y si no, era mi primo que buscaba mi cuerpo dormida bajo las sábanas para llegar a tocar esa parte de mi donde el sentía placer que diría yo, a los máximo 6 años. Y ya más grande, cualquier hombre que me viera caminar en la calle con sus chiflidos que obviamente halagaban, o aquel cretino albañil que se bajaba el cierre de la bragueta frente a mis ojos asustados. ¿Qué tal ese primer novio mío con el que perdí mi virginidad a los 14 años en el sótano del gimnasio donde él daba clases y donde me enamoró prometiéndome amor eterno? Tenía 29 años y era casado. Fue el primer hombre casado que me engaño, diciéndome que era soltero y aún ahora a mis 50 años sigo pasando ese tipo de experiencias y lo más sorprendente es que todavía les creo… !Qué ingenua! dicen mis amigos.

Pudiera hablar de mis muchas experiencias de este mismo tipo con los hombres, pero a lo que voy con todo este relato, es a la reflexión que hice ayer en cuanto a la responsabilidad que pude haber tenido yo como mujer, hija , hermana, madre , esposa y amante, en todo esto.

¿No he sabido amar sanamente en mis relaciones con el sexo opuesto, será que he aprendido mal desde el principio o que nadie me lo explicó, he juzgado mal, no he dicho las cosas por miedo, no he defendido mi punto de vista o mi libertad como mujer, he apoyado que se me de un trato diferente, he sido demasiado coqueta o sexy, he engañado, no he educado igual a mi hijo que a mi hija? ¿No le he dado el suficiente amor a mi pareja o ex pareja? ¿No he hablado con la verdad, no me he comprometido lo suficiente o, todo lo anterior lo he hecho con exceso?

De lo que si estoy segura, es que hoy me he dado cuenta que algo pasa con los hombres, hoy que soy libre, que no tengo pareja, que ando por la calle a mis 50 años conociendo hombres de 18 hasta 90 y encuentro que todos tienen algo en común y es falta de afecto, falta de cariño, falta de abrazos, falta de besos amorosos, falta de ternura contenida y la constante de todos ellos de quejarse de la “súper mujer “ que todo lo resuelve, que a todo se adelanta, que tiene todo tan controlado, la casa limpia y ordenada, para la que los hijos y los nietos son lo primero.

A mi todo lo anterior me parecería que es lo indicado, pero parece que no es así, que no coincidimos hombres con mujeres; parece que algo estamos haciendo mal, no sólo nosotras obviamente, pero en muchos de los casos es así, me parece que hay una enorme falta de comunicación y que es justamente ahí donde podríamos empezar a trabajar.

AL RITMO DE OTRO DANZÓN.- Vanessa Ánimas


AL RITMO DE OTRO DANZÓN

Vanessa Ánimas 

Lejos quedaron mis seis años de edad y el día en que Aurora y Arturo se reencontraron.

Ahora han transcurrido los años desde que las lágrimas rodaron al ritmo del Danzón Si Juárez No Hubiera Muerto y un sí, incondicional, se llevó a Aurora de regreso a Zimapán, Hidalgo.

Zimapán se localiza a 144 km de Pachuca y es conocido por sus minas y las historias de adentro y afuera de ellas. Zimapán significa “Sobre el cimate o entre el cimate”, una raíz usada para provocar la fermentación del pulque,

Como goza de un cilma templado la mayor parte del tiempo, Aurora desempolvó los vestidos ligeros, volvió a usar sandalias y a lucir esas bellísimas pantorrillas redondas y gruesas que a mi me impresionaban de niña y que afortunadamente heredé.

Aurorita no dejó nunca el tinte color caoba. Afortunadamente Lolita, la dueña de la estética más cercana a su casa, las conseguía. En una población de tan sólo 35 mil habitantes y después de haber vivido 50 años en la capital de la República, era un lujo que Aurora no estaba dispuesta a perder, menos ahora que el ritual había cambiado y se había convertido en “danza delicada” ante los ojos de su eterno enamorado.

Se pellizcaba las mejillas antes de irse a la cama y se apretaba los labios para no verse “tan diferente” y daba un cepillado a toda su cabellera, para asegurarse de que no hubiera nudos cuando Arturo le acariciara el cabello. Tenía con ella su crema Nivea para no tener los tobillos y los codos secos, su lima de pies para mantenerlos eternamente hermosos y sus inseparables lápiz labial y lápiz de cejas café.

En los sueños de Aurora se invitaron solos los recuerdos mezclados con la nueva “edad” de ambos. Una noche de vértigo causado por un coágulo mínimo que fue a dar al cerebro, Aurora soñó que siendo niña iba dentro del barril donde le gustaba meterse para que la aventaran a rodar por el llano y salir mareada, dejarse caer y ver el cielo moverse como si fueran niños en ronda a su alrededor.

Otro día que la vecina le llamaba muy temprano para convidarle pan dulce casero recién hecho, ella soñaba en el día que su hermana menor Raquel, se cayó a una pileta con agua y llamaron a Aurora que jugaba a las escondidas… “Aurora, Aurora, se ahoga Raquel…” desde su escondite salía la orden… “Sáquenla que todavía no me encuentran”. De ahí que a mi tía abuela la conocimos como Ratona, porque todos decían que parecía ratón mojado cuando la sacaron de la pileta con su vestidito escurrido pero feliz de haber rescatado su muñeca consentida.

Aurora y sus cuatro hermanos quedaron huérfanos al morir Emma a sus 34 años, víctima de una infección respiratoria que terminó en una fatal neumonía.

Arturo tenía una historia diferente. Para comenzar tenía cinco años menos que Aurora, así que cuando ella tenía 12 años era un enigma para el pequeño Arturo y cuando ella tuvo 15, él ya tenía 10 para darse cuenta de que no podía quitarle los ojos de encima al pasar frente a la Panadería Zimapán, propiedad del padre de Arturo y donde se entretenía en las tardes al salir de la escuela, o donde se refugiaba para ver desde las repisas de pan de chochitos y ojo de buey a Aurora jugar y jugar, en esa amalgama entre niña y adolecente que le provocaba interés y lo dejaba mudo al entrar y preguntar ¿Ya esta el bolillo Don Germán? Arturo corría detrás del mostrador y Aurora reía pensando que el niño tenía miedo, y no que en las venas del joven Arturo corría adrenalina pura.

Arturo, al igual que muchos jóvenes de aquel poblado, decidió estudiar y vivir en el Distrito Federal y supo esporádicamente sobre la vida de Aurora durante años, viendo algunas fotos con los amigos del pueblo y pensando en las tardes en la panadería. La veía en las fotos con esa cintura diminuta, la ceja altiva y el peinado clásico de la época.

Aurora por su parte también sabía de él, pero se mostró discreta en comentarios y expresiones ante la celosa mirada del abuelo quien luego preguntaba “Y tú conocías al tal Arturo”, a lo que mi abuela contestaba “Vecinillo del pueblo, no jugaba con nosotros porque su papá lo cuidaba mucho” y por dentro comenzó a entender el por qué de los nervios de ese chiquillo al verla y se sentía contenta, halagada.

El se casó con una compañera de la escuela donde se recibió de Contador, tuvo cuatro hijos y siete nietos. Se divorció y al poco tiempo recibió la invitación de la comadre María José para reunir a los amigos de Zimapán. Fue ese día cuando al escuchar el nombre y la risa de Aurora apagó el cigarrillo a medio fumar, sintió la adrenalina por el cuerpo, un nervio que le recorría hasta dejar la guayabera sin arrugas, se revisó a si mismo de arriba a abajo, se buscó en el reflejo del vidrio de la vitrina, se arregló el cabello perfectamente envaselinado hacia atrás y dejo la cuba “pintadita” a medio tomar en una mesa, se peinó con las manos las cejas y sumió el estómago.

Al voltear lo sorprendieron esas pestañas enormes dando un guiño que lo regresó a su infancia. Pero esta vez no corrió, esta vez estiró la mano para iniciar el Danzón.

Han pasado veladas, reuniones con viejos conocidos. Algunos recibieron a la “nueva” pareja con gestos de desconcierto, ya que no van de acuerdo a las leyes de Dios. Habrá que recordar que es un pueblo muy católico donde una pareja de divorciados en edad adulta no siempre es bien recibida. Otras reuniones están llenas de buenos recuerdos, de curiosidad y su dosis de noticias trágicas o fantasmagóricas sobre las minas de Nuestra Señora, Bonanza y Espíritu Santo, entre otras.

Las fiestas han sido engalanadas por el Danzón y la música de sus principales exponentes como Pedro y María Elena “Los abuelos”, Velia Caro y Luis Peña, Félix Rentería, Laura Calderón, Miguel Angel y Alicia, Freddy Salazar, Miguel Zamudi. Y claro, también ha habido Mambo, Cha-Cha-Cha y Salsa, junto con la música de banda

Han habido viajes a Veracruz y Acapulco, todos ellos llenos de tardes con los pies en la arena, cuba en mano o café en la noche bajo la luz de las estrellas y uno que otro connato de pleito por aquellas mujeres “jóvenes” que miran a Arturo.

Las tardes han estado llenas de Pollo a la Naranja, Chicharrón en Salsa Verde, Mole con Pollo, Picadillo con Verduras, Calabacitas a la Crema, Carne de Puerco con Verdolagas y todos los guisos que Aurora aprendió durante los años y rematando con un café de olla que se fue convirtiendo en tés para los diferentes malestares propios de la edad.

Es ahora que Aurora y Arturo tejen una nueva historia. “Aurorita siempre ha sido un roble” decían los hijos de los amigos que ya habían fallecido, con un velo de nostalgia deseando que sus padres hubiesen vivido tanto y llegado a su vejez sin artritis, con su cabello íntegro, por supuesto pintado de caoba aunque ahora más corto y con una sordera que oculta con sonrisas y un “sí cómo no” para todo lo que no alcanza a escuchar.

Arturo conservó su cabello, pero ya no lo peina con vaselina porque es tan blanco su pelo que sus hijos insisten en mantenerlo “cortito” para que se vea su cabeza como “cabecita de algodón” sin respeto a su voluntad como si la edad fuera una autorización para que tomen decisiones sobre él… “No papá, ya no puedes usar esas camisas porque hay que cubrirte el pecho, ponte este suéter… No papá, no puedes tomar café, te dijo el médico que hay que cuidar tu estómago… No papito, no puedes comer el chicharrón que te guisó Aurorita, te puede hacer daño ya a tu edad…” Así cada visita que termina es festejada por Aurora y Arturo entre miradas y risas cuando los hijos se aproximan a la puerta con sus mil indicaciones médicas.

Aurorita ha vencido los “cuidados” de sus hijas y diplomáticamente las ha regresado a casa a cuidar ahora a sus propios nietos, a decirles enérgicamente “No quiero… gracias, déjalo ahí y yo veo si me lo tomo” en cada “tómate esto, haz lo otro” y aprovechando su sordera para apagar el aparato auditivo y hacer caso omiso.

Han vencido a la influenza que rebota y rebota cada año desde el 2009 cuando emergió en el mes de Abril como una pandemia mundial. Han estado al margen de la pobreza en varias ocasiones, cuando Aurora ha estirado el dinero que Arturo recibe de su jubilación, preparando unos deliciosos frijoles de olla con epazote y un arroz blanco que acompañado de su famosa salsa verde molcajeteada salvan hasta las peores tardes.

Vencieron los cambios generados por cada Presidente Municipal que hoy ayudan a las personas de la tercera edad y mañana ya no. Han sobrevivido a los diagnósticos, medicamentos y hospitalizaciones en el IMSS entre operaciones de vesícula, piedras en los riñones, úlceras gástricas, pérdida parcial del oído y hasta el herpes sostes que atacó a mi abuela en 2011 y que la mantuvo en dolor durante dos años porque el herpes se ubicó en la piel de las lumbares haciendo de cada día y cada noche un tormento que solo se veía aliviado por el “Buenos Días Mi Reina” de Arturo, quien la veía con el deseo de quitarle la enfermedad y tenerla él.

Pero sobre todo, vencieron sus propios prejuicios, sus propios miedos, el temor al ridículo, sus problemas y enojos que no fueron pocos, su miedo a envejecer, al castigo y crítica de los hijos y de los seres queridos que no comprendían su relación.

Ninguno de los dos leyó libros de autoayuda, jamás se enteraron que podían tener un fondo de inversión o que podían haber guardado las células de su cordón umbilical y nunca entendieron a las nuevas tribus urbanas.

Afortunadamente la modernidad no pudo con su edad, con sus ganas y con su sencillez.

Saben lo que esta por venir, pero más que eso, están felices por lo que ya vivieron.